Rafael Maldonado en una imagen de archivo de ABC en el interior de su casa de Aguilar de la Frontera
Rafael Maldonado en una imagen de archivo de ABC en el interior de su casa de Aguilar de la Frontera - J. PRIETO
AGUILAR DE LA FRONTERA

El deseo frustrado del coleccionista de arte de Aguilar de la Frontera

Rafael Maldonado, que murió este domingo, no ha podido cumplir su objetivo de donar a sus vecinos su vasto patrimonio

CórdobaActualizado:

El Ayuntamento de Aguilar de la Frontera va a perder la oportunidad de contar con un importante legado de colecciones propiedad de Rafael Maldonado. Y es que este cantante y artista aguilarense murió este domingo sin poder hacer realidad uno de sus mayores deseos: Donar a sus vecinos buena parte del patrimonio que fue atesorando durante toda su vida.

Una sala completa de estilo isabelino del siglo XIX que perteneció a su abuela, un niño Jesús con más de dos siglos de antigüedad realizado en una desconocida técnica de estaño hueco, una talla de la Purísima en madera, cien relojes de bolsillo o una envidiable colección de abanicos de nácar, hueso y asta...

Esta es sólo una ínfima parte de las piezas que fue atesorando Maldonado. Hace unos ocho años empezó una ardua tarea explicando a los gobernantes locales que estaba dispuesto a donarlo todo siempre que se contara con un lugar idóneo para instalar las piezas que, hasta ahora, están decorando su casa en la céntrica calle Mercaderes. Quiso dejar la cesión hecha en vida para poder ser testigo de la donación. Así lo explicó en alguna ocasión a ABC.

Pasear por su casa ha sido, hasta el momento de su muerte, introducirse en un recinto mágico. Hasta cincuenta cuadros vitrina llenan las estancias con los más diversos objetos todos de antigüedad y riqueza más que sobrada.

Vajillas y tazas de cerámica del siglo XIX, una numerosa colección de monedas que, por seguridad, guardaba en una caja bancaria, lienzos y cuadros que llenan todas sus paredes. Y este importante patrimonio no fue conseguido sólo a base de herencias.

Desde pequeño nació en él un afán desmedido por todo lo que tuviese aroma de antigüedad. Con el tiempo, gracias a su trabajo en distintas compañías líricas y musicales recorriendo gran parte de España y Europa, siguió atesorando piezas que iba acumulando en la vivienda en la que residió en Madrid hasta que se jubiló hace más de veinte años.

No hay que olvidar que estudió solfeo y canto en Madrid y que fue, entre otros, fundador del Coro de Cantores Clásicos de Radio Nacional de España y también del Coro de Cantores Clásicos de Madrid. A esto hay que unir su faceta en la compañía de revista de Celia Gámez y, por último, la que ha sido su dedicación más larga con la compañía de Tamayo.