LIBROS

Elvira Navarro: «Adelaida García Morales estaba fuera del canon»

No como una crónica, sino como una «obra de ficción»: así califica Elvira Navarro su acercamiento a la mítica autora de «El sur» en «Los últimos días de Adelaida García Morales»

Elvira Navarro, autora de «Los últimos días de Adelaida García Morales»
Elvira Navarro, autora de «Los últimos días de Adelaida García Morales» - Maya Balanya

¿Qué le llevó a interesarse por Adelaida García Morales

Adelaida García Morales era una de las propuestas de lectura de mi manual del bachillerato para estudiar la literatura española contemporánea. Creo recordar que no dio tiempo a leerla. Como yo ya era lectora voraz, me quedé con la referencia de la obra que el manual analizaba, «El silencio de las sirenas», y la leí por mi cuenta poco tiempo después. Hasta ese último capítulo del libro de texto dedicado a la literatura contemporánea, lo que habíamos estudiado eran autores y autoras que formaban parte del canon. Encontrarte con una escritora desconocida en mitad de aquel plantel de nombres santificados tenía el efecto, para la lectora ingenua que yo era, de asimilar también al canon a García Morales. El que luego apenas la viera nombrada y reivindicada me hizo preguntarme muchas veces qué podría haber pasado con esa autora que en mi manual parecía destinada a la gloria literaria.

¿Se convirtió en una de sus escritoras preferidas? ¿Ha leído/releído ahora toda su obra para escribir su novela? ¿Qué título de García Morales recomendaría especialmente?

Prefiero hablar de obras predilectas más que de autores de cabecera, pues a menudo la producción de un escritor o escritora es muy desigual. De sus novelas, me interesan sobre todo aquellas en las que la ausencia (del padre, de la pareja) son excusas para abrir el espacio a lo fantasmal, para diluir la convención a la que llamamos realidad: «El sur & Bene», «El silencio de las sirenas» y, en menor medida, «La lógica del vampiro». «El sur & Bene» y «El silencio de las sirenas» son obras muy peculiares en el mejor de los sentidos, y que recomendaría. He leído el resto de su obra para escribir la novela

«En principio, pensaba escribir un cuento, pero el texto desbordó el relato corto»

¿Con un criterio diferente al de simple lectora? ¿Buscando en la obra de García Morales algo específico?

Quería averiguar si había habido una injusticia en la poca repercusión de las obras posteriores a «El silencio de las sirenas», lo que a su vez me habría llevado a modificar las hipótesis sobre su desaparición del panorama literario.

Su novela se publica el 22 de septiembre, el mismo día en que dos años antes murió García Morales. Imagino que es intencionado...

¡No es intencionado! Nada lo fue, ni siquiera el libro, que se me cruzó a raíz de leer dos «e-mails» de la escritora y socióloga Rosario Izquierdo Chaparro en los que me narraba una anécdota sobre García Morales acontecida poco antes de su muerte. Mi idea era limitarme a convertir esa anécdota en un cuento que incluiría en un conjunto de relatos, pero el texto desbordó el relato corto.

Para el personaje de la realizadora que prepara un documental. «Adelaida García Morales no podía ser de este mundo, no era real» ¿También es así para usted?

En cierto modo sí, pero esa afirmación se refiere no a la Adelaida García Morales real, sino a su personaje. A la leyenda que la rondaba, y que al igual que sus primeros libros, hacía pensar en una ruptura de la convención, en una voluntad de no trazar la típica biografía de escritora centrada en su carrera, lo cual no deja de ser una ficción romántica, una convención más.

«El libro nació a raíz de dos "e-mails" de Rosario Izquierdo Chaparro donde me narraba una anécdota sobre García Morales acontecida poco antes de su muerte»

Después de sumergirse en su figura, ¿qué características principales le asignaría?

Bueno, he de aclarar que yo no me he sumergido en su biografía sino, como he dicho antes, en su leyenda. Adelaida García Morales es en mi libro una excusa para abordar algunos temas que me inquietan, como la desaparición, la relación entre el arte y las instituciones o el desamor de este país hacia su patrimonio.

«La concejala opina que uno se construye o se destruye solo, y que la única excepción a esto son los azares extremos, como un accidente de avión», se lee en su novela. ¿Se aplica a Adelaida García Morales?, ¿es una manera de la concejala de acallar su mala conciencia?

Al no haber hecho una investigación biográfica me resulta imposible decir si hubo una voluntad de destruirse. En el caso de la concejala, hay que tener en cuenta que ella sufrió las consecuencias de un padre que se autodestruyó. Ella carga así las tintas contra su padre y contra todos los que se le parecen. Es una manera de culpabilizarlos, de vengarse.

Ese personaje de la concejala resulta muy sugerente, «le atrae todo lo que no quiere entender» y está obsesionada por su padre alcoholizado ¿Cómo la definiría?

Es un personaje que ha acabado en un sitio que la incomoda: una concejalía de cultura. La concejala tiene una relación institucional, y por tanto superficial, con el arte y en general con cualquier cosa que rompa lo que ella considera normal, como el que te superen los impulsos autodestructivos. Sin embargo, no me interesaba que esto se debiera a una incapacidad de comprender, pues soy de la opinión de que no existe incapacidad, sino rechazo. Ella abomina de ciertas situaciones a causa de su historia personal, y en el fondo es consciente de que su cerrazón no se debe a que sea tonta, sino que no acepta lo que le ha hecho daño. Quiere destruirlo no otorgándole legitimidad. También hay en ella un complejo de inferioridad con respecto a la cultura debido a que en su juventud la despreciaron por no ser culta, así que adopta una actitud defensiva. Sin embargo, no abandona la concejalía y a solas trata de penetrar en un universo que cree vedado para ella. Para más «inri», sufre de cierta paranoia, es decir, que su propia conducta no responde a la normalidad que ella espera de la conducta de los demás. Es incapaz de ofrecer lo que le exige a los otros.

También resulta estimulante el de la realizadora. ¿Frente a la concejala, se siente muy cercana a la personalidad de Adelaida?

Para la realizadora el conflicto está en hacer una historia de ficción con una persona que existió de verdad. Durante el rodaje irrumpe un elemento fantástico que hace que lo que inicialmente iba a ser un acercamiento libre a la figura de Adelaida García Morales se convierta en una invención. A partir de ahí, la realizadora revisa todos los abordajes posibles para rechazarlos, pues se da cuenta de que lo que ella persigue a través de García Morales está del lado de la creación.

«Tenemos un sistema educativo deplorable, y los políticos no hacen más que oportunismo y demagogia»

Aclara en la propia novela que «es una obra de ficción», no una crónica. ¿Desde el comienzo decidió plantear así la historia?

Sí, desde el principio. Y no fue meditado. Cuando recibí los e-mails de Rosario Izquierdo mi cabeza se puso en modo ficción. En mi caso, nunca hay una premeditación a la hora de elegir cómo escribo, sino que se imponen unos caminos u otros por motivos que se me escapan. Si desobedezco al impulso inicial, no puedo escribir nada.

¿Ha querido llamar la atención sobre la indiferencia, cuando no desprecio, de la sociedad, en especial de los políticos, hacia los creadores? ¿Tiene remedio que al poder no le interese la cultura?

Digamos que es un tema que me inquieta por ser yo creadora, pero no es la intención del libro darle un sermón a nadie ni postular que leer o ir a museos nos hace mejores. Sí considero, en cambio, que renunciar a vías de exploración, y el arte es una vía, es limitar la manera en como podemos pensar, vivir o sencillamente divertirnos. Y esto no se aplica solo al arte. La marginación de la cultura ha de leerse en un marco más amplio: hay un desprecio por el saber, que siempre tiene una potencialidad emancipadora. A las élites de nuestro país jamás les ha interesado tener un pueblo instruido. La ignorancia es más fácil de manejar, y eso es lo que se ha fomentado. La cuestión de la educación sigue pendiente, tenemos un sistema educativo deplorable, y los políticos no hacen más que oportunismo y demagogia. Hacer otra cosa es impopular.

¿Cómo encuadraría esta novela en el resto de su producción?

Es la primera vez que hago ficción a partir de un personaje público, la primera vez que coqueteo con el ensayo y la primera vez que me reapropio de materiales ajenos.

De la realizadora se dice que leerá con asco los artículos que describen la literatura de Adelaida como «literatura femenina». ¿Qué opina en ese eterno debate de si hay o no esa literatura con rasgos particulares

El problema de lo que se denomina «literatura femenina» es que se visibiliza un solo lugar de emisión, el de la mujer, cuando la literatura puede llevar otros adjetivos. También se emite desde lo masculino, desde la juventud, desde la vejez, desde la riqueza, desde la pobreza, desde un convento… En fin, que si nos ponemos a categorizar, sería infinito y absurdo. Sin embargo esa absurdidad es justa si se mantiene esa única etiqueta, «literatura femenina». Y es que lo que ocurre de facto es que lo que se silencia se presenta como neutro cuando no lo es. Eso por un lado. Por otro, la etiqueta «literatura femenina» se refiere al rol convencional de lo femenino, así que cuando alguien habla de que una escritora hace literatura femenina ya le está colgando el sambenito de la pasividad, la sumisión, el amor romántico, la maternidad y demás mandangas. Ya ahí podemos imaginarnos la portada del libro de color rosa. Desde luego, se puede elegir escribir desde esa idea de lo femenino, pero lo que no es de recibo es que no se visibilice el resto de lugares de emisión y que a cualquier libro escrito por una mujer cuyas protagonistas sean mujeres se le categorice como «literatura femenina».

Abre la novela una cita de Adelaida: «Comprender no era suficiente para reconciliarme con tu existencia». De alguna forma ¿la literatura es un privilegiado instrumento para comprender la vida, su complejidad, sus contradicciones?, aunque quizá no nos reconcilie con ella…

No sé si sirve para comprender, a lo mejor solo tenemos la ilusión de que comprendemos. Lo que sí está claro, al menos para mí, es que sirve para explorar, amén de que da sentido a mis días. Un sentido pequeño, de andar por casa. Y además me lo paso bien. Crear es muy parecido a jugar. Pierdo la noción del tiempo mientras escribo, de la misma manera que la perdía cuando era niña mientras jugaba.

¿Está embarcada en una nueva novela? ¿Irá por la línea de «Los últimos días de Adelaida García Morales»?

Estoy terminando un libro de cuentos, y tengo a medias otro formado por novelitas cortas. Diría que ninguno está en la línea de «Los últimos días de Adelaida García Morales» y que todos están en la línea de «Los últimos días…»

Hábleme de su «blog» Periferia…

Abrí Periferia en 2010 con ánimo de explorar un tipo de escritura más inmediata y relacionada con algo que me gusta mucho, que es pasear por la ciudad, sobre todo por barrios que no conozco. Hay un poco de todo en el «blog»: crónica, testimonios, investigación y ficción. Y también artículos de prensa, pues durante unos meses la edición madrileña de «El Mundo» me permitió publicar allí mis periferias.

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