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First Dates

Las bromas pesadas que arruinaron una cita de First Dates

Sergi se tomó demasiadas confianzas con María y acabó volviendo a casa soltero

María tuvo muy claro que no quería volver a verse con Sergi
María tuvo muy claro que no quería volver a verse con Sergi - CUATRO
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First Dates empieza la semana renovándose, innovando el formato del programa para evitar caer en la monotonía, algo casi inimitable tras más de 580 noches emitiendo. Carlos Sobera se ha convertido en el celestino más famoso de la historia de la televisión. A Cuatro no parece que se le vayan a acabar pronto los solteros en busca de amor, y desde First Dates buscan nuevas fórmulas para dinamizar las citas.

Este lunes, a modo de experimento, los comensales de First Dates se sentaron a cenar con los ojos vendados y, por tanto, sin poder ver a su pareja hasta después de responder si querían tener una segunda cita con la otra persona. Los concursantes se ven sometidos así a un escrutinio por parte de la audiencia, que podrá comprobar quién de ellos se dejan guiar únicamente por el aspecto físico.

Las caras de los comensales al recuperar la vista son de lo más variado, yendo de la agradable sorpresa hasta una mezcla de asco y decepción. Una de los momentos más simpáticos de la noche nos lo proporcionó Rosa, que se mantuvo en su decisión de tener una segunda cita con Charlie cuando descubrió que tenía la cara llena de pendientes y los brazos cubiertos de tatuajes. «Pues molas mucho, me encanta», dijo la mujer para sorpresa de los allí presentes. Ella le había advertido a su pareja que «no soy muy guapa, tampoco soy ningún fideo», pero Charlie, cuando miró a Rosa a los ojos, le dijo que había exagerado. Cuando dos personas se gustan la apariencia es solo algo secundario.

Un poco más indecisa que Rosa fue Naomi, una estudiante sevillana de 20 años que se sentó a cenar con Antonio, también estudiante andaluz que lucía una voluminosa cresta sobre su cabeza. Al quitarse el antifaz, Naomi quedó un tanto impactada por el cabello de su pareja pero finalmente no quiso echarse atrás y le se mantuvo en su decisión de de darle una segunda oportunidad al punki Antonio. «Pero no me gusta nada la cresta», dejó clara Naomi antes de marcharse.

María y Sergi, de 38 y 45, tuvieron una de las citas más accidentadas de la noche. Ella, nacida en Perú, vive en Barcelona, donde trabaja como peluquera. Sergi es un hombre melenudo, «amante de la libertad» y dueño de un bar en la Ciudad Condal, donde nació. La cosa fue bien en un principio, y parecía haber sintonía entre las personalidades de los comensales cuyo estilismo no parecía muy reconciliable.

Pronto Sergi se tomó demasiadas confianzas con María, algo que a ella no le gustó un pelo. Sus bromas fueron cada vez a más, hasta que su pareja se hartó. Cuando María le preguntó que cómo era, él respondió burlón que «con dos brazos, dos ojos, un páncreas...lo normal». Acto seguido, le pidió a María que abriese la boca para meterle comida, haciendo al mismo tiempo comentarios sexuales al respecto. Esa fue la golta que colmó el vaso para ella, que ya tenía clarísima la respuesta que le daría: «No quiero tener una segunda cita contigo».