Un momento del debate «Parlamentos sin mayorías» celebrado en ABC - ERNESTO AGUDO
Debate en ABC sobre los parlamentos sin mayorías

«La pluralidad política es buena si sirve para construir»

Cuatro parlamentarios reflexionan sobre la nueva realidad de las cámaras españolas

MadridActualizado:

Ya no hay mayorías absolutas en los parlamentos españoles. O al menos es muy difícil encontrarlas. La ruptura del sistema bipartidista hace dos años y la irrupción de nuevas fuerzas políticas terminaron con las prácticas derivadas de los gobiernos mayoritarios y de los parlamentos que se sustentaban en uno o dos partidos que alcanzaban la mayoría. Castilla y León, Murcia o Madrid son algunas de las comunidades que han pasado de tener mayorías absolutas a un dibujo parlamentario más fragmentado. Esto, entre otras cosas, ha provocado que los parlamentos, al dejar de ser un apéndice del gobierno, pasen a ganar más protagonismo y que se vean remarcados los límites del ejecutivo respecto al legislativo.

El cambio político hace necesaria una reflexión y un debate sobre las nuevas formas de hacer política en este contexto. Un debate que ABC organizó esta semana y en el que participaron cuatro parlamentarios nacionales y autonómicos: la presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente; la diputada del PSOE en el Congreso de los Diputados María Luz Martínez Seijo, la senadora de En Marea Vanessa Angustia y el portavoz de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, que protagonizaron una mesa redonda moderada por el delegado de ABC en Castilla y León, José Luis Martín.

Para Aguado, «la sociedad española estaba preparada» para este cambio, «pero no el bipartidismo». «Tanto PP como PSOE han tenido que adaptarse. O aprendes cuáles son las nuevas reglas del juego o te vas a la oposición», defiende el diputado madrileño.

Una reflexión que no comparte Clemente, que admite «lo sorpresivo» del panorama político, pero se hace «cargo de la situación». Sobre todo por su experiencia como presidenta de un parlamento autonómico porque, a su juicio, «se han adaptado antes». «Muchas de las cosas que están ocurriendo en el Congreso o en el Senado ya han ocurrido en los parlamentos autonómicos», asegura. En Castilla y León «el empate en nuestras votaciones era algo excepcional, pero ahora se ha convertido en algo normal y hemos adaptado nuestro reglamento a las nuevas circunstancias», explica Clemente.

La pérdida de las mayorías también ha abierto un debate sobre la dificultad de que los parlamentos pivoten en un espacio intermedio entre una estabilidad que evite el bloqueo y la pluralidad que otorga la existencia de diferentes partidos políticos. «La pluralidad es buena, pero no se ha entendido de la misma manera. Hay partidos que tenemos más capacidad de trabajar con otros y llegar a consensos, por ejemplo en los ayuntamientos», afirma Martínez Seijo. Para Angustia, el foco no debe recaer solo en los parlamentos, sino que este cambio «se construye desde lo más pequeño, desde los espacios locales y territoriales».

La clave, explica Clemente, no es si un parlamento cuenta con mayor o menor pluralidad, sino para qué sirve. «Es necesario tener un valor constructivo. La pluralidad política es buena si sirve para construir», por eso, defiende, «en Castilla y León se ha ido imponiendo una cultura del pacto que ha permitido evitar el bloqueo político».

La cuestión de la ideología

La cultura del pacto como forma de evitar el bloqueo político también provoca división en el debate. Aguado considera que este tipo de prácticas, los pactos, pueden funcionar si hay una oposición que garantice la estabilidad del gobierno.

«No pasa nada con que haya un gobierno en minoría si en la oposición hay un partido responsable que garantice la estabilidad. Pero garantizar la estabilidad no a cualquier precio, sino llevando a cabo reformas como moneda de cambio para que el partido mayoritario pueda gobernar». «Las ideologías de la izquierda y la derecha son incompatibles», cree Martínez Seijo; «por eso se plasma en el Congreso que no hay esa capacidad de diálogo. En el PSOE siempre hemos optado por defender los derechos sociales».

«No me parece imposible pactar con nadie», explica Clemente; «nuestro país debe avanzar en esto. Los ciudadanos lo que te piden es que les des respuesta a sus problemas. Quieren que las personas que han sido elegidas gestionen sus servicios y les den el mayor bienestar posible. Las políticas sociales no son propiedad de ningún partido. Eso es muy antiguo. En Castilla y León estamos en uno de los niveles más altos de educación y de prestaciones de nuestro país y de Europa, y han sido políticas del PP», insiste la presidenta de las Cortes castellano y leonesas. «Todo se puede mejorar, pero las políticas no son propiedad de ninguna ideología. Estamos en el siglo XXI».

En opinión de Angustia, es «paternalista decir que la gente demanda. La clase trabajadora demanda pactos, pero con acuerdos reales, con contenido, no con palabras». La pérdida de las mayorías absolutas en los parlamentos españoles no siempre se traduce en gobiernos en minoría apoyados directamente por los partidos de la oposición. Los pactos puntuales en asuntos como la economía o los servicios sociales también han permitido ir sacando adelante iniciativas que finalmente han permitido sostener a un gobierno.

La senadora Vanessa Angustia afirma que «en el plano teórico hay tantas posibilidades como números electorales». Para Aguado, la dinámica de los pactos puntuales es «la única forma de que haya estabilidad. «Si no te pones de acuerdo no puedes ejecutar un presupuesto. La otra fórmula es el bloqueo, y en España sabemos lo que es el bloqueo y sus consecuencias», advierte el diputado madrileño.

Clemente recuerda en este sentido que «los parlamentos autonómicos en muchas comunidades estaban eclipsados por el gobierno», aunque «muchas iniciativas se adoptan en los parlamentos, que es donde está la soberanía de los ciudadanos». Por esto, aboga porque se establezca «una mejor relación temporal por parte de los ejecutivos, para que las iniciativas no queden en el limbo». «Los grupos políticos viven en muchas ocasiones muy inmersos en la actualidad», critica Clemente, y «se les olvida trabajar en el largo plazo».

Martínez Seijo comparte el diagnóstico, aunque recuerda que todas las fuerzas políticas «venimos a construir y a sumar», y destaca que «hay muchas medidas que responden más al oportunismo político».

Con la irrupción de las nuevas fuerzas políticas también está sobre la mesa la posibilidad de llevar a cabo una reforma de la ley electoral. Aguado considera necesario modificarla «para que sea más proporcional y justa. Si no, seguiremos viendo cómo existe el bipartidismo».

Reforma electoral

Martínez Seijo lo ve «como un tema muy complicado, ya que hay territorios con provincias muy poco pobladas que tienen derecho a la representación por circunscripción». La diputada socialista asegura que, además de la reforma de la ley electoral, le preocupa el «escaso seguimiento» de las proposiciones no de ley en el Congreso de los Diputados, «aunque no obliguen al gobierno».

En esta misma línea Clemente explica que «evidentemente han cambiado las necesidades territoriales y necesitamos un procedimiento electoral que sea justo, que represente a los ciudadanos, pero también a los territorios». Por eso, «una vez pasado el Rubicón de nuestros primeros 40 años de democracia, hay que centrar la refoma de la ley electoral, para que se haga con las mayores cuotas de justicia e igualdad para todos los españoles, que es lo que marca la Constitución, vivan donde vivan». «Los ciudadanos no pueden depender de tener o no partidos nacionalistas. Hay que establecer una organización que haga sentirse bien a todos los territorios».