Golf

El brillo de las mujeres españolas

En lo que va de siglo han logrado 43 triunfos internacionales y ya hay más de cien profesionales en activo

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En 1958 sorprendió el paso a profesional de Elvira Larrazábal, una prometedora golfista vizcaína que mantuvo en jaque a las señoritas de la alta sociedad de entonces. Pero su cambio de categoría estuvo justificado al ser la hija de Angelín, el profesor de Neguri, y para dedicarse a perpetuar su estela docente.

No menos llamativo fue el caso de la segunda pionera, Marta Figueras-Dotti, en 1982. También a ella la afición le venía de cuna (su padre Luis fue presidente de la Federación Española), pero la motivación fue otra: competir con las mejores. Se fue a Estados Unidos y allí comenzó la historia moderna del golf femenino español. A su estela otras compatriotas comenzaron a salir al extranjero con éxitos puntuales (Xoni Wunch, Tania Abitbol o Marina Arruti) hasta que, con el nuevo milenio, el triunfo ya se convirtió en una costumbre.

Raquel Carriedo y Paula Martí fueron números uno europeas y, junto a Ana Belén Sánchez y Tania Elósegui, acabaron jugando en el LPGA. También actuaron en los equipos europeos de la Solheim y sirvieron de acicate para las siguientes generaciones. «Cuando yo era amateur, en los años 90, nuestra aspiración era llegar a los equipos nacionales –dice Itziar Elguezábal, campeona de la época–. Ahora, por contra, las niñas hacen mucho deporte y quieren ser profesionales desde pequeñitas». Este ha sido el caso de Patricia Sanz, que junto a su hermana Marta compaginará este año el Symetra Tour americano con el Circuito Europeo. «Nuestra motivación siempre ha sido emular a Carlota o Azahara; para eso nos esforzamos a diario. La vida del golfista es muy solitaria y poder compartirla con otras españolas te ayuda a superar los malos momentos, como cuando estuve un año lesionada».

La razón del auge de las profesionales españolas, en calidad y cantidad (ahora mismo hay 106 con licencia en vigor) se debe a varios factores. Por un lado, a la labor de la RFEG, que las apoya a través de su programa ProSpain, como indica su responsable Pablo Bernárdez. «Los primeros años son los más difíciles para ellas y nosotros les damos ayuda técnica y económica a través de todos los escalones para que puedan llegar al top-50 mundial».

Poder vivir del golf

Para las que no cuentan con tarjetas internacionales o las que quieren ponerse en forma, el Santander Tour es una gran opción. «En estos últimos seis años ha habido muchas españolas que han tenido la ocasión de ejercer su profesión en el Circuito Nacional –comenta su promotor, Carlos García Hirshfeld– y así se hacen mejores. En la última escuela del LET han sacado la tarjeta una docena de jugadoras de nuestro tour».

Esa idea de poder vivir del golf la comparte Adriana Zwank, del comité femenino de la PGAde España (WPGA), que en apenas cuatro años han logrado romper muchas barreras. «Las propias jugadoras se han dado cuenta de la importancia de pertenecer a un grupo y de luchar por sus derechos. Tienen los referentes de las que triunfan en Estados Unidos y también ven que pueden vivir del golf en España, ya sea compitiendo o realizando otras labores relacionadas».

Aunque el centenar de profesionales no se dedica a competir, sí tienen el mismo fin: lograr que aumente el número de jugadoras. «Me agrada la cifra porque significa que se está trabajando bien a todos los niveles –apunta Figueras-Dotti–, pero queda mucho por hacer. Necesitamos más apoyo económico y torneos para potenciar aún más el golf femenino».