La Voz - EL APUNTE

Respaldo al Carnaval

El nuevo paso de la Junta es un buen precedente que debe seguir respaldado por la unanimidad

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Cuando el flamenco fue nombrado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, todos los que pelearon para lograrlo llegaron a la misma conclusión, sin la unanimidad institucional no se hubiese conseguido. Precisamente, la falta de entendimiento entre las administraciones de distinto signo político es lo que impidió, hace más de un lustro, que tanto Cádiz como la Constitución de 1812 –dos candidaturas presentadas por el Ayuntamiento gaditano– no hayan llegado a buen puerto. Pero parece que con la nueva apuesta todo esto ha quedado atrás, que no se van a repetir los errores. Y es que el Carnaval es, hasta el momento, la única causa que ha conseguido unir a todos los dirigentes políticos de distinto signo.

Hace ocho años, el Aula de Cultura del Carnaval de Cádiz decidió que la fiesta gaditana por antonomasia debía tener el reconocimiento de la Unesco, desde entonces, han recabado el apoyo de todas las instituciones implicadas. La Delegación de Cultura de la Junta elaboraba un dossier y los delegados del ramo mostraban su apoyo a los promotores. El Ayuntamiento gaditano siempre logró, con el anterior Gobierno y el actual, que los grupos políticos con representación municipal presentaran un respaldo unánime a favor de la candidatura.

Ahora es la Junta la que declara Bien de Interés Cultural la secular y célebre fiesta gaditana, todo un fenómeno social, histórico y cultural que cuenta cada vez con mayor respaldo académico.

Pero aunque este tipo de precedentes sean un gran respaldo y aunque el consenso político se primordial para que el sueño se haga realidad, también se busca el respaldo ciudadano. Además es necesario que los retos pendientes en la ciudad respecto al Carnaval se cumplan, como es el caso del Museo del Carnaval, un proyecto necesario para generar en la Unesco la intención de salvaguardar la pervivencia de la fiesta gaditana. Hasta ahora, no hay más que un palacio vacío que el alcalde se empeña en presentar con gran entusiasmo pero que carece de presupuesto, proyecto real y, lo más importante, contenido.

Ahora queda un largo proceso, probablemente de varios años, para comprobar si se cumplen los objetivos marcados. Esperemos que en esta ocasión la unanimidad política y académica perdure en el tiempo.