Özil, durante el partido de ida ante el Valencia
Özil, durante el partido de ida ante el Valencia - REUTERS

Valencia-ArsenalLas otras prioridades de Mesut Özil

Fundador de un equipo de videojuegos y una empresa de cremas ecológicas, el alemán parece cansado del fútbol en un curso discreto a las órdenes de Unai Emery

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El trote perezoso con el que Mesut Özil se desplaza por los campos de fútbol de la Premier League encierra un interés comedido por lo relacionado con la pelota, como si todo lo que conllevara vestirse de corto y romper a sudar fuese una obligación tortuosa para un espíritu incomprendido como el suyo. Cansado hasta de su propia calidad, también de la vida que ésta le ha permitido tener –«No sé disfrutar del dinero», llegó a declarar–, su energía ha virado en los últimos años hacia otros terrenos donde sí ha sabido encontrar calor.

Es así como, a las puertas de un partido decisivo en Mestalla para acceder a la final de la Europa League, anidan en los pensamientos del alemán vicisitudes más relacionadas con quehaceres extradeportivos. Principalmente, su equipo de videojuegos, «The M1O eSports Team», especializado en el simulador de fútbol FIFA y el popular Fortnite. Fue éste último el que le costó un tirón de orejas de su entrenador, Unai Emery, cuando aprovechó el descanso al que le obligaba una lesión para meterse sesiones maratonianas frente a la videoconsola, sentado y con las piernas en la peor posición posible para favorecer una pronta recuperación.

Menos problemática es la empresa de cremas respetuosas con el medioambiente que el año pasado creó junto a su excompañero Mathieu Flamini, hoy en el Getafe. Cualquier excusa sirve para sacar la cabeza del planeta fútbol. Fue ese pasotismo el que le valió los reproches de Ancelotti –quien después de unos cuantos entrenamientos al frente del Real Madrid comunicó a la directiva que no contaba con el alemán– o Wenger, que puso la lupa sobre la reticencia del mediapunta a abandonar su «zona de confort». No han terminado de entenderse las explicaciones de Unai Emery sobre sus reiteradas ausencias en muchos de los partidos que el Arsenal juega fuera de casa, casi siempre referentes a enfermedades que nunca encuentran mayor concreción. En los 24 partidos en que el entrenador le ha dado cancha, el «10» ha marcado cinco goles y ha dado dos asistencias.

El (bendito) problema es que, por más que a sus 30 años Özil se empeñe en sentirse cualquier cosa menos futbolista, su juego insiste en amarrarlo al césped, un espectáculo singularísimo que emerge como deleite cada vez que al campeón del mundo en 2014 le da por afinar su violín. Y como parece que en la ida la melodía no sonó del todo mal, lo más probable sería verlo esta noche ante el Valencia. La otra posibilidad tendría respuestas variadas, entre las que destacan la preferencia de Emery por jugadores de un perfil más bregador para el mediocampo dada la renta cosechada en el Emirates (3-1) o, sorpresa, una enfermedad sobrevenida por quién sabe qué.

Sea con o sin él, el Arsenal aterriza en Valencia pertrechado tras un resultado que, ya se vio el pasado martes en Liverpool, tiene poco de definitivo. Perdida ya la batalla por alcanzar la Champions vía Premier, a los «gunners» les queda la Europa League como tabla de salvación para alcanzar la Champions. Estos 90 minutos servirán como baremo para medir el calibre de la primera temporada de Emery en Londres. El papel y el boli los pondrá Mestalla, la que fue su casa y en la que no se guardan recuerdos con demasiada brillantina del técnico de Fuenterrabía. Hace cinco años, sentado en el banquillo de visitante y con el escudo del Sevilla en el pecho, privó a los de la capital del Turia de una final de la competición europea de plata con aquel escandaloso cabezazo de Mbia.

Más apacible, si es que el adjetivo tiene lugar en una semifinal europea, parece la noche para un Valencia al que el paso de las semanas le ha cambiado la cara, sumido como estaba en una depresión sin luz, revitalizado bajo el manto de Marcelino y de la mano de un Parejo sensacional. Un gol de Diakhaby adelantó a los chés en la ida, pero los problemas del equipo para rendir bajo el esquema de cinco defensas que propuso Marcelino propició la remontada del Arsenal, con dos cañones en punta como son Lacazzete y Aubameyang. Con la final de Copa del Rey como oportunidad y la cuarta plaza en La Liga como prioridad, todo es ilusión en un Valencia al que la fortuna comenzaría a sonreírle si Özil puede quedarse pensando en sus cosas en el banquillo.