Vuelta a EspañaLa etapa preferida de Contador

La Vuelta sube hoy los collados donde en 2012 el madrileño, en una fuga loca, destronó a «Purito»

Los MachucosActualizado:

Había algo de confusión en la cima de Los Machuchos. A Contador, metido en la caravana del control antidopaje, le apremiaron con el pipí porque tenía que subir al podio a recoger el premio de la combatividad. Y no. Falsa alarma. El galardón fue al final para Dani Moreno, uno de los fugados. Contador pudo rellenar tranquilo el frasco. Salió y antes de ponerse ante las cámaras, coqueto, se miró en el reflejo de una de las ventanillas de la caravana. Listo. Quiere dejar la mejor imagen en la Vuelta de su despedida.

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Se le notaba feliz. Hasta con el mal tiempo. «A mí este clima me va bien. Voy cómodo con la lluvia», dijo. Se siente a gusto. Y más ayer, que tuvo «uno de esos días que salen buenos». Tanto que no se pone límites. Además, hoy vuelve a la Collada de la Hoz, un puerto de segunda, anónimo hasta que en 2012, Contador le dio allí la vuelta a aquella edición. Con un ataque suicida le quitó la carrera a «Purito» Rodríguez en la meta de Fuente Dé. «Sí, es un lugar muy especial para mí», confesó.

«Me voy a reencontrar con una de las cuestas que han marcado mi historia como ciclista. Va a ser emocionante pasar de nuevo», dijo. La etapa pisa la huella de aquel día: sube las tres colladas, la de Carmona, la de Ozalba y la de la Hoz. En 2012, la meta estaba en la cima Fuente Dé. Ahora espera cerca, en el Alto de Santo Toribio de Liébana. En Los Machucos, con la bahía de Santander que ya aparecía al fondo en un hueco libre que dejaba la niebla, el madrileño se citaba con su pasado. «En esta Vuelta cada día puede pasar algo». Busca una despedida a su altura: «Me quedan tres días de montaña y los voy a saborear al máximo».

Eso hizo en 2012. Aún resuena el eco en estas montañas de Cantabria. El día anterior había sido de descanso. «Purito», el líder convencido de su dominio, ni salió a rodar. Contador, sí. Algo tramaba. Conocía bien estas carreteras. De amateur tuvo que emigrar al norte para hacerse ciclista. Fuente Dé es una cuesta menor pegada a Santo Toribio de Liébana, donde los franciscanos velan un pedazo de la cruz de Cristo. La fe. Mueve montañas. Como Contador aquella tarde.

En la collada de Ozalba olfateó el humo que salía de las piernas de sus rivales. La etapa había salido descosida. Y entonces se inició una conversación encima de su espalda. Así lo relató: «Llevaba un diablo en el hombro que me decía que atacara, que me la jugara aunque quedara tanto hasta la meta. En el otro hombro, un ángel me decía que era una locura, que podía perderlo todo». En esta montaña cántabra manda la fe de los franciscanos, pero a veces hay que escuchar al diablo. Eso hizo Contador en la collada de la Hoz, a 60 kilómetros de la meta. Pecó. Una maravillosa locura.

Sorprendió a «Purito» y a Valverde, sus rivales. Ni le vieron atacar. De hecho, no le vio nadie. La televisión aún no había conectado con la carrera. Todo sucedió de oídas. El público se echó a las cunetas. «¡Que viene Contador!». Como en los viejos tiempos, los de Coppi y Merckx, de Ocaña y Fuente.

Detrás, a «Purito» se le vino todo encima. «No sabía lo que pasaba», reconoció. Pensó que Contador se estaba suicidando, que todo era una provocación, que seguirle habría sido una locura. No imaginaba lo que iba a suceder. Nadie. Sólo el diablillo estaba convencido del éxito y seguía pinchando a su dueño. A «Purito» le quedaba como sostén la fuerza de un enemigo, Valverde, que remontaba. El murciano le ofreció un pacto, un cambio. Le ayudaría en la Vuelta si luego «Purito» le ayudaba en el Mundial. El catalán negó con la cabeza. No hubo acuerdo. Valverde, más fuerte, se largó y «Purito» perdió la Vuelta, la segunda que iba a ganar Contador.

Al entrar en la meta, el madrileño descerrajó un grito, mitad rabia, mitad euforia. Venía de una sanción por dopaje, de un periodo oscuro, al borde de la depresión. En Fuente Dé halló la salida del túnel. A dos pasos está la ciudad santa de Santo Toribio de Liébana, donde escoltan la cruz sagrada, donde hoy termina la etapa. En 2012 el madrileño se soltó allí los clavos de su cruz. Le hizo caso al diablillo. ¿Volverá hoy a escucharle?