Irene Díaz, minutos antes de evacuar su casa en Miami.

Una gaditana, en el ojo del huracán Irma

Irene Díaz relata cómo afronta la llegada al sur de Florida del mayor ciclón registrado en el Atlántico

Así ha sido su experiencia tras abandonar su casa en Miami y recorrer 450 kilómetros en coche para llegar a Tampa

CádizActualizado:

Vientos monstruosos de casi 300 kilómetros por hora, lluvias torrenciales, inundaciones y tornados. ¿Sería capaz de enfrentarse a la furia desatada de la naturaleza?.

Cuando la gaditana Irene Díaz llegó a Miami hace un año con un programa de intercambio de profesores no se imaginaba que se vería obligada a dejar su domicilio por culpa del «el huracán más grande y potente del Atlántico». Irma ha llegado a alcanzar un diámetro aproximado de 650 kilómetros, lo que equivale a ocupar una superficie mayor que Uruguay.

La gaditana vive con su gata Lola en una casa baja con jardín y ha tenido que evacuar. La virulencia de Irma ha obligado a seis millones de personas a hacer las maletas y huir de Florida. Aerolíneas como Delta o American han reforzado sus vuelos y han aumentado plazas disponibles pero conseguir un billete de avión (a un precio razonable) antes de que cierren los aeropuertos ha sido imposible para muchos vecinos por el aluvión de desplazados.

«No hay vuelos y los que quedan son carísimos. Desde el martes ir a Nueva York cuesta más de 1.000 dólares cuando antes pagabas 60 o 100 euros. ¡Imagínate lo que supone para una familia! Además, hay que sumar los gastos del hotel si no tienes alojamiento. Yo finalmente he optado por irme en coche con un amigo pero aquí, las distancias son tan grandes que surgen otros problemas como el abastecimiento de combustible. ¡Nosotros estuvimos todo un día buscando una gasolinera que aún dispensara carburante!», relata la gaditana a LAVOZ antes de emprender un viaje de 450 kilómetros hacia el norte que les llevará hasta Tampa, en costa oeste de Florida. La bahía de Tampa, donde viven unos 4 millones de personas, no afronta el impacto de un huracán desde hace casi un siglo.

La furia del ciclón arrasa Barbuda y Saint-Martine en el Caribe, golpea con furia Puerto Rico y Cuba, y se adentra con fuerza en Miami

La situación preocupa a la población y a las autoridades porque la dimensión de Irma y su potencia hacen prever una destrucción de una magnitud colosal. Miami ha ordenado la mayor evacuación de su historia y ha obligado a huir a 650.000 vecinos de las zonas A y B, las más expuestas. La evacuación es obligatoria para residentes y vehículos en la parte más cercana a la costa. La directriz afecta a núcleos turísticos como Miami Beach, Cayo Vizcaíno, Coral Gables y el barrio de Brickell Avenue, entre otros.

Sin embargo, evacuar no significa coger la maleta y salir. «Antes de dejar una casa hay que seguir un protocolo. Aquí todo está muy organizado». Irene explica que ya ha tenido que almacenar agua y alimentos no perecederos y preparar un botiquín de primeros auxilios con vendas, antisépticos, gasas, algodón, tijeras y aspirinas porque «aunque pase el huracán después hay inundaciones y tormentas que puede interrumpir los servicios básicos». Realizar todos estos preparativos lleva tiempo porque no es fácil cuando seis millones de personas acuden al supermercado a comprar latas de atún, alubias, tomate, agua, aceite, agua, velas, pilas y linternas. Las imágenes que llegan de estanterías arrasadas evidencian que algunos suministros escasean. «No hay agua desde el pasado lunes y los vecinos se ponen en cola con bidones cuando saben que va a venir el camión de reparto. Yo he tenido que recurrir a Amazon para poder abastecerme. Los precios de los alimentos no han subido, al menos yo no lo he percibido», comenta Irene.

Otra de las recomendaciones pasa por sellar puertas y ventanas; despejar y asegurar todos los objetos que puedan salir volando; desconectar antenas, equipos eléctricos, la nevera y el gas. Los barcos se han trasladado de la costa al interior y los albergues y refugios están preparados para acoger a las mascotas. Todos los garajes de la ciudad están abiertos para que los residentes puedan aparcar gratis. La excepcionalidad de la situación ha provocado que no se cobre ni las autopistas ni los peajes pero pese a existir rutas preestablecidas para agilizar los desplazamientos las caravanas han sido inevitables. Y, muchas familias con niños y abuelos han quedado atrapadas en la carretera y han tenido que dormir en el coche o aparcamientos improvisados.

Irma no está sola

Por primera vez desde hace siete años se registran tres ciclones simultáneos en esta zona del Atlántico. José y Katia, que se han sumado al poderoso Irma, se han transformado también en huracanes. Y, aunque su potencia no es comparable, es raro y estremecedor. «Mi familia está muy preocupada por lo que ha pasado en las islas del Caribe pero trato de tranquilizarlos porque aquí los edificios están mejor construidos, hay más opciones y están muy bien organizados. Por ejemplo, hay puntos donde los camiones descargan arena y te dan sacos de plástico para que tú mismo los llenes y le los lleves si los necesitas. Aún así, no puedes evitar los nervios porque aunque los pronósticos están bastante claros, no se puede saber exactamente qué trayectoria seguirá el huracán».