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No te rindas Natividad Gavira

Los jóvenes cordobeses soportan un 18% más de paro que los que tenían 35 años o menos hace una década

Los jóvenes cordobeses soportan un dieciocho por ciento más de paro que los que tenían treinta y cinco años o menos hace una década, y son muchos menos por el declive demográfico. Ahora hay un poco menos del doble de los parados de hace diez años que busca trabajo. Por pudor no invocaré su preparación académica, su competencia digital y su formación en idiomas. Huelga repetirles que su capacitación técnica e intelectual será el reactivo para abandonar esta etapa desesperada. No todos tienen la misma cualificación pero la media de los empleados jóvenes sí vive con los escasos recursos de los sueldos «actuales». Se ha instituido el «hoy» como un tiempo al que resignarse, una etapa de la que solo queda esperar recuperación y a caso un poco de suerte. Jóvenes y no sabemos que solo nuestra acción personal encontrará la salida. Poco esperamos ya de los gobiernos y sus planes con nomenclaturas imposibles surgidas de la coyuntura electoral.

Están censados un dieciocho por ciento menos de jóvenes menores de 35 años que hace una década y a esta edad, ya superada la ilusión de la independencia y la propiedad inmobiliaria, muchos carecen de horizonte laboral seguro. Ya ni siquiera es una aspiración la seguridad. La tendencia les indica que la estabilidad es un concepto caduco y cada entrevista de trabajo es una travesía sembrada de ansiedad, cada contrato un salvoconducto con que sortear la precariedad. Los poderes públicos no remedian la situación porque los planes de empleo carecen de continuidad y el mercado laboral está solo sujeto a rentabilidad económica.

Cuando el talento, la capacidad y las ganas de comerse el mundo es remunerado con poco más de nueve mil euros al año de media, dos mil euros anuales menos que en el resto de Andalucía, la mirada de reproche se me escapa hacia los que hicieron de la economía cordobesa un erial y convinieron, con la complicidad de los políticos, tratar a estos jóvenes como carne de matadero. Para qué hablar de sus pensiones si antes dudarán de ellas los empleados de ahora que serán jubilados de dentro de dos décadas.

Cuando se instala la creencia de que el azar y la suerte dominan el juego de dignificar tu vida a través del trabajo, despojamos a las generaciones de la voluntad de encontrar un camino propio y único, el que corresponde a los seres inteligentes y capaces que son.

Por eso les propongo acopiar energía para encontrar el camino por oscuro que se presente. Buscar hasta encontrar el lugar que les pertenece según tu capacidad. Porque creo que mientras tengas algo que contar, deben escribirlo. Hazlo. Mientras creas que tu camino no acaba más que de empezar, debes tomar otra vez impulso. Construye tu historia sin buscar el cobijo del conformismo. Intenta no ceder a la ignorancia. Sigue. No te rindas.

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