Dopaje

Juicio al dopaje de Rusia

El COI decide hoy si permite participar o no al país más grande del mundo en los próximos Juegos de Invierno

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«A veces me pregunto si habrán leído el informe». Richard McLaren, el abogado canadiense que desveló el dopaje de Estado en Rusia en una investigación de años, hace chanzas sobre la opacidad de las autoridades del país. El presidente Vladímir Putin y sus acólitos niegan sistemáticamente y, como todos los cazados de la historia, rechazan las acusaciones. Aducen presiones o intereses políticos. Entre el contraste de la veracidad de las pruebas y las ramificaciones políticas y legales se debate esta tarde el Comité Olímpico Internacional (COI). A las 19.30 horas deberá emitir una resolución que trasciende al deporte: permitir o no a un país marcado por el dopaje metódico competir en los próximos Juegos de Invierno de Pyeongchang (del 9 al 25 de febrero en Corea del Sur).

Faltan siete meses para que empiece el Mundial de fútbol en Moscú y la guerra fría entre estadounidenses y rusos alcanza a los 15 miembros del COI que deben decidir qué hacer con Rusia y su sistema de dopaje de Estado irrefutable para McLaren. Desde que en 2014 el periodista alemán Hajo Seppelt se hizo pasar por entrenador y compró en Rusia un producto indetectable por 100.000 euros, el gigante euroasiático está bajo la lupa de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

El informe McLaren, desglosado en dos tomos (antes de los Juegos de Río y hace un año), describió un sistema amparado por el Gobierno ruso que implicaba al laboratorio de Moscú y al Ministerio de Deportes para tapar los positivos de sus atletas con orina limpia, la manipulación de los controles y las muestras, y la intervención de los servicios secretos (la antigua KGB) con motivo de los Juegos de Invierno de Sochi 2014.

Desde entonces 26 deportistas rusos han dado positivo en las muestras congeladas y reanalizadas por la AMA. McLaren explicó en su segundo informe que más de mil deportistas rusos de 30 disciplinas, incluido el fútbol, se beneficiaron del sistema de dopaje. «Rusia actuó deliberadamente y diseñó una conspiración institucional en deportes de verano y de invierno desde 2011 hasta 2014», describe.

El cóctel de la «duquesa»

«The New York Times» aporta la última información. El exdirector del laboratorio de Moscú, en busca y captura, presuntamente protegido por el FBI, Grigori Rodchenkov, guardaba sus secretos en un dietario con anotaciones manuscritas. Y detalla las conversaciones con altos cargos del país: Vitaly Mutko, entonces ministro de Deportes y ahora viceprimer ministro ruso; Yuri Nagornykh, exviceministro de Deportes y miembro del Comité Olímpico ruso; e Irina Rodionova, responsable de la preparación de las selecciones nacionales. Rodchenkov escribió que el asistente de Rodionova le había llevado un coctel de drogas conocido como la «duquesa»: una mezcla de tres tipos de esteroides anabolizantes con vermouth.

Durante los Juegos de Sochi, también planeó el transporte de cientos de mililitros de orina limpia que los atletas habían almacenado durante meses en botellas viejas de refresco y debían usarse en lo que el químico llamó «el plan Sochi».

Cuatro días antes de los Juegos, Rodchenkov escribe en la agenda que se reunió con Mutko para presentar la lista de los atletas que habían ingerido «duquesa» y cuya orina sería sustituida por la limpia. En esa reunión se habría sugerido que el laboratorio para los Juegos se mantuviera abierto incluso después de Sochi para realizar experimentos adicionales.

En los Juegos de Río, el COI adoptó una decisión salomónica: dejó en manos de cada federación la sanción o no de los rusos según su expediente de «limpieza». Hoy se espera otro tipo de resolución.