Economía

La financiación en los mercados, la eterna asignatura pendiente de las pymes

La dependencia del crédito aún no se reduce pese a que se multiplican las alternativas

La dependencia del crédito bancario sigue siendo muy elevada entre las pymes
La dependencia del crédito bancario sigue siendo muy elevada entre las pymes - ABC
Fernando Pérez Madrid - Actualizado: Guardado en:

Una de las lecciones que la crisis dejó a las empresas, especialmente a las pymes, es que diversificar es curarse en salud. La dependencia de los créditos bancarios provocó, una vez cerrado el grifo, situaciones de derrumbe que quizás se podrían haber esquivado con un mix de financiación más amplio. No parece que la actual coyuntura sea la más propicia para avanzar ahora hacia esa cartera equilibrada. La barra de liquidez del BCEha permitido rebajar los tipos que pagan las pequeñas y medianas compañías. Si en 2013 se situaban por encima del 5% para créditos de hasta 250.000 euros y en torno al 4% para los que oscilaban entre esa cifra y el millón de euros, en junio de este año el porcentaje se coloca en el 2,82% y el 1,88%, según los datos del Banco de España.

Mientras, las grandes compañías cada vez recurren más al mercado. Hasta agosto de este año, las empresas no pertenecientes al IBEX captaron 5.177 millones, una cifra que triplica los 1.687 de 2013. Eso parece haber empujado a la banca a fijar su atención en las pymes: el crédito para nuevas operaciones por encima del millón registró una caída interanual del 31,3% en el primer trimestre del año, mientras que el inferior al millón creció un 8%. Un reciente informe de la Fundación BBVA y el IVIE apunta que el coste de la financiación bancaria ha bajado un 45% en los últimos cuatro años. Y refrenda que se ha multiplicado el volumen para las pymes: en 2014 aumentó un 8,9% y en 2015 un 13%.

Y sin embargo... las pymes deberían moverse. «La crisis de crédito ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las economías que tradicionalmente se han financiado por bancos, en contraste con aquellas que han sabido diversificar sus fuentes. Hemos tenido un sistema bancario demasiado competitivo; la capacidad que ha tenido la banca de financiarse a tipos muy bajos y la intensísima competencia en el mercado (con las cajas como protagonistas) provocó que la banca concediera préstamos a las empresas (grandes y pequeñas) a tipos y márgenes muy bajos, haciendo imposible que los mercados de capital fueran atractivos para las empresas. El desarrollo de los mercados de capitales como mecanismo de financiación para la empresa mediana es una asignatura pendiente en nuestro país. Sin embargo, estamos ante una gran oportunidad para que se desarrollen, debido, precisamente, a esa profunda crisis financiera que hemos pasado estos años y a la necesidad que tienen las empresas de recuperar capacidad de financiación ajena en el contexto de la incipiente recuperación», explica Aurelio García del Barrio, director global MBA del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB).

Más allá de la diversificación, recurrir a los mercados también supone un plus de visualización. «Darse a conocer en un mundo tan mediático como el de hoy en día es importante. Formar parte por ejemplo de la lista de MAB lleva implícito un plus de publicidad que, sumado a los requisitos de auditoría y fiabilidad que acarrea, siempre es una ventaja a la hora de hablar con tus proveedores o clientes», asegura Rodrigo García, analista de la empresa de trading XTB.

Opciones para atemperar la dependencia bancaria no les faltan a las pymes. Los expertos coinciden en que el primer elemento para deshojar la margarita es tener en cuenta los objetivos. Si se trata de financiar el circulante, de necesidades a corto plazo, «el mercado ofrece pagarés como producto estándar y fácilmente estructurable y colocable, porque hay una comunidad de inversores institucionales con apetito por lo poco que ofrecen las letras», explica Federico Silva, director de Renta Fija de BEKA Finance, entidad especializada en ofrecer soluciones de financiación a pymes. Otra alternativa serían los descuentos de carteras de recibos o facturas. «Existe un mercado para descontar directamente este tipo de derechos de cobro, sería algo parecido a un factoring bancario», asegura Silva, que añade la posibilidad de la titulización. «Apostamos por este mercado, aunque nos ha sorprendido su lento ritmo de desarrollo en España. Es una herramienta que debe ser utilizada recurrentemente, porque tiene costes de arranque que hay que diluir, pero que te permite optimizar la estructura de capital».

El mercado ofrece otras vías si lo que se persigue es financiar el crecimiento. La más sencilla, el bono. «Sobre la financiación bancaria, tiene la ventaja de que permite ganar plazo con amortizaciones únicas y a vencimientos más laxos. Y sobre todo, ofrece la posibilidad de ascender en la estructura de capital hacia deudas cercanas al private equity (entrada del inversor en el accionariado)», explica Silva. El primer paso es «vestir el bono», estructurarlo en función de sus características de plazo, cupón, rating, subordinación... Y luego llega el momento de decidir donde listarlo: en el MARF (el Mercado Alternativo de Renta Fija privada para pymes creado en 2013), la CNMV, fuera de España...

El MARF parece haber cogido velocidad. En agosto cerró con un volumen admitido a negociación de 1.294 millones, un 153% más que el año anterior. «Su ventaja es la agilidad: documentación más sencilla, plazos de ejecución más rápidos.... Y que es barato. Cuanto menor sea la emisión y menos recurrente la idea de acudir al mercado, más idóneo es el MARF, en el que encajan todas las emisiones inferiores a 200 millones. A partir de ahí, los costes fijos se diluyen y empieza a interesar salir fuera», explica Silva, que apunta a una mayor apertura a los inversores institucionales como el gran reto de este mercado

Otra alternativa es el «direct lending», la financiación directa a empresas, bien sea por inversores tradicionales o mediante operaciones bilaterales a través de «hedge fund» para los casos más arriesgados o de peor perfil crediticio.

Salto a Bolsa

Si lo que se pretende es afrontar el gran salto adelante de dar entrada a accionistas se requiere planificación y convencimiento. «Para compañías pequeñas, el ciclo para llegar a salir al mercado siempre lo vemos como un análisis de dónde quieren estar en cinco años», explica Carlos López Jall, director de Corporate de Beka Fianance. «Hace falta un grado de profesionalización, y eso lo suele dar la entrada de un fondo de capital riesgo en la fase inicial. Y ahí, nosotros sí que hemos visto una explosión bastante importante de fondos locales que están dedicándose a mirar pymes, y que invierten en distintos sectores, no solo tecnológicos», añade este experto.

El Mercado Alternativo Bursátil (MAB), un mercado de valores de reducida capitalización creado en 2009 para pymes que buscan expandirse, se ha dinaminizado con la explosión del mundo socimi. Pero en su sector de Empresas en Expansión «solo cotizan 34 compañías, muy por debajo de las mil que lo hacen en el AIM británico», explica Aurelio García del Barrio.

«El requisito mínimo para entrar en el MAB es que coloques dos millones. El valor de las compañías que nos vienen a ver está entre 15 y 20 millones, y la colocación estandar está entre tres y cinco millones», explica López Jall. Al MARF acuden compañías algo mayores, resume Federico Silva: facturación mínima de 50 millones y un Ebitda superior a diez millones. «También conviene un apalancamiento inferior a cuatro veces Ebidta y cierta internacionalización», añade este experto.

El MAB sí parece haber borrado el rastro del escándalo Gowex. «Se ha hecho una labor seria de dar a los asesores registrados un nuevo marco de actuación, más restringido y supervisado», asegura López Jall, quien cree que este mercado «aún es muy poco líquido» y necesita más incentivos fiscales.

En los últimos años también comienza a cobrar protagonismo el crowdlending, la financiación colectiva. «Es un nicho al que acuden empresas muy pequeñas y puede ser muy beneficiosa para compañías e inversores, pero me preocupa la regulación y cómo se gestiona el análisis del crédito del riesgo», resume Federico Silva.

¿Hay un futuro mejor para la financiación alternativa? Silva se muestra convencido: «Es imparable porque beneficia a todos los agentes del mercado. El inversor busca alternativas, necesita rentabilidad en este contexto de tipos bajos. Y los reguladores quieren ligar lo más posible ahorro e inversión, porque al final, cuando hay problemas, los bancos son rescatados, algo que no sucede con los fondos».

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