Antonio Illán Illán - Crítica

Miguel de Molina, ¡la libertad!

La obra es mucho más que un musical. Es la reivindicación de una figura artística y humana de una gran talla

Antonio Illán Illán
TOLEDOActualizado:

¡Miguel de Molina ha resucitado! Ángel Ruiz con su dramaturgia y su interpretación lo han hecho posible.

Miguel de Molina, nacido en Málaga en 1908, llevaba el arte en la sangre y en el alma y con el arte transitó de la miseria al éxito, del éxito a libertad de pensamiento, de palabra, de hechos y de manera de ser, y de la libertad al exilio, tras prohibirle subir a un escenario. Homosexual, con amigos de izquierdas y republicano, mala cosa para aquellos tiempos oscuros intolerantes. Podría decirse que fue el último exiliado del franquismo en 1942.

Ángel Ruiz, en su dramaturgia «Miguel de Molina al desnudo», tras un muy buen trabajo de documentación para deslindar la verdad de las mentiras, nos cuenta, alternado narración y canciones, la objetiva trayectoria de la persona y el personaje Miguel de Molina, desde su infancia malagueña hasta su residencia eterna en el cementerio bonaerense de la Chacarita. La obra es un homenaje a la figura de un artista y mucho más; es la recuperación objetiva de la memoria histórica, es un acto de justicia con una persona y es la reivindicación de la copla como un arte popular surgido en tiempos de libertad y que tuvo entre sus adeptos a personas de la importancia de Manuel de Falla, Rafael de León o del mismísimo Federico García Lorca.

Si el trabajo de síntesis de contenidos que realiza Ángel Ruiz es excelente, para ofrecer el todo de una vida en píldoras, el acto interpretativo alcanza la perfección en la recreación del personaje real, Miguel de Molina. Ángel Ruiz lo encarna y lo revive en el escenario. Todos los adjetivos quedan escasos para juzgar en su verdadera dimensión la expresividad, las emociones, la gracia, el duende, la retranca, los momentos de improvisación, el gesto, el movimiento corporal, la danza, el cante, el deje en el hablar, las imitaciones de otros (de la Piquer, por ejemplo) y muchos más registros de un actor joven con una sólida preparación y una depurada escuela. Ciertamente con «Miguel de Molina al desnudo», Ángel Ruiz se consagra.

Es evidente que la obra es mucho más que un musical. Es la reivindicación de una figura artística y humana de una gran talla. Al mismo tiempo supone una exaltación de la libertad y el enorme valor que encierra, en los tiempos de Miguel de Molina y estos en los que se recrea su vida. Y es también una crónica de la España que desde la preguerra, pasa por la guerra civil y la primera postguerra y se prolonga en el largo exilio con añoranza de la patria a la que nunca se ha de volver.

Y aún podemos ir más allá. Hay momentos en los que la obra nos puede parecer un tanto cómica, pero es la comicidad que destila la amargura que se desprende de una España ruin y miserable que, en su soberbia mediocridad, es capaz de expulsar de su seno al diferente, incluso al triunfador. (Entonces es cuando la realidad Miguel de Molina se convierte en metáfora de esta España de los másteres). Miguel de Molina era diferente y triunfador, algo que en este país se pagaba y se sigue pagando. Él fue un artista estigmatizado, como otros muchos también hoy, y obligado a emigrar y a itinerar por Hispanoamérica hasta que Eva Perón le ayudó y pudo vivir con merecido reconocimiento en Argentina. La realidad ahora se hace teatro verosímil.

«Miguel de Molina al desnudo» es una obra de teatro en toda regla; en ella las canciones surgen al hilo de su desarrollo, en el que se van desgranando las experiencias y vivencias del personaje y su mundo personal y musical. No es un monólogo, pues formalmente se simula una entrevista con la prensa y, por tanto, en ese contexto, se da pie a que el protagonista responda a cuestiones, se sincere y narre momentos clave de su vida, expresando lo que le está pasando al protagonista. Es una estructura narrativa muy inteligente y excelentemente interpretada, con un juego en el que parece que es el espectador quien realiza las preguntas.

La dirección, exquisita en general, lo es esencialmente en los matices, como son las interacciones entre el pianista y el actor. La elección de los figurines y la escenografía funcional, práctica y simbólica, ayudada de una iluminación precisa, crean el marco de verosimilitud en el que Ángel Ruiz da vida a Miguel de Molina en una interpretación con múltiples registros de expresión corporal y, sobre todo, con una técnica vocal excelente.

Los valores artísticos y humanos se entrecruzan en «Miguel de Molina al desnudo». Y también los valores políticos, sin acritud y sin aspavientos, solo con objetividad. Pasó lo que pasó y no es cuestión ni de taparlo ni de hacer con ello una escandalera. Es el equilibrio uno más entre esos valores. Me encantó ver esta obra y descubrir a este actor que, a buen seguro, por su destreza, su personalidad y su formación, dará mucho que hablar.

Lo único que lamento es que, en una obra interesante por su fondo y por su forma, que, además, reivindica la memoria histórica, los retóricos colectivos de esta reivindicación no llenaran el teatro y se quedaran en sus casas, en sus cañas o en vete tú a saber dónde. Pero es lo que hay y parece que a muchos les apetece más el cómic de cartón piedra que la historia de verdad.

Título: Miguel de Molina al desnudo. Autor: Ángel Ruiz. Dirección: Félix Estaire. Intérprete: Ángel Ruiz y César Belda (pianista). Coreografía: Mona Martínez. Vestuario: Guadalupe Valero. Iluminación: Juanjo Llorens. Dirección musical: César Belda. Dirección de producción: Miguel Cuerdo. Escenario: Teatro de Rojas.

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