Restos del convento de Santa Inés, de donde se fugó Elvira Bañuelos
Restos del convento de Santa Inés, de donde se fugó Elvira Bañuelos - V.M.
PASADO CORDOBÉS

Leyendas de Córdoba: la historia de los hermanos Bañuelos y sus duelos por honor, venganza y amor

Elvira Bañuelos planeó fugarse con el hombre al que amaba ante la oposición de sus hermanos, y eso le costaría la vida

CÓRDOBAActualizado:

Hubo otros tiempos en los que el honor se defendía con la vida, y en los que la voluntad de una mujer no valía nada. La tragedia de los hermanos Bañuelos de Córdoba, que recoge el libro «Historias y leyendas de Córdoba II», de Marcial Hernández, da buena cuenta de ello. El empeño de una joven por vivir con el amor de su vida le conllevaría la desgracia y su propia muerte.

Los hermanos Bañuelos, procedente de una familia burguesa instalada en Córdoba desde el siglo XV, vivían en un enorme caserón que se encontraba en la plazoleta que forman las bocacalles de la calle Plata y Diego de León. Elvira, Alfonso y Fernando habían quedado huérfanos y el mayor, Fernando, había heredado la casa solariega, muy destartalada, y poco más. Por ello, pensó en recuperar la posición que correspondía a su apellido casando a su hermana con el hijo de su amigo José Fajardo, Caballero de la orden de Calatrava, Pedro Fajardo, un hombre rico en propiedades y sobrado en años.

Sin embargo, Elvira se había enamorado de Juan de Vargas, de familia ilustre pero de escaso patrimonio. Y cuando Fernando propuso a la joven el acuerdo marital, esta se negó en rotundo «y dijo a su hermano que prefería entrar en religión, de monja, en el convento cercano de Santa Inés [en el barrio de la Magdalena], y así lo hizo», recoge el libro.

No obstante, y pese a su reclusión, Elvira siguió comunicándose con Juan de Vargas y ambos planearon su fuga. La fecha elegida sería una noche de enero, pero cuál fue su sorpresa cuando al otro lado de los muros del convento la joven se encontró no solo a su amante, sino a sus hermanos, a los que un criado del cenobio había avisado.

Muerta en una habitación

En la refriega, Juan de Vargas mató a Alfonso, y Fernando agarró a Elvira y se la llevó prisionera a su palacio. «Una semana después y poco antes de marchar obligatoriamente a la guerra se presentó Vargas en su casa pidiéndole la libertad de la amada Elvira, pero descubrió horrorizado que Fernando la mantenía muerta en una habitación, tendida sobre su lecho y rodeada de flores ya marchitas y casi sin color».

Fernando y Juan se batieron entonces en duelo y Fernando logró herir gravemente a su contrincante. Pensando que estaba muerto, se marchó del lugar y enterró a su hermana en el cementerio de San Miguel, junto a la iglesia.

Un año después, Fernando fue al camposanto a visitar la tumba de su hermana, a la que él mismo había matado, y se encontró allí con Juan de Vargas: no murió en el duelo, aunque sí quedó malherido. Era el momento de la venganza: ante la tumba de su amante, Juan acabó con la vida de Fernando.