ADICCIONES

Los preadolescentes cordobeses empiezan a beber alcohol a los 13 años

La búsqueda de una borrachera casi instantánea se convierte en un hábito cada vez más popular

Dos jóvenes beben alcohol en la calle
Dos jóvenes beben alcohol en la calle - ABC

El fenómeno tiene un nombre prestado del inglés pero que se ha hecho popular entre los profesionales de las Urgencias sanitarias y en las asociaciones de ayuda a las personas que padecen alcoholismo: «Binge drinking». La traducción al español se resume en consumir cantidades de alcohol excesivas en muy poco tiempo con el único objetivo de conseguir una intoxicación casi instantánea. A ese peligroso juego es al que se dan cientos de niños que acaban de poner un pie en la adolescencia o ni siquiera eso: cuando deberían estar entretenidos con sus bicicletas o estudiando en sus casas se reúnen en la calle en pequeños grupos para darse a la bebida.

«Algunos de ellos apenas han hecho la Comunión», esgrime Valentina Lucena Jurado, psicóloga de la Asociación Renacer, una de las más activas en la ciudad en beneficio de las personas con problemas de adicción a la bebida. Su afirmación no es ninguna broma: «Tenemos comprobado que muchos chavales empiezan a familiarizarse con el alcohol, a acercarse a él, justo después de hacer la Primera Comunión», indica esta especialista, que pinta un panorama bastante sombrío acerca de las conductas etílicas de la población menor de edad.

«Podemos decir con tranquilidad que con doce o trece años todos los niños ya han probado el alcohol», suscribe. Y añade: «Este hecho no es ninguna novedad en verdad, porque siempre ha sido más o menos así: la diferencia es que antes el consumo no era abusivo, pero ahora sí, porque ahora beben para emborracharse como único objetivo».

El Observatorio Español sobre Drogas es claro en este sentido. «Entre las notas distintivas que caracterizan el consumo juvenil de alcohol cabe señalar la disminución de la edad del primer contacto con esta sustancia así como la forma compulsiva que llega a alcanzar este consumo, con un 2,6% de jóvenes de 15 a 28 años (unos 235.000) que se emborrachan todos los fines de semana», señala la citada institución. «Otro aspecto a resaltar es la creciente incorporación de las mujeres jóvenes al consumo de alcohol, de tal modo que, en estos momentos, existe una práctica equivalencia en las tasas de consumo entre ambos sexos en las edades comprendidas entre los 15 y los 18 años», añade el Observatorio.

¿Pero por qué se ha rebajado de una manera tan notable la edad del primer contacto con la cerveza o con los combinados? Las explicaciones son múltiples, pero una de las que tiene más peso es que el consumo de bebida deriva en una proyección social que no es negativa, más bien al contrario. «Beber es, en muchos casos, un hábito social que está bien visto: el problema es cuando los individuos, y los jóvenes en concreto, no son capaces de poner límites, cuando no saben parar a tiempo ni se dan cuenta de los riesgos que están asumiendo», resalta.

Y las consecuencias pueden ser nefastas. Entre los profesionales que se dedican a la atención de personas con dependencia alcohólica está asentada la opinión reconocida de dos especialistas en este asunto, que son Baumrind y Moselle. «El consumo habitual de drogas en adolescentes dificulta su natural desarrollo afectivo, de forma que impiden su madurez psicosocial y crean una ‘fisura’ en la formación de la identidad, un hecho que podrá devenir en una identidad adulta difusa y en una falta de claridad en las metas de la madurez».

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