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La exigencia de relevar a Trump destroza el Partido Republicano

Crece la presión para que lo sustituya su compañero en el «ticket» electoral, Mike Pence, aspirante a vicepresidente y político del establishment

MANUEL ERICE Enviado Especial A San Luis, Misuri - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Paisaje durante la batalla. Los cargos electos que exigen el abandono y la sustitución de Donald Trump se cuentan ya por decenas. El candidato, «un animal herido», en palabras de expertos demócratas, resucita el pasado sexual de Bill Clinton y airea las sombras conyugales de su rival, Hillary. El espesor de la campaña se corta con un cuchillo. La dirección republicana empieza a divisar el desastre y teme perder el control de las dos cámaras.

El partido de Abraham Lincoln y de Ronald Reagan está a punto de zozobrar en la tormenta de un candidato al que nunca quiso, pero que contribuyó a crear. En las horas previas al debate de anoche (madrugada en España), la formación conservadora, zarandeada por el escándalo del vídeo obsceno de Trump, cada vez recordaba más a la expedición franco-española de Los Cien Mil Hijos de San Luis, por el cariz bélico y por celebrarse en la ciudad del mismo nombre. Un huracán sin precedentes que amenazaba con llevarse por delante al candidato, a la campaña y a la dirección republicana.

Conservadores evangélicos

Desde primera hora, Rudolph Giuliani, que se ha convertido en el escudero del controvertido aspirante a la presidencia de puertas afuera (el gobernador Chris Christie maneja la fontanería), repartía ayer su tiempo en televisiones para intentar atenuar los temblores de tierra que suceden a la sacudida principal. «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra», casi rezaba el exalcalde de Nueva York, no sin antes asumir la culpa del «error» en nombre de su vecino de la Trump Tower. Una frase escogida pensando en ese amplio número de votantes conservadores evangélicos, en su mayoría escandalizados por los comportamientos indecorosos de la opción republicana que les queda el 8 de noviembre.

El exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que se ha convertido en el escudero del controvertido aspirante a la presidencia de puertas afuera

Lo que Giuliani llamaba el día anterior «la lucha entre insiders y outsiders», entre el establishment -veteranos políticos «internos» del partido- y quienes llegan desde fuera, en un intento de quitar fuerza a las demandas de dimisión del candidato, se encontraba ayer con nuevas cargas de profundidad. Ya eran más de treinta los gobernadores, senadores, congresistas y aspirantes a hacerse hueco en las elecciones legislativas que reclamaban el abandono de Trump. Y muchos de ellos, su sustitución por el actual compañero del magnate en el «ticket» presidencial, el gobernador de Indiana, Mike Pence, aspirante a la vicepresidencia. Pese a que la realidad lo hace casi inviable. Por el cierre en banda del magnate y por una estricta normativa interna del partido.

En medio de las turbulencias, se abría paso la verdad que más preocupa a la dirección conservadora. La opinión de los votantes rompe al Partido Republicano por la mitad. Los proTrump frente a los antiTrump, que ya estas últimas horas ha provocado escenas de tensión.

Encuestas

La encuesta de urgencia difundida ayer por Politico/Morning Consult daba mayoría a quienes prefieren que Trump siga en carrera, un 45 por ciento. Aunque con una diferencia mínima frente a los detractores, un 39 por ciento. Una situación ingobernable, que se agudiza cuanto más se tire de la cuerda. La cadena de televisión ABC llevaba a la mayoría la exigencia de abandono cuando extendía las preguntas al conjunto del electorado: un 57 por ciento a favor de la retirada frente a un 43 por ciento en contra. Aunque la demanda social no resultaba tan abrumadora como pudiera parecer.

Pero la inquietud de la cúpula republicana, que soportan hoy estoicamente el presidente del Comité Nacional, Reince Prebius, y el «speaker» (presidente-portavoz) del Congreso, Paul Ryan, se centra más en los propios. En la creciente división que pueda llevar a una doble calamidad: el resquebrajamiento del partido y la pérdida del control del Senado y la Cámara de Representantes. La primera, factible; la segunda, más difícil, aunque nada descartable hoy, después de los acontecimientos y todavía a un mes de la elección presidencial.

Si la coordinación entre el equipo de Donald Trump y el Partido Republicano siempre ha sido difícil y distante, el escándalo del vídeo obsceno del magnate ha convertido la grieta en socavón. La cúpula conservadora ha dispuesto ya desviar fondos previstos para el aspirante a la presidencia hacia candidatos de ambas cámaras, especialmente en aquellos estados en los que una derrota pondría en riesgo la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes.

Los apuros de McCain

Entre los beneficiarios se encuentra John McCain, candidato por cuarta vez a la cámara alta por Arizona, un estado tradicionalmente republicano, en el que siempre ha vencido, pero muy ajustado hoy según todas las encuestas. McCain encabeza precisamente la lista de quienes abogan por el abandono de Trump. También recibirá ayuda la campaña de Marco Rubio, que aspira a repetir en el Senado por Florida, otro estado clave para que los republicanos puedan mantener sus mayorías.

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