Cultura - Arte

Nicholas Nixon, retratos de la intimidad sin filtros

El fotógrafo estadounidense expone en Madrid una retrospectiva que engloba todas sus series

Foto del año 2016 correspondiente a la serie «Las hermanas Brown», de Nicholas Nixon
Foto del año 2016 correspondiente a la serie «Las hermanas Brown», de Nicholas Nixon - NICHOLAS NIXON

No necesita más filtros Nicholas Nixon (Detroit, 1947) que la dosis de realidad que inocula a cada una de sus fotografías. Consagrado como maestro del retrato, y reacio a subirse al carro de las cámaras con superpoderes, el artista estadounidense presenta una cartilla trufada de trabajos en los que los hechos, acuñado el término en un sentido muy próximo al de los cánones periodísticos, adquieren un protagonismo absoluto en la imagen, sin espacio ésta para condimentos que corrompan la factura artesanal de sus piezas.

Lo muestra en la que para él es la mejor retrospectiva de su carrera hasta el próximo 7 de enero, en la sede de la Fundación Mapfre en Madrid. Doscientas fotografías tomadas entre 1974 y el pasado julio que cavilan en torno al ser humano y lo que éste suscita en el autor, con un importante espacio para el trabajo autobiográfico, y que rezuman emociones sin cortar.

Foto del año 1975 correspondiente a la serie «Las hermanas Brown», de Nicholas Nixon
Foto del año 1975 correspondiente a la serie «Las hermanas Brown», de Nicholas Nixon- NICHOLAS NIXON

El peso de la muestra recae sobre la colección «Las hermanas Brown». En ella refleja, año a año, con sus arrugas sobrevenidas, sus canas e incluso la inoportuna picadura del insecto de turno, la evolución de cuatro hermanas desde el verano del 74 hasta la actualidad. Entre ellas está su esposa, Bebe, la mayor de todas y la tercera por la izquierda en cada imagen. Son la síntesis más atinada de la fotografía de Nixon: las mujeres posan sin imposición alguna, dando por buena la mueca que sus emociones alimentan en el momento del «click», y en el cuadro apenas hay algo que no sea la carne de las protagonistas. Dice que el día en que alguna de las cuatro muera, el cuerpo le pedirá seguir, quizá hasta que sólo quede una. ¿Acaso hay una manera más veraz de retratar las grietas del paso del tiempo?

Incoloro

Un retrato de su mujer desnuda, sus hijos babeando a una edad sumamente temprana, la vida que pasa bajo un porche en un barrio inhóspito de Kentucky, el anciano turbado ante sus últimos años entre las cuatro paredes de una residencia de mayores o el sufrimiento entrelazado de la víctima del sida y el familiar que la acompaña. Todas ellas son fotografías incluidas en la retrospectiva que comisiona Carlos Gollonet, y que tienen en las capturas de retazos de la ciudad, casi siempre de Boston, y en la vacuidad de unas cortinas mecidas por el aire, el contrapunto inerte que pone el lazo a su obra. Todo ello, sin rastro de color –porque, a diferencia de en la pintura, en la fotografía «no es sensual, no lo sientes»– y en el añejo formato de ocho por diez, que le permite ver las tomas al completo.

La literatura es su otra gran fuente de inspiración. Explica que le da algo que no sabe cómo expresar. Y remata: «La manera en que los hechos se hacen poesía… lo absorbo. A veces una melena me recuerda a algo que leí en Tolstoi. Cuando saco una foto quiero que trascienda, que vaya más allá de lo que relato. La literatura es lo mismo. Si tienes suerte harás algo especial, pero tienes que empezar por lo concreto. Las fotos en blanco y negro, como las páginas, son todas iguales, pero se desarrollan a medida que te acercas».

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