Juan Pablo Durán, en el Parlamento
Juan Pablo Durán, en el Parlamento - EFE
Nepotismo en el Parlamento

El momento más amargo de Juan Pablo Durán

Ha tenido escándalos pero nunca de carácter económico porque no ha tenido cargos de gestión

CÓRDOBAActualizado:

La situación creada en el Parlamento de Andalucía tras la contratación de una empresa donde trabaja el sobrino de su presidente, Juan Pablo Durán, para labores 2.0 probablemente sea el trago más amargo de la vida política del exsecretario general del PSOE de Córdoba. Escándalos ha tenido pero nunca éstos tuvieron carácter económico, como el que está encima de la mesa que es un nepotismo presunto de los que aparecen en los manuales.

Durán ha tenido momentos apretados en otros momentos de su carrera como el vídeo que le grabó un militante del PSOE en Peñarroya-Pueblonuevo cuando acababan de detener a la entonces alcaldesa, Luisa Ruiz, producto de la operación «Rocket». Comparó el arresto con los muertos de las cunetas de la Guerra Civil porque la derecha «no hace prisioneros ni heridos». Aquel vídeo provocó un auténtico lío político que dejó a Durán tocado del ala (por la crudeza del apoyo a una detenida por presunta corrupción) aunque su principal apoyo, Susana Díaz, siempre estuvo con él.

En el asunto económico, en temas de gestión o nepotismo, Durán siempre ha salido indemne por una razón: nunca ha gestionado directamente ni un euro público. Todos los cargos que ha tenido el presidente del Parlamento eran representativos pero no de gestión. Fue concejal de la oposición en la capital pero no pudo conseguir la presidencia de la Diputación, como ansiaba. Pese a haber sonado varias veces, nunca fue consejero de la Junta. Pasó de su asiento en el Pleno de Córdoba a la presidencia del Parlamento directamente.

Un cañonazo político

Un episodio como el del contrato a la empresa El Cañonazo Transmedia le deja tocado seriamente porque es muy difícil que el presidente de un Parlamento se vea envuelto en un caso de estas características. La gestión se ciñe a las partidas de la Presidencia, de la administración interior de la institución. En los últimos meses, se veía venir el marcaje. Podemos, particularmente, fue durísimo con la determinación de la Cámara de seguir pagando dietas incluso cuando no hay periodo de sesiones, pero Durán salía indemne de nuevo porque se trata de decisiones colegiadas. Incluso en caso Guadalquivir Futuro, la fundación que tanto apoyó desde las sombras, el político socialista nunca acabó con un rasguño. Nadie ha tenido nunca en su poder pruebas documentales de trato de favor.

El caso del contrato 2.0 es una pedrada en la cresta por el momento en el que pasa, los socialistas deberían estar celebrando la reforma del Impuesto de Sucesiones, y los hechos narrados. No hay intermediarios. Es su contrato, su sobrino y su decisión, por mucho que se haya descargado la responsabilidad en su jefa de comunicación, Mercedes Pastor. Durán ha apelado a la legalidad de la medida, que no se ha puesto en duda, aunque defendiéndose sin papeles (hasta el martes). Mucha fanfarria para un hecho que debería ser simple: abrir una carpeta, fotocopiar unos contratos y remitirlos a todo aquel que los pida.

El simbolismo del caso

Además, existen asuntos simbólicos en esta materia, de puro componente moral. La decisión de contratar deprisa y corriendo a una empresa pasa en las mejores familias. Que se vaya a una sociedad mercantil madrileña sin que medie una mínima concurrencia competitiva para una campaña sobre el cuatro de diciembre de 1977 (el momento fundacional de las aspiraciones de autogobierno), y que ya de paso sea la empresa donde trabaja el sobrino, envía mensajes no agradables que solo puede tener una coraza: el apoyo de la inquilina de la presidencia de la Junta, Susana Díaz. La oposición sabe que ha mordido hueso. Durán es núcleo duro, uno de los capitanes susanistas que provocó el incendio en la ejecutiva federal y puso en la calle a Pedro Sánchez.

La búsqueda del talento fuera del entorno andaluz, el desprecio al emprendedor sector local de las tecnologías (que ni siquiera pudo competir), la presencia de un familiar. Y que se pasara por alto como un elemento circunstancial (lo más natural del mundo) como que esa empresa, y solo esa, tenía en su nómina a un familiar del presidente. Todo ello es lo que convierte el caso de El Cañonazo en justo eso. Bum.