Ciclismo

Presidente Contador

En su nueva vida de retirado, así le llaman los empleados de su equipo ciclista, que impulsa hacia el campo profesional

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Hace dos meses que Alberto Contador se bajó de la bicicleta. Y conviene matizar los términos porque no ha abandonado el ciclismo. Pesa 6,5 kilos más que aquella emocionante tarde de su despedida en el Angliru, pero conserva el instinto animal para la competición.Sale a rodar un día a la semana, y, aunque más voluminoso, olvidado ya ese pírrico tres por ciento de grasa corporal de sus tardes como eje del pelotón, sigue colocando el cuentakilómetros a 36 ó 37 por hora. Una bestialidad solo al alcance de los superclase. Entre sus múltiples funciones de una agenda repleta, Contador ejerce como presidente. Así lo llaman en tono jocoso sus empleados en el equipo ciclista Polartec-Kometa, inscrito en la segunda división del calendario y cuyo germen son las diferentes escuadras de categorías inferiores de la fundación que lleva el nombre del excorredor. Contador se ha ido, pero no del todo.

«Si es que no puedo estar quieto», dijo durante su intervención en los Desayunos Deportivos de Europa Press. Sale a entrenar con la bici de montaña, acude a invitaciones en China y Japón, da conferencias sobre liderazgo, prepara una colaboración en los medios (comentarista de Eurosport), programa concentraciones en Tucson (Estados Unidos) con sus ciclistas y, a ratos sueltos, cuida con mimo el pequeño museo que se ha montado en el sótano de su nueva casa cerca de Pinto con todas las bicicletas conmemorativas de sus triunfos y los trofeos de las carreras que ganó. En esa amalgama se encuentra la vieja Orbea de cables sueltos con la que deslumbró al grupeto de su hermano Fran (hoy su representante y mánager del Polartec-Kometa) y que lo impulsó a dedicarse al ciclismo de modo profesional.

«¿En qué trabajas»?

Contador sonríe cuando recuerda aquella curiosidad de su abuelo. «Vale, montas en bici, ¿pero en qué trabajas?», le preguntó después que había ganado el Tour 2007. También se congratula de haber esquivado la esclavitud de la báscula y una dieta monocromática, que es una sinfonía de hidratos de carbono: pasta, arroz, patatas, cereales, pan... «Me pesaba tres veces al día». Y, en la liberación de obligaciones, igualmente se felicita por evitar la obsesión del potenciómetro, la nueva biblia de los ciclistas: «Es lo mejor para entrenar, pero para correr tengo dudas... De vez en cuando hay que hacer caso al instinto».

En su nueva vida de presidente, el ciclista guarda tiempo para colaborar en la investigación del ictus. Él sufrió un cavernoma en 2004, abatido en una carretera de Asturias sin saber si podría volver a caminar o razonar. «Siempre recuerdo aquella victoria en el Tour Down Under de Australia de 2005 como la mejor de todas». Lógico. Volvió a la vida.

Jugar a la quiniela

Proveniente de una familia trabajadora del cinturón sur de Madrid que emigró desde Barcarrota (Badajoz), «sin lujos» según él (su padre instalador, su madre ama de casa), Contador apostaba compulsivo a la quiniela de fútbol cuando era un desconocido para poder comprarse una bicicleta potente. «Estaba muy pendiente del transistor los domingos».

De paso por el positivo por clembuterol –«es la sanción más injusta y el peor momento que viví como ciclista»–, Contador tampoco se desvivió en citar a Mikel Landa como su sucesor. «Tiene mucha clase, pero ya se verá. En su equipo (Movistar) hay otros líderes».

Todo esto lo recordó ayer como ejemplo del tránsito desde su modesta vivienda en el centro de Pinto junto a sus padres y sus tres hermanos hacia la función de patrón de un equipo profesional de ciclismo, que pretende mover más de 15 millones de euros al año. «Mi madre me recuerda a veces lo imprevisible de la vida. Uno de sus hijos necesita atención 24 horas al día (Raúl, discapacitado físico y psíquico) y otro es un referente mundial en el ciclismo. Así es la vida».

Hace casi cinco años, Contador y su hermano Fran activaron un proyecto para fomentar el ciclismo de base. Aquella idea que, en su origen, consistía en una escuela de ciclismo para niños y un equipo juvenil proporciona trabajo ahora a una veintena de personas en el staff, más los corredores del conjunto junior, el sub 23 y el nuevo Polartec-Kometa.

La estructura se ha asentado en una nave industrial en Pinto y Contador se ha asociado al exciclista Ivan Basso. «Me gusta el niño que hay en él», dice el excorredor italiano. Fran Contador ha visitado empresas, invitado a directivos y promocionado su proyecto en España y no ha encontrado eco. «Es una lástima que solo tengamos patrocinadores extranjeros», comentó el ganador del Tour, el Giro y la Vuelta. Polartec, Kometa y Trek garantizan el 2018 para los once ciclistas del equipo, de los cuales solo cuatro son españoles.

Contador y su hermano ya trabajan en modo futuro. Se acercan al director de la Vuelta, Javier Guillén, para sugerir en broma una futura invitación del equipo que quiere ganar un día el Tour con un campeón formado en la escuela del «pistolero».