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Bradley Cooper, durante su entrevista con ABC en el Festival de San Sebastián

Bradley Cooper: «Lady Gaga es una artista increíble»

Bradley Cooper habla con ABC en la presentación de «Ha nacido una estrella» en el Festival de Cannes

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Solo Hollywood puede transformar en una historia de amor el viaje de una camarera desde el fondo de un tugurio hasta lo más alto de la música. Un recorrido que, además, ya se ha visto tres veces. «Ha nacido una estrella» es el nuevo «remake» de un amor sin aristas ni dobleces entre un artista consolidado al que le sobran problemas de adicciones y una desdichada a la que se le escapa el talento en cuanto abre la garganta. Cada generación tiene su estrella naciente. En los años cincuenta, George Cukor dirigió a Judy Garland como la cantante en ascenso y a James Mason como un cineasta decadente. A finales de los setenta, era el turno de Frank Pierson, ya con la historia de dos músicos enamorados con carreras inversas, Barbra Streisand y Kris Kristofferson.

Este último guion es el que recoge Bradley Cooper, que debuta en la dirección mientras comparte protagonismo con la estrella del pop Lady Gaga. «Ha sido fascinante ver cómo se contaba esta historia en cada generación, cada una con su sello indeleble, y espero que esta también. Hay algo en la de Barbra Streisand que reflejó su época», contó Bradley Cooper en el pasado Festival de San Sebastián. «Nací un año antes de que se estrenara, y me sorprendió lo atrevida que era. Esa película se ha quedado dentro de mí», reconoció durante la presentación de su versión de «Ha nacido una estrella».

Una debutante consolidada

Bajo las capas de maquillaje y excentricidad se esconde Angelina Germanotta, el nombre real de Lady Gaga, «una chica sencilla de Nueva York que desde su infancia soñaba con ser actriz», según confesó a ABC en Toronto, y que debuta como protagonista a las órdenes de Bradley Cooper. «Me he encontrado a cientos de personas a lo largo de mi carrera que no creían en mí, pero solo he necesitado a una para hacer mi sueño realidad: Bradley Cooper», agradeció la intérprete, difícilmente reconocible para el público que no sigue su música una vez despojada de todo ese universo de colores con el que se muestra en su faceta musical.

Su actuación sorprende, quizá, por mostrar un rostro nuevo en la industria capaz de imantar la mirada del espectador haciendo que Bradley Cooper pase a un segundo plano, algo parecido a lo que sucede en el propio guión. Él, Jackson Maine, estrella de rock que se sostiene en la cumbre gracias a una estricta dieta de alcohol y drogas, encuentra en ella, Ally, un asidero más sano al que agarrarse. Como forma de redención, la expone al gran público para que todos vean que el talento no siempre se esconde detrás de una cara bonita -una idea, la de la belleza, lo bonito, lo feo y lo atractivo, que remarcan en un puñado de diálogos- y mientras todos se enamoran de ella, él se empieza a sentir solo. Y comienza una espiral de destrucción que termina con todo menos con el amor entre ambos, que parece estar en una dimensión desconocida incluso para el espectador.

«Creo que es importante que los artistas busquen ayuda psicológica cuando están empezando a despuntar porque todo cambia a tu alrededor y no siempre es fácil enfrentarse a esa situación», defendió Lady Gaga sobre esa adicción voraz que sufre su pareja en pantalla y tantos compañeros fuera de ella. «No somos los artistas los que cambiamos, es la gente que nos rodea la que cambia», puntualizó sobre una industria que le parece «poco natural». Una idea similar a la que defiende el director: «La fama tiene que ver con la energía que se da en un espacio, luego viene el silencio», aseguró Cooper.

Salto a la dirección

Al mismo tiempo que Lady Gaga se convertía en una estrella dentro de la pantalla, Bradley Cooper crecía como director. El intérprete se ponía por primera vez detrás de la cámara a sus 43 años. «Clint Eastwood esperó a los 41 para rodar su primera película», ironizó ante su tardío interés. «Creo que el tiempo es la mejor moneda, conforme me hacía mayor me preguntaba cómo aprovechar más mi tiempo. Me encanta hacer cine y desde estudiante ya pensaba en dirigir, y ahora tuve la valentía de hacerlo», contó Cooper, que, eso sí, descarta cualquier salto a la industria musical pese a que aprendió a tocar el piano para la ocasión y que sus actuaciones son de lo más destacable de «Ha nacido una estrella». «Habrá un disco con las canciones de la película, pero no existirá jamás un álbum de Bradley Cooper. Ni yo mismo querría escucharlo», zanjó con una sonrisa.

Lo que sí ha hecho como director es reservarse el papel protagonista. Uno de esos por los que los actores se pelean y disfrutan. Un perdedor camino del infierno con un viaje tan apasionante como desolador. «Cuanto más interesante sea el personaje, más importante será la película. Los actores no nos cansamos a la hora de hacer personajes complejos, con sus contradicciones, sus intereses, que dejan una huella en el interior, y Jackson es uno de ellos», presumió.

Carrera al Oscar

En Hollywood, como en la política, todo se basa en el dinero y en la campaña mediática. Y Bradley Cooper lo sabe. Su nombre se ha colado entre los candidatos para la nominación al Oscar y, con el poderío de Warner y su imagen, todo parece posible. Por eso, en Toronto y San Sebastián hizo «actos de campaña». Cada vez que salía a la calle y paseaba por la alfombra roja no dejaba de coger teléfonos móviles de sus seguidores para hacerse selfies con ellos. Igual que no hubo un periodista al que dejara de atender interpretando la mejor de sus sonrisas. Él, como los políticos, le resta importancia: «Sería maravilloso estar en los Oscar, pero no veo a un artista compitiendo con otras obras de arte, nunca he entendido es lógica. El arte me inspira. He visto grandes películas, como “Roma” de Cuarón, y nunca hubiera soñado competir con ella, sino en que me sirviera de inspiración. Estoy encantado de estar con artistas tan increíbles, todavía me cuesta asimilarlo», dijo, como si el papel de Lady Gaga se le hubiera metido dentro.