Cultura - Libros

Ken Liu y la fantasía que viene de China

El escritor pone en pie un nuevo mundo para el género que ha inventado, el «silkpunk», en «La Gracia de los Reyes»

Ken Liu
Ken Liu - ABC

El formato preferido de Ken Liu -nacido en Lanzhou en 1976, emigrado a Estados Unidos a los 11 años- siempre había sido el relato corto y su género, la ciencia ficción. Su cuento «El zoo de papel» le ha convertido en el primer autor en la historia en ganar los premios Nébula, Hugo y World Fantasy Award por un mismo relato. Sin embargo, Liu albergaba en su interior el anhelo de pasarse a la novela: «Quería profundizar en los personajes y en su mundo, y desarrollar todo ello para comprobar cómo funcionaba también desde un punto de vista social y moral».

Dicho y hecho. Tanto ha profundizado este escritor que, además de crear un nuevo mundo de fantasía desde sus cimientos, afirma que éste inaugura también un nuevo género, el «silkpunk». El germen llega ahora a España con «La Gracia de los Reyes» (Alianza Editorial), la primera parte de su trilogía «La Dinastía del Diente de León» (la segunda parte se publicará en 2017 y la última, en 2018).

¿En qué consiste el «silkpunk»? Liu afirma que es a la vez una estética y una técnica literarias. Con él homenajea el «steampunk», que se desenvuelve en una ambientación de la Inglaterra victoriana, pero en un mundo de fantasía y ciencia ficción con tecnología futurista. En el caso de «La Gracia de los Reyes», el escritor recrea la China medieval y desarrolla claves tecnológicas más avanzadas que las existentes en aquella época, aunque basados en ella. «Uno de los conceptos de ingeniería más importantes de la Asia oriental de la época es la imitación del movimiento animal -explica Liu-. Por eso, hay zeppelines que flotan como medusas en el aire, botes sumergibles que se mueven como las ballenas, cometas de batalla…».

Ingeniería de la tradición

En cuanto al enfoque literario, «es una combinación de las más profundas tradiciones occidentales y las orientales. Uso todo ello como una «ingeniería de la tradición», para crear una completamente nueva. Lo de «punk» indica una situación desafiante, de revolución». Así, encontramos un emperador que ha reunificado las Islas de Dara, después de una larga y sangrienta campaña. Pero mantiene unido el imperio con opresión, corrupción y trabajos forzados. El caldo de cultivo perfecto para una revolución y para crear el mito fundacional de su propia civilización. «Cada cultura tiene uno -indica el autor-. Define a sus habitantes como nación, por ejemplo, en el caso de Roma tenemos a «Rómulo y Remo». En China nos encontramos con la Dinastía Han. Así que me pareció fascinante escribir sobre ella desde una perspectiva del ‘‘silkpunk’’».

La dinastía Han

Con la Dinastía Han caló profundamente la idea de que cualquiera podría liderar una revolución, luchar por una causa justa y convertirse en emperador. En la fantasía épica de Liu, un guardia de prisión convertido en bandido y un noble desheredado unen sus fuerzas para derrocar al tirano.

Las cruentas batallas, las peligrosas intrigas y traiciones y las acciones de dioses y diosas que intentan inclinar la balanza hacia uno u otro lado se suceden a un ritmo trepidante, que no cesa. «Al contrario que en las novelas típicas de ‘‘steampunk’’ donde siempre hay un regreso a la época dorada anterior, quiero construir otra idea. Mis personajes casi nunca tienen éxito. Pero eso no significa que lo que están intentando no sea útil o valioso. Persiguen sus objetivos y, aunque no tengan éxito, pueden cambiar las cosas o mejorarlas. Es la idea de la revolución perpetua».

De este modo, los gérmenes de las siguientes novelas se encuentran agazapados en sus páginas. Un ejemplo de ello son las mujeres. En más de la mitad del libro no hay ni rastro de ellas, pero llega un punto de inflexión y todo se altera. «He desarrollado la historia en tres libros y quería mostrar como la sociedad puede cambiar. En el primero se recrea el mito fundacional con la técnica del ‘‘silkpunk’’, pero el segundo y el tercero lo rompen. He tratado de reunir otras muchas voces (hay otras «invisibilidades» de las que no habla como los pobres, los homosexuales...) para que cambien ese mito».

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