Cultura - Música

The Cure ilumina el lado oscuro

La banda de Robert Smith ofrece un concierto nostálgico y pletórico en Madrid

Robert Smith, al frente de The Cure, en su concierto en Madrid - ÓSCAR DEL POZO
Robert Smith, al frente de The Cure, en su concierto en Madrid - ÓSCAR DEL POZO
Robert Smith, al frente de The Cure, en su concierto en Madrid - ÓSCAR DEL POZO
Robert Smith, al frente de The Cure, en su concierto en Madrid - ÓSCAR DEL POZO
Robert Smith, al frente de The Cure, en su concierto en Madrid - ÓSCAR DEL POZO

El Spiderman del que habla Robert Smith en «Lullaby» no tiene nada que ver con el superhéroe simpático, aunque acomplejado, de la casa Marvel. El suyo resulta bastante más inquietante. El vídeo que acompañaba esta canción pudo dejar traumatizado a más de un treintañero de ahora. El hombre que aparecía en 1989 atrapado en la tela de araña y que iba a servir de cena al arácnido ser es el mismo que anoche pasó como un torbellino por el antiguo Palacio de Deportes de Madrid, tal y como se llamaba este recinto en su anterior visita, hace ocho años. Donde dejó estupendo recuerdo, igual que ahora. The Cure ha mantenido la jerarquía de grupo de culto de gran éxito sin sacar un disco de estudio desde 2008, con un estilo que pasa por el rock gótico, el afterpunk, el indie o el pop bailable, todo ello unido por la argamasa de la voz de su carismático líder, un bajo contundente, un teclado de sello inconfundible y guitarras poderosas.

Hace muchos meses que colgaba el cartel de «no hay entradas», y no cabía ayer un alma, atormentada o no, en el lugar. Un concierto de The Cureya no es un desfile de pelos disparados, cruces colgando y ropajes tenebrosos: apenas se distinguieron unos cuantos con este aspecto. En cambio Robert Smith solo ha alterado el color del pelo, ya que ahora es más gris. El peinado es el mismo, y la vestimenta negra también, como no podía ser de otra forma. Sigue armando un alboroto considerable con sus cuatro acompañantes, entre los que Simon Gallup al bajo, con aspecto de rockabilly pendenciero y segundo miembro más antiguo de The Cure, merece mención particular.

Viajan a España –el jueves estará en Bilbao y el sábado en Barcelona– con una gira que sirve de repaso a sus cuarenta años de existencia, aunque se anuncia también alguna rareza. La mayor fue «It Can Never Be The Same», uno de los dos temas inéditos compuestos para esta gira. Además, no dan tregua. A sus 57 años, el británico realiza una sesión maratoniana que empieza como si aquello fueran los cien metros lisos y no una carrera de fondo de casi tres horas. En los primeros cinco temas no hay apenas descanso. «Open» abre la sesión, y siguen como una exhalación «High», «A Night Like This», «Push» e «In Between Days». Entonces Smith bebe un poco de agua, cambia de guitarra, y a seguir con «Pictures of You».

Se trata de todo un atracón para los fans; hasta treinta y una canciones con un repertorio que firmaría cualquiera de estos seguidores. Los primeros botes, eso sí, muy verticales por el angosto espacio que había entre los cuerpos, llegaron con «Just Like Heaven», que hizo acto de presencia tras un emotivo «Lovesong» que Smith compuso a su futura esposa.

La intensidad no decayó en ningún momento, pero en los hasta tres bises que ofreció el grupo británico es donde se descargaron las principales bazas: «Play for Today», «A Forest», «One Hundred Years»... y la gran traca final del tercer «encore»: «Lullaby», «The Walk», «Friday I’m in Love», «Boys Don’t Cry», «Close to Me» y «Why Can’t I Be You». No hubo alarde de efectos especiales. Bonitas luces, algunos vídeos de fondo e imágenes de cámaras estáticas en las pantallas laterales. No hacía falta más.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios