Don Felipe, durante la graduación en la Universidad de Georgetown, Estados Unidos
Don Felipe, durante la graduación en la Universidad de Georgetown, Estados Unidos - ABC

Carmen Iglesias: «La gran formación del Rey afloró en el discurso del 3 de octubre»

La directora de la Real Academia de la Historia recuerda el vivo interés por la historia de Don Felipe y su gran bagaje intelectual y humano

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Felipe VI fue, antes de ser proclamado Rey, un Príncipe enormemente interesado en el estudio de la historia. Un entusiasta del conocimiento del pasado. En la historia supo ver un libro donde pueden aprenderse grandes lecciones y también el espejo de su propia dinastía. Para guiarle, Don Felipe contó con la ayuda de Carmen Iglesias, y especialista en el siglo XVIII y la Ilustración. Como su preceptora conoce bien hasta qué punto esa formación le ha ayudado a afrontar con serenidad y criterio los desafíos de su reinado.

-¿Cómo definiría la evolución del Rey Felipe VI al cumplir 50 años?

-Una gran madurez intelectual, emocional e institucional. Es un Rey constitucional ejemplar y de gran humanidad como persona. Debemos felicitarle.

-¿Fue especial su interés por la historia?

-Creo que ha aprendido mucho de ella: por ejemplo el peligro cuando hay un vacío de poder. Y ha aprendido también ejemplarmente muchas cosas de su padre el Rey Don Juan Carlos y de la historia familiar. El conocimiento de la historia le fascinaba porque da unas claves que siempre se ensanchan. Recuerdo un día que hizo una metáfora preciosa, en la que constataba que cuanto más conoces la historia más compleja se vuelve, como un embudo al revés, que no sintetiza sino que extiende el conocimiento.

-Siente especial admiración por Carlos III. ¿Qué otras épocas le interesan?

-Siente predilección por Carlos III, reformista y moderado, y el siglo XVIII le gusta porque es donde arranca la modernidad. Pero se ha entusiasmado por muchas cosas. Por ejemplo el siglo XVII inglés, el momento en el que Locke y Hobbes fundan las bases del pensamiento político y social racional, hacia la igualdad de ciudadanos y un poder político que no sea absoluto. Su curiosidad es enorme. El siglo XIX también le ha gustado especialmente. Pero habría que preguntárselo a él.

-¿La historia es buena escuela para un Príncipe?

-La historia es buena para un Príncipe y para todos. En su caso es importante por su responsabilidad. Pero también ha tenido una formación excelente en ciencias sociales, desde la economía a los cambios cognitivos y en otras ciencias, astronomía, etc. La suya ha sido una formación muy completa, tanto por lo que se le ha imbuido desde la educación familiar, que es tan decisiva para el desarrollo de las personas, como por los libros y maestros. Cuando murió uno de los grandes maestros de aquel momento, recuerdo que Don Felipe dijo: «Qué pena, cada vez que muere una persona con tantos conocimientos hay que empezar de nuevo, otra vez». Esa impresión de vacío que dejan las figuras de los maestros da la medida de la profundidad de la mirada que tiene sobre las cosas.

-¿Hasta qué punto la formación le ha preparado para los desafíos de su reinado?

-Desde luego le ha preparado. El discurso del pasado 3 de octubre -hay que remarcarlo- es un antes y un después. Don Felipe ha sabido ponerse a la cabeza de su tiempo. La percepción que teníamos los españoles de vacío de poder -solo percepción, porque no era como lo ocurrido en Cataluña en 1934- y de resignación hacia lo que estaba ocurriendo se rompió totalmente con su discurso. Fue una llamada a la realidad. Fue importante cuando señaló a una parte de la cúpula dirigente de las autoridades catalanas. No todos son culpables. Como dice Hannah Arendt, la culpabilidad tiene nombres y apellidos, son personas concretas. Todos somos responsables de lo que hacemos, pero la culpabilidad no es la misma. Por eso su discurso fue perfecto, porque señalaba dónde estaba la gravedad de los hechos. Y pese a lo que dicen algunos políticos de que echaban de menos el diálogo, creo que no cayó en el error: el diálogo, en democracia, existe antes, al hacer la ley. La ley democrática es producto de un diálogo. Y es un error oponer el diálogo a la ley. Lo primero es cumplir la ley. No cabe diálogo con los golpistas.

-Al concretar responsabilidades nos aleja de generalizaciones y esencialismos.

-Exacto. Eso de ¡los españoles, este país, los catalanes!, son sustantivos abstractos. Es muy importante la concreción y el momento histórico. La historia parte de la condición humana, que puede ser pareja, pero las situaciones y las personas juegan papeles diferentes en cada época.

-Hemos descubierto una imagen del Rey que no conocíamos.

-Los ciudadanos no le conocían. Ha demostrado quién es. Un buen lector, cinéfilo, que ha estado desde muy joven en contacto con la cultura. La riqueza de su conocimiento, que asume como parte de su destino, ha salido a la luz. Tiene criterio, gran serenidad, capacidad de observación y análisis y una gran humanidad. Es una persona buena, muy afectuosa. Eso es tan importante como el bagaje intelectual. Y está en constante formación. Su sentido de la realidad y de las personas es tan profundo que encarna el conocido apotegma de Solón: «No deja de ser bello el envejecer aprendiendo».