Cádiz decae silenciosamente

La primera responsabilidad de un Ayuntamiento es mantener la ciudad en condiciones dignas para sus habitantes

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Más de medio centenar de gaditanos han presentado denuncias contra el Ayuntamiento de Cádiz por caídas en la vía pública en lo que va de año. Un cifra que va en aumento y que empieza a salirse de los cánones de normalidad en la ciudad. ¿Por qué? Pues sencillo. La patente falta de mantenimiento urbano hace que cada día haya más desperfectos, más socavones, más adoquines sueltos... Aunque al alcalde de Cádiz y a los periodistas nos parezca increíble, a la inmensa mayoría de los ciudadanos la política se la trae al pairo. Si usted le pregunta a un vecino de la calle Cobos si prefiere que se demuestre que Pedro Sánchez plagió su tesis o que arreglen los boquetes de la Plaza San Agustín, no le quepa duda de cuál será su respuesta. Y si le dan a elegir entre colocar tablones en condiciones para bajar a la playa o una bonita –y demagoga– pancarta en el balcón de San Juan de Dios sobre refugiados, ya le digo yo que elige la playa.

La primera responsabilidad de un Ayuntamiento, aquí, en Villalba de la Sierra y en cualquier municipio de España, es mantener la ciudad en condiciones dignas para sus habitantes. Buena limpieza, buenos servicios de transporte público, buena iluminación, buen manteniento urbano... A partir de ahí, las competencias empiezan a escapárseles y pasan a manos de instancias superiores. Está muy bien para su ideario político que el alcalde y los concejales de su partido nos den el coñazo con la escuela pública y pretendan marginar a los miles de alumnos gaditanos de la concertada, pero no les compete a ellos decirnos dónde queremos que estudien nuestros hijos. Es maravilloso que quieran hacer un plan municipal de salud, pero la Sanidad no es su competencia. Es de la Junta. Suena divino que pongan una placa solar en el tejado del edificio de Eléctrica de Cádiz, pero es –literalmente– un brindis al sol. Ojalá se cumplan sus deseos de que los gaditanos que tuvieron que emigrar puedan volver a trabajar en Cádiz. Pero a él le eligieron para que si un día pueden hacerlo, no se caigan de boca en la calle Brunete por un socavón que lleva ahí ni se sabe el tiempo. Ya no les digo lo emocionante que resulta leer las habituales epístolas del alcalde. Es precioso, preciosísimo, que nuestro primer ministro de La Viña escriba desde su piso de currante manifiestos a favor de la igualdad, de la fraternidad, de la legalité o de la creación de un frente social que combata a la extrema derecha europea. De llorar. Pero está ahí, con sus escasos 18.000 votos, para otra cosa.

Y esa cosa es frenar la decadencia en la que esta ciudad se está sumiendo. Poquito a poco. Calladamente. Pero de forma cada día más evidente.