Rafael Ruiz - Crónicas de Pegoland

Prohibir a Azaña Rafael Ruiz

El caso de la agenda de Lucena demuestra lo tonto que se ha vuelto este país

LA Junta de Andalucía ha decidido, vía orden de los inspectores de Educación, que el Ayuntamiento de Lucena no reparta una agenda escolar en la que aparecía una foto de Franco. Yo que el alcalde lucentino, que es socialista, le haría caso al inspector porque se trata de funcionarios probos, muy serios. No sé si ustedes recuerdan que, en la etapa escolar, había un día donde los maestros se ponían especialmente nerviosos: La visita de la Inspección. En plena clase, aparecía un señor o una señora revestidos de la máxima autoridad posible, los niños nos poníamos de pie y nos preguntaban la tabla del nueve o que recitásemos el pretérito pluscuamperfecto del verbo averiguar. Puestos a confensarse, el día del inspector acojonaba tanto como las pelis de Stephen King.

Pues la cosa de Franco es que en Lucena tienen algo así como un pequeño museo donde han custodiado enseres de los colegios a lo largo del siglo XX. Tienen los antiguos pupitres, el encerado (que era como se le decía a la pizarra), un globo terráqueo con la URSS y todo y, evidentemente, los retratos obligatorios de las aulas españolas. Están en la pared Alfonso XIII, los dos presidentes de la Segunda República (Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña), Franco y el Rey Juan Carlos I y la Reina Sofía, hoy eméritos. Y esa era la foto de portada de la agenda escolar de este año.

Hubo protestas porque aparecía el dictador y, sinceramente y por más que repaso la foto, no veo ánimo apologético. No es que en Lucena se nos hayan vuelto de las JONS de un día para otro ni que pretendan que los tiernos escolares aparezcan brazo en alto en la clase de Competencia Digital. La imagen viene a ser el recuerdo de lo que un día fue. Aulas por las que pasaron nuestros padres, nuestros abuelos y nosotros mismos. Para evitar susceptibilidades, se optó por una medida lucentina: barata y práctica. Colocar una pegatina en el careto del gallego, que aparece en chiquito como corresponde. Muy en la la línea de esto de la ley de la memoria histórica que consiste en cogérsela con papelillo de fumar.

En la Junta se ve que dijeron que el asunto no podía ser. Que vaya vergüenza, escándalo y etcétera de forma que la Inspección dio órdenes estrictas de cargarse la agenda entera. Una vez impresa y pagada, se realizará otra tirada donde aparezca, imagino, un arbolillo, la bandera de Andalucía o algún elemento típico de Lucena. Se supone que así quedan apaciguadas las almas nobles que prefieren el agujero de un siglo a la explicación histórica y racional del mismo.

Lo más curioso del asunto es que se han cepillado a un dictador pero también a los dos únicos jefes de Estado que ocuparon el cargo por votación popular y al que lo hizo tras un referéndum masivo por el que los españoles dijeron sí a la Constitución. Felicidades, analfabetos, habéis prohibido a Azaña quien, con enorme sabiduría, dijo lo siguiente: «Republicanos, monárquicos o anarquistas, los españoles hacemos siempre las mismas tonterías».

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