ENTREVISTA

«Zóbel decía que la función de un museo es algo así como enseñar a leer o escribir»

Manuel Fontán del Junco. Director del Museo de Arte Abstracto de Cuenca

Manuel Fontán del Junco asegura que es «un museo de artistas, que lo hicieron los artistas y cuyas obras fueron elegidas por ellos mismos»
Manuel Fontán del Junco asegura que es «un museo de artistas, que lo hicieron los artistas y cuyas obras fueron elegidas por ellos mismos» - Patricia Chico
F. RAMÍREZ Toledo - Actualizado: Guardado en:

El museo pequeño más bello del mundo». Así definió en 1967 el fundador y primer director del MoMA de Nueva York, Alfred H. Barr, al Museo de Arte Abstracto de Cuenca, que cumple 50 años. Creado por Fernando Zóbel con la colaboración de sus amigos y artistas Gustavo Torner y Gerardo Rueda, fue inaugurado el 30 de junio del año 1966.

Para Manuel Fontán del Junco, director del museo conquense y también responsable de exposiciones de la Fundación Juan March, este aniversario «es motivo de alegría y satisfacción». Se reafirma en que su compromiso es mantener el legado de Zóbel en un museo que el artista creó para que los españoles «lo pudieran disfrutar».

-El Museo de Arte Abstracto de Cuenca se inauguró hace 50 años, ¿qué supone para usted que en este 2016 se celebreesta efeméride

-Es un privilegio. Creo que dirigir un museo como el de Cuenca, que ha cumplido sus primeros 50 años y que sigue siendo joven, es un gran acontecimiento, que ha hecho que este lugar sea tan especial.

-Un día decide Fernando Zóbel que sea precisamente la Fundación March la que se encargue de gestionar este espacio. ¿Cómo valora esta iniciativa?

-Pues, efectivamente, en los años 80 Fernando Zóbel —que moriría durante un viaje a Roma en 1984— empezó a pensar en la continuidad del museo que había construido y cómo se iba a sostener, ya que Zóbel lo había mantenido generosamente desde 1966. Entonces, pensó que una posibilidad sería donar su colección y pedir a la Fundación March que se ocupara de cuidar la colección, exhibirla y de sostener día a día un museo tan emblemático y especial. La fundación aceptó y la pinacoteca pasó de manos privadas a manos privadas, pero sin perder nunca la vocación pública.

-¿Qué actividades han programado para celebrar el cincuentenario?

-No es muy común, pero decidimos que tenía sentido que el museo celebrara sus 50 años en obras. Y eso es lo que ha ocurrido. En noviembre de 2015 empezaron las obras de remodelación, reorganización y de racionalización de los espacios, ampliando esas zonas en una nueva sala que nos cedió el Ayuntamiento de Cuenca y que ocupaba lo que hasta ahora era el Mesón de las Casas Colgadas. El reto ha sido hacer las obras sin cerrar el museo, algo que hemos conseguido, salvo el mes y medio que tuvimos que cerrar porque se iba a intervenir en los accesos. Digamos que la principal actividad ha sido una obra en la que el museo se ha ampliado y se ha organizado para devolverlo, pues prácticamente a todos los usos que tuvo en los años 60, cuando lo fundó Zóbel.

-¿Qué mejoras se han acometido?

-La parte rehabilitada se ha dotado de climatización para conservar mejor las obras de arte. Pero lo importante ha sido celebrar la juventud del museo y resaltar cómo surgió un lugar de estas características en los años 60 en España, al margen de la cultura oficial del momento y a iniciativa de un grupo de artistas. Para rendir ese tributo, se ha programado una muestra sobre el uso del sonido en el arte contemporáneo español.

-¿Qué otros proyectos han desarrollado durante estos meses?

-En junio tuvimos la oportunidad de presentar los nuevos espacios y este viernes hemos presentado los espacios en uso, con dos pequeñas exposiciones y con la colección permanente replanteada, ampliada, reorganizada y ocupando esos espacios. Además, se ha celebrado una jornada de puertas abiertas para el público y para artistas que colaboran con el museo.

-¿También han reeditado parte del legado de Zóbel?

-Hemos publicado una revisión corregida y ampliada de una carpeta de nueve dibujos seleccionados de entre los 133 cuadernos de apuntes realizados por Fernando Zóbel entre 1948 y 1984. También se ha reeditado el libro de Fernando Zóbel «Cuenca: Sketchbook of a Spanish Hill Town» (Cuenca, cuaderno de dibujos de una pequeña ciudad en la colina), publicado en 1970 por la Universidad de Harvard. Finalmente, se ha hecho una tercera edición del catálogo-guía del museo, revisada, corregida y aumentada con las nuevas incorporaciones a la colección permanente

-Hacía alusión a que se han organizado dos exposiciones, ¿qué artistas participan y cómo se ha reorganizado la muestra permanente?

-La colección permanente se presenta con más obras, artistas y espacios. Luego, tenemos una exposición que se denomina «Venecia 1962-Cuenca 1966». Esta cuenta el encuentro que se produjo entre Gustavo Torner y Fernando Zóbel en la Bienal de Venecia de 1962, historia que dio origen a la creación del museo. Y otra que se llama «La otra colección permanente», en la que en un pequeño espacio mostramos obra que no suele exponerse. Por ejemplo, obras sobre papel, pequeño formato, papeles preparatorios, documentación, maquetas, fotografías, para que la gente pueda conocer este tipo de obras.

-La Fundación March ha decidido que la entrada sea gratuita, ¿se puede mantener este tipo de iniciativas?

-Sí. Digamos que lo que hasta ahora se ingresaba por la entrada, que eran tres euros y que pagaba el público que no era de Cuenca, vamos a intentar conseguir esa cantidad con la venta de catálogos y las publicaciones.

-¿Cuál es el volumen de visitantes que tiene cada año el Museo Abstracto de Cuenca?

-Varía según los años. Las visitas al museo están en torno a los 30.000, 40.000 visitantes.

-Entonces, ¿esto implica una responsabilidad a la hora de elaborar la programación del año?

-La gente que nos visita llega atraída por el Museo de Arte Abstracto y por su emplazamiento privilegiado en las Casas Colgadas de Cuenca. Pero, claro, un museo no puede abrir todos los días y mostrar siempre lo mismo. Fernando Zóbel hablaba de que el sistema del museo debía ser la rotación lenta de obra. Eso quiere decir que lo que exponemos va cambiando sutilmente. Por eso, intentamos ofrecer a nuestros visitantes entre dos o tres exposiciones temporales.

-¿Se va a seguir manteniendo el programa educativo?

Por supuesto. De hecho, una de las reformas que hemos realizado, y de la que nos sentimos orgullosos, es el taller en el que más de 6.000 escolares plasman sus experiencias tras una visita guiada o después de asistir a los itinerarios temáticos por el museo. Ahora va a ocupar un espacio mucho más grande, con salida directa a la calle y con todas las comodidades para que este programa cumpla su función de la mejor manera posible.

-¿Se trata de una actividad que enseña a los jóvenes a ver el arte de otra forma?

-Sí. Zóbel definía que la función de un museo es algo así como enseñar a leer o escribir. A los museos se viene a mirar y también podemos ver imágenes a todas horas y en todo tipo de soportes, como el teléfono y la televisión. Sin embargo, sigue haciendo falta que haya lugares en los que tengamos una experiencia sensorial y analógica para ver la realidad. Eso es lo que nos hace educar la mirada. No solo ver, sino enjuiciar y valorar el arte.

-¿Cree qué se ha logrado rejuvenecer el museo sin perder la identidad?

-Efectivamente, ese era el reto: mostrar algo único cuando la pinacoteca cumple 50 años. El mejor rejuvenecimiento es no intentar poner maquillajes, ni artificios, sino estudiar nuestra propia tradición. Lo que compensa es que siga siendo joven, que llame la atención sobre lo importante que fue el museo en el mundo y en la España de los años 60. Lo destacable de este lugar es que fue creado por un grupo de artistas, sin ninguna ayuda pública, que convencieron a un alcalde de provincias -en medio de Castilla-La Mancha y en una ciudad con menos de 40.000 habitantes- para que les dejara usar unas casas que estaban rehabilitando y que tenían cinco siglos de antigüedad. Eso era totalmente inverosímil en esa época: nada más y nada menos que albergar un museo de arte contemporáneo de arte abstracto en una ciudad de provincias.

-¿Y a qué atribuye el éxito de este museo?

-El éxito ha sido que este pequeño museo ha sido llevado por artistas y terminó mostrando una extraordinaria muestra de arte abstracto y tendencias artísticas de los años 50 hasta los 80. Creo que el Museo Abstracto de Cuenca fue uno de los pocos lugares en el que los españoles podían ver y contemplar arte moderno, igual que el que se exhibía en otras pinacotecas internacionales. Ese fue lo que Zóbel se planteó cuando puso en marcha esta pinacoteca.

-¿Cómo califica el lugar en el que se ubica el edificio?

-El Museo de Arte Abstracto de Cuenca es un ejemplo de que las ideas tienen su escala y su envergadura adecuada. Y la ciudad es también un ejemplo de cómo la excelencia, la calidad, lo relevante de una iniciativa cultural no depende tanto del tamaño como de su sentido artístico. No depende tanto de su emplazamiento como del valor de la idea. Creo que un museo como éste, ubicado en una pequeña ciudad, es un ejemplo de hasta qué punto una localidad puede albergar un lugar tan llamativo, sin necesidad de hacer grandes operaciones, sino más bien jugando con el tiempo lento del poco a poco y del trabajo bien hecho. De nada serviría que esté en un lugar tan maravilloso como son las Casas Colgadas, si no cumple con la labor divulgativa, crítica y cultural que ha ejercido en este tiempo. Lo importante es que es un museo de artistas, que lo hicieron los artistas y cuyas obras fueron elegidas por ellos mismos. Eso es lo que hace único a este museo.

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