INTERNACIONAL

El conflicto de Venezuela visto desde Córdoba

Cuatro venezolanos residentes en Córdoba cuentan cómo viven el la dramática situación que amenaza a su país

Un opositor venezolano en una protesta contra Maduro
Un opositor venezolano en una protesta contra Maduro - REUTERS/Ueslei Marcelino

Suena un mensaje de móvil en el grupo de «WhatsApp» de la comunidad de venezolanos en Córdoba. Quizás un testimonio de un familiar relatando desde allí un nuevo capítulo de violencia o quizás un mensaje tranquilizador para las personas que viven este conflicto a kilómetros de distancia. Una herramienta para conocer de primera mano lo que está ocurriendo en su país sin caer en la saturación de las redes sociales. Viven la situación con la angustia y la impotencia que dan los miles de kilómetros que separan a familias enteras y amigos, divididos por un conflicto que ya se ha cobrado demasiadas vidas en este país latino que vive en un continuo enfrentamiento entre oficialistas y opositores y que, además de violencia, genera un desabastecimiento general.

Ninoska Domínguez
Ninoska Domínguez- VALERIO MERINO

Pendiente de un móvil vive Ninoska Domínguez, una opositora venezolana que llegó hace 15 años a Córdoba huyendo del régimen chavista. «Primero vinieron los más pequeños de la familia y luego fueron llegando los mayores», recuerda. Un viaje que emprendieron cuando las cosas empezaron a ponerse complicadas. Natural de Maracaibo, a sólo 80 kilómetros de la frontera con Colombia, Ninoska explica que su familia y ella decidieron salir de Venezuela motivados por la «falta de seguridad y el odio extendido entre las distintas clases sociales en los últimos años de Chávez, en los que éste se fue radicalizando». «Mis padres tuvieron hasta tres trabajos para poder comprar una casa, un coche y conseguir que sus hijos estudiaran», expone Domínguez. Un logro que para algunos chavistas fue visto más bien como «un pecado».

«Decidimos salir de Venezuela por la falta de seguridad y el odio entre clases sociales en los últimos años de Chávez»Ninoska Domínguez
Aunque puede considerarse afortunada, ya que la mayor parte de su familia ya ha salido de Venezuela, aún conserva familiares y amigos por los que sigue muy pendiente de la actualidad. Entre ellos, una sobrina que está a punto de dar a luz. «Su ginecólogo ha huido del país y no dormimos intentando buscar desde aquí una matrona que le asista», confiesa. Una vivencia que se suma a la preocupación por los familiares y amigos que se han quedado solos. Al desabastecimiento de alimentos hay que sumar las carencias en materia sanitaria. «No paramos de mandar medicamentos de manera privada, buscando fórmulas para hacerlo porque está prohibido, pero tenemos un hijo de unos amigos con cáncer y allí no hay medios para curarlo», asegura Ninoska.

Si la convivencia en Venezuela ya era complicada en los últimos meses, la puesta en marcha por parte de Maduro de la Asamblea Constituyente ha supuesto el detonante del conflicto. «Hemos tenido que llegar a este punto para que la comunidad internacional se haga eco de lo que está pasando y empiecen a llamar a las cosas por su nombre, por ejemplo, reconocer que allí hay una dictadura», señala Ninoska. En su opinión, la mejor solución sería «una intervención extranjera, porque allí el diálogo es imposible, los chavistas sólo entienden de imponer y reprimir».

Ni los kilómetros evitan los problemas con el gobierno venezolano. «Tenemos graves dificultades para renovar los pasaportes, ya que es el gobierno de allí el que tiene que mandar las citas a través de una plataforma y no las mandan, lo que está provocando que miles de venezolanos tengan el pasaporte caducado y no puedan renovar su permiso de residencia», explica Ninoska. En este sentido, solicita al Estado español que «permita renovar los permisos con los pasaportes caducados».

Cristóbal Blanco
Cristóbal Blanco- VALERIO MERINO

Paz es lo que también pide todos los días Cristóbal Blanco, neurocirujano venezolano del Hospital Universitario Reina Sofía. A sus 36 años, este médico lleva 11 en España. Un país en el que ha encontrado la tranquilidad junto a su mujer y sus hijos, aunque permanece al día de lo que sucede en Venezuela, puesto que allí continúan sus padres, junto a otros familiares y amigos. «El problema de allí es que a ambos bandos les conviene el caos y ninguno quiere la paz ni el bien común, sólo miran por sus propios intereses frente a la mayoría del pueblo, que quiere un país pacífico y próspero», opina. En esta misma línea, Blanco se mantiene «escéptico ante los populismos, y en Venezuela somos muy vulnerables a ellos». La situación de sus padres es su principal preocupación. «Lo están pasando mal porque es un problema global, el país está deprimido y eso afecta al abastecimiento de alimentos, al funcionamiento de la sanidad y a todos los ámbitos».

«Tememos por la seguridad. Un país desesperanzado es un país peligroso»Cristóbal Blanco
Sin embargo, aunque siente «profundo dolor» por lo que están viviendo sus familiares y amigos, Cristóbal lleva dos años sin viajar a su país. «Tememos por la seguridad, un país desesperanzado es un país peligroso», confiesa. Por otro lado, este médico es optimista de cara al futuro. «Vamos a salir de esto, pero no con los que ahora están en el gobierno ni con los de la oposición, tenemos que poner a gente preparada porque tenemos los recursos para volver a ser un gran país», esgrime.

Aunque muchos de los venezolanos que viven en España han llegado en los últimos años, algunos llevan más de media vida en nuestro país. Éste es el caso de Jaime Sarmiento, que llegó en 1978 y que mantiene la doble nacionalidad. Desde la perspectiva que da la distancia, Sarmiento cree que «la situación en el país es muy complicada, pero no es la guerra que nos quieren hacer ver». En su opinión, «algunos tienen muchos intereses en justificar una intervención extranjera». Algo que no sería del agrado de Sarmiento. «Esto lo tenemos que solucionar entre nosotros», explica.

La polarización de los medios y la imagen que se está dando en el exterior es otro de los aspectos que inquieta a Sarmiento. «Hay zonas en las que hay inseguridad y violencia, por ejemplo la capital, pero no hay una guerra como cuentan con audios falsos y fotos manipuladas, porque nosotros hablamos con gente de allí que nos lo dice de primera mano», cuenta.

Adrián Peña
Adrián Peña- VALERIO MERINO

«Se han mostrado vídeos diciendo que el gobierno pone bombas a los opositores y era al revés; la gente se lo cree y genera más violencia»Adrián Peña
Con miedo también a una intervención extranjera vive en Córdoba Adrián Peña desde hace tres años. En este caso, tiene aquí a su madre, aunque mantiene familia directa aún en Venezuela que le informa del día a día del país. «A mi madre le llegan mensajes de gente que sólo quiere asustar y tengo que tranquilizarla», critica este joven de 27 años. A su juicio, «la situación de Venezuela está mal, sobre todo en Caracas, pero no tanto como la pintan, nosotros somos de zona rural y allí las cosas están muy tranquilas», relata Peña. En este sentido apunta que «se han mostrado vídeos diciendo que el gobierno ha puesto bombas a los opositores y resulta que era al revés, pero la gente se lo cree y al final lo que se genera es más violencia».

Para Peña el principal problema del país es el de la producción. «No estamos preparados para producción a gran escala y eso genera carencias en el abastecimiento», confiesa. Sobre la oposición, tiene claro que «no quieren entendimiento, sólo quieren poder y el dominio de recursos como el petróleo». Aunque se muestra «inquieto» por sus familiares, no tiene pensado volver. «Para viajar hay que pasar por Caracas y ahora mismo es delicado», concluye.

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