La inauguración del hotel Miramar en Málaga
La inauguración del hotel Miramar en Málaga - FRANCIS SILVA
TURISMO

El hotel Miramar, emblema del lujo, se abre a Málaga

Hoteles Santos inaugura con una gran fiesta el señero establecimiento fundado en 1926, ya reabierto hace unos meses

MÁLAGAActualizado:

En 1926 abrió sus puertas el Hotel Príncipe de Asturias en Málaga –el restaurante sigue teniendo ese nombre–. Lo hizo con la presencia de Alfonso XIII y María Victoria Eugenia. Sobre sus tejados una inmensa corona brillaba con orgullo. Se había constituido el gran centro del lujo en Málaga. Aquel hotel era el sueño de las estrellas que se acercaban a la ciudad.

En sus diferentes épocas, pasaron los más ilustres nombres por allí. Desde Elizabeth Taylor a Ava Gardner pasando por Orson Welles, Jean Cocteau, Anthony Quinn, Ernest Hemingway o las personalidades nacionales Carmen Sevilla, Lola Flores y el diestro Antonio Ordóñez. Años en los que se formó la leyenda. Ahora el Grupo Santos ha rescatado aquel glorioso pasado. Ayer, con una fiesta a la que asistieron más de mil personas, fue inaugurado oficialmente de nuevo, tras varios meses abierto de forma parcial, para volver a convertirlo en uno de los centros de referencia del lujo en la Costa del Sol.

Imagen antigua del Miramar
Imagen antigua del Miramar-ABC

La vocación es ser «un punto de encuentro social, político y económico», como asegura Mariola ValladAres, su nueva directora, porque «más que un hotel, es un símbolo de la ciudad» en el que los precios por habitación rondan desde los 300 a los 8.000 euros por noche en las suites. Lugar donde, en los últimos diez meses han sido habituales las convenciones, los congresos y que, recientemente, acogió el Foro España Japón.

El hotel cuenta con 13.000 metros cuadrados de superficie y 190 habitaciones. Tiene 9.000 metros cuadrados de zonas ajardinadas con árboles centenarios. Entre los últimos espacios inaugurados está su terraza «chill-out» Media Luna en la séptima planta. Espacio que complementa la oferta de SPA o gastronómica.

Entrada del hotel restaurado
Entrada del hotel restaurado-F. SILVA

Los gestores pretenden recuperar el brillo perdido, comenzando por la corona, que fue lanzada desde el séptimo piso en 1931 con la llegada de la II República, momento en el que también perdió su nombre original. Ahora el luce una réplica exacta de aquella corona primigenia, que es sólo uno de los guiños a la historia del lugar, que lo vio cerrar sus puertas con la Guerra Civil y para mil avatares.

En sus paredes luce el escudo de Málaga. La entrada a su patio central está dominada por arcos árabes y la inscripción «Alá es grande», muestra de la tradición morisca que se remata con el escudo del Reino de Granada. Precisamente fue un árabe el primer cliente que se alojó en sus habitaciones tras la apertura parcial.

El hotel es un repaso a la historia. Los emblemas de Castilla, León y Aragón también están presentes en el lugar. «En cualquier lugar puedes encontrar un escudo o una pintura. La orden desde la dirección es conservar y proteger», añade Ana Belén Gutiérrez, directora de Marketing del Grupo Santos, quien advierte del yugo y las flechas en las paredes, también muesca del pasado de este resort, que en 1936 se convirtió en hospital.

Volvió a ser Hotel Miramar entre 1939 y 1967, hasta que el turismo se asentó en Torremolinos y Benalmádena. Años en los que allí recalaron la reina Isabel de Bélgica y María José de Italia, entre otras personalidades, que lo llevaron a las páginas de la revista «People».

Luego llegarían años de abandono para el majestuoso edificio de Fernando Guerrero-Strachan. Sin amparo ante el saqueo o el pillaje. Hasta que en 1987 se convirtió en el Palacio de Justicia de la capital malagueña. Por sus calabozos pasaría lo más «granado» de la delincuencia del lugar. Y los primeros juicios contra Jesús Gil y el resto de la trama de corrupción marbellí empezaron a celebrarse en sus salas.

Jesús Gil bebe agua mientras espera un juicio en el Miramar cuando fue juzgado
Jesús Gil bebe agua mientras espera un juicio en el Miramar cuando fue juzgado-ARCHIVO

«Eso lo salvó», remarca Ana Belén Gutiérrez. Una vida de despachos que se alargó hasta 2007. Tras esto, un concurso público, que ganó Hoteles Santos, para una rehabilitación que tenía unos costes iniciales de 65 millones de euros puesta en manos del estudio de arquitectura de José Seguí.