Putos fachas

No ser como ellos, exige envainarse el epíteto intitulado

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No ser como ellos, exige envainarse el epíteto intitulado. Un alto porcentaje de los potenciales lectores de este artículo se habrán visto agraviados y ofendidos, por no ser como ellos. La superioridad moral de la izquierda, es la consecuencia de la separación entre los dos espectros o puntos cardinales de la política: la izquierda y la derecha, el bien y el mal. Dicen que sus valores y sus principios tienen mayor sensibilidad hacia la injusticia y el sufrimiento humanos, de ahí sus revoluciones tendentes a producir cambios en las sociedades que promuevan esos valores. La derecha defiende el ‘statu quo’ y por eso supuestamente adopta la oposición frontal al progreso, de ahí el apelativo «conservador».

Quizás… y sin quizás, con seguridad, la superioridad moral produce intolerancia. Todo lo que no sea su diseño predeterminado en alcanzar su ansiada utopía, produce insensibilidad e indiferencia. Sobre todo, indiferencia a los medios respecto de los fines. Lo dijo en su día Pablo Iglesias, el genuino, no ‘el coletas’ de villa tinajas, cuando advirtió que «el partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales... esta aspiración lleva consigo la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército... Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones». Y a corroborar lo dicho adujo que «el PSOE viene a buscar en el Parlamento, a este cuerpo de carácter eminentemente burgués, lo que de utilidad pueda hallar, pero la totalidad de su ideal no está aquí. La totalidad ha de ser obtenida de otro modo». Y como colofón en su alocución parlamentaria dijo refiriéndose a Maura, que «hemos llegado al extremo de considerar que antes que su Señoría suba al Poder debemos ir hasta el atentado personal». Pues bien, sus aduladores y seguidores, o sea, la izquierda y la progresía más retrograda, son los que, ante la inconsistencia de sus argumentos, insultan y menosprecian al adversario político, tildándolo de facha. Porque así fueron adjetivados Pablo Casado y Albert Rivera en defensa de sus posicionamientos con Cataluña, la inmigración y la unidad de España.

Vayamos con la inmigración. Dijo Casado que no era posible papeles para todos. Toda la camaradería de Iglesias, se echó sobre su pescuezo y fue tildado de reaccionario, xenófobo, insolidario y por su puesto facha. Después del lamentable espectáculo del barco con nombre de bebida edulcorante, esta semana arribaba a Algeciras otro con nombre de ‘brazos abiertos’, pero su pasaje no tuvo el agasajo orquestado propagandísticamente desde el Puerto valenciano. Y ahora situémonos en el mundo de las ánimas. De momento no he visto a Franco a caballo, porque una loza de 3.000 kilos lo impide. Franco es parte de la lamentable historia de España, como los son sin dudas Largo Caballero, Negrín e Iglesias. Mi memoria no da para más de un par de días y estos capullos, por eso de la rosa, pretenden que haga memoria de una parte de la historia que debiera estar pasada y solo presente para ser leída de manera objetiva, sacando cada uno sus propias conclusiones. Pienso que la izquierda necesita a la derecha para reafirmarse en cada momento. Pienso que la derecha tiene que perder definitivamente la vergüenza de no ser de izquierda y manifestarlo abiertamente. Sin medias tintas. Ser de derechas o de izquierdas, consiste en la situación elegida en un eje de abscisa sobre un punto central. Nada más. Las políticas que encarnan cada opción a cada lado del centro son tan legítimas, como las personas que las toman como credo ideológico. A colación con esto, los que no somos producto de la progresía abyecta, esa que se permite tildar de fachas a los que no comulgan con ellos, indicarles para terminar como se las gastaba Iglesias, cuando en sede parlamentaria y sin cortarse un pelo decía que «queremos la muerte de la Iglesia, cooperadora de la explotación de la burguesía; para ello educamos a los hombres, y así le quitamos conciencias. Pretendemos confiscarle los bienes. No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros»…Nada de medias tintas, ante el ataque verbal de facha, la defensa pasa por «comunistas de mierda». Efectivamente, aquellos que insultan al adversario que adocenado lo ha venido admitiendo sin réplica, tienen y deben defenderse, porque los adversarios son los que pregonan sin medias tintas la subordinación instrumental de los medios. Es el comunismo, el socialismo científico, el que ha perpetrado los mayores crímenes contra la humanidad. Por eso repito, «comunistas de mierda».