Jugadores sirios celebran uno de los tantos que anotaron ante Irán
Jugadores sirios celebran uno de los tantos que anotaron ante Irán - AFP

Clasificación para el MundialNoventa minutos de paréntesis en la guerra de Siria

El empate a dos cosechado ante Irán el pasado martes permite a los sirios pelear por la clasificación para el Mundial de Rusia en la repesca

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En mitad de la pesadilla de una guerra que dura ya seis años y ha costado la vida a más de 300.000 personas, Siria tiene un sueño. El país, y los sirios en la diáspora, aparcaron durante 90 minutos sus diferencias internas para pegarse a los televisores, transistores o redes sociales para seguir el partido que su selección disputó en Teherán en el que estaba en juego la clasificación para el Mundial de Rusia del año que viene. ¿El resultado? Un empate a dos conseguido gracias a un gol visitante en el 93 que permite a los sirios mantener sus opciones de ir a Rusia, pero para ello tendrán que superar en la repesca a Australia o Arabia Saudí. Otros 90 minutos de paréntesis en esta guerra sin final.

Las escuadras nacionales de Irán y Siria, que son aliados en el campo de batalla, se vaciaron en un estadio Azadi en el que, pese a la importancia del duelo no pudieron entrar las aficionadas iraníes, tal y como ordena la ley en la República Islámica, pero sí se pudo ver a seguidoras de Siria. Hubo emoción desde el primer minuto hasta el pitido final y las imágenes que llegaban de las plazas de Damasco, donde se colocaron pantallas gigantes ante las que se juntaron miles de aficionados, eran similares a las de cualquier ciudad europea cuando su equipo se está jugando algo tan importante.

Los opositores acusan a Bashar Al Assad del uso político del equipo nacional y recuerdan que en 2015 el seleccionador y dos jugadores salieron a una rueda de prensa con camisetas de apoyo al presidente, pero la Federación no olvida las normas FIFA, que prohíben la interferencia política en los equipos, y lanza eslóganes como «nuestro objetivo es unir a todos los sirios».

Esta era la cita clave para un once nacional sirio que, debido a la guerra, ha tenido que jugar sus partidos como local en Malasia y para quien la prima por partido ganado en esta fase de clasificación es de unos 900 euros por jugador, según la cadena BBC. Esta cantidad es una fortuna para los bolsillos del sirio medio, pero la mayoría de los 23 convocados juegan en ligas extranjeras, como Ahmad Al Salih, en el Henan Jianye de China, o Firas Al-Khatib, uno de los grandes ídolos del fútbol nacional que al comienzo de la guerra en 2011 se unió a la oposición al Gobierno, lo que le costó varios años de exclusión. No es el único caso.

La gran estrella de la noche fue Omar Al Soma, natural de Deir Ezzor, jugador del Ahly de Arabia Saudí y una de las grandes promesas nacionales, ya que suyo fue el tanto en el descuento que deja a los sirios con opciones de ir por primera vez a un Mundial. Su golazo con la pierna derecha llegó pocas horas después de que el Ejército lograra romper el cerco que desde hacía tres años mantenía el grupo yihadista Estado Islámico (EI) sobre su ciudad natal. Al Soma celebró por todo lo alto su regreso a una selección que, como Firas Al-Khatib, había abandonado cinco años atrás tras ser acusado de «traidor» por las autoridades. El balón les volvió a unir en el campo y también unió a los sirios de un lado y del otro.