Jesús Hurtado
Jesús Hurtado - Óscar del Pozo
Atletismo

Jesús Hurtado: «Corríamos con zapatillas de tela por pistas de ceniza»

El primer ganador de la San Silvestre vallecana recuerda cómo se vivió aquella época en el que los atletas eran «unos pobres desgraciados en pantalón corto»

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«Es nuestro vecino campeón», sonríe una vecina que le promete pasarse después a tomar un café. Jesús Hurtado es la estrella del barrio. A sus 90 años atesora toda una vida de medallas, trofeos y zapatillas de correr que lo han llevado a viajar por medio mundo y a coleccionar diplomas de todos los países y en todas las distancias. Es el primer ganador de la San Silvestre vallecana, en 1964, y también la segunda, y de muchas otras carreras. «Tendré unos 800 premios. Y regalé muchos». Ya no los recuerda todos, aunque una de las habitaciones de la casa sea un auténtico museo de historia del deporte, de la política y de la propia sociedad española.

«Viví en Tetuán, calle Bellver, 15, con cinco hermanos y mi madre. Mi padre murió joven. Pasamos mucha hambre y mucha miseria. No teníamos nada. Me iba corriendo por la mañana a trabajar en la imprenta y por las noches a entrenar. Las pasé negras. Pero después comencé a hacer marcas. Cuando en la mili dijeron quién quería correr levanté yo la mano. Tenía 20 años. Quedé el quinto de 500 participantes. Y ahí empezó todo. Aburrirme, en absoluto. Me encantaba correr. Dejé las zapatillas a los 84. Me operaron de las caderas porque de tanto correr se desgastaron y ahora con el cambio de tiempo, buff. Son 90 años y esos sí que no me los puedo quitar», se ríe mientras pasea la mirada a ese trocito de historia del deporte español que comenzó en las calles de Vallecas. «Sabugueiro, el que se la inventó, me dijo: Hurtadillo, vamos a hacer una carrera, y yo le dije "cojonudo". Le dije que esa carrera llegaría lejos, y mira, más de 40.000 corredores este año. Me dieron una botella, dos chorizos y no sé qué más. No había dinero. Ni de nada. Yo corría todo lo que había para correr: 3.000, 5.000, 10.000, campo a través. Todo. Menos maratón. Con un bocadillo de anchoas y a la calle. De entrenador hacía yo. Y luego José Molins, de Sabadell, que me ayudó a triunfar. Buena gente, muy buena gente».

Eran los inicios del atletismo y de sus protagonistas, «unos pobres desgraciados» en pantalón corto y zapatillas de tela. «La San Silvestre la corrí con unas zapatillas con puntera de goma que costaban quince pesetas o algo así. Luego llegaron las de clavos, que me duraban un mes y medio de lo que corría y que costaban 90 pesetas. Tenía dos pares. Y gracias. Y porque me las pagaban, y eso que nos decían que no las gastáramos mucho. Entrenaba por pistas de ceniza. Que enseguida se hacían unos agujeros que para qué. Y cuando llovía, madre mía, te ponías perdido», relata con todas sus zancadas inmortalizadas en metal a su alrededor. Incluso sirve de lámpara la antorcha que llevó en los Juegos Olímpicos de México 68. Fue el reconocimiento a su esfuerzo por intentar clasificarse. Su marca llegó tarde y no pudo participar.

Jesús Hurtado
Jesús Hurtado - Óscar del Pozo

También, colgada en esa pared forrada de historia, una raqueta que le regaló Manolo Santana, con quien compartió algún entrenamiento. Porque Hurtado corrió dos años con el Atlético de Madrid, pero fue el Real Madrid quien le ofreció un sueldo, «treinta duritos, era el único que cobraba de la familia», para convertirse en «profesional». «Fui el mejor de Madrid, de Castilla y de España. Y más de cuarenta veces internacional. Corrí cinco veces la Copa Internacional. Dos veces corrí en Brasil. En Cuba tenía una habitación de hotel con mi nombre, no tenía que pagar nada. Y Franco (muestra la foto), que me vio ganar unas cuantas veces, me ofreció esta casa. Le dije que la mía de Tetuán era muy mala y dijo que me tenían que dar una. Tuve que pagar 64.000 pesetas».

Vinculado al Real Madrid

Su vinculación con el Real Madrid continuó cuando ya las fuerzas escaseaban para el atletismo. «Le dije a don Santiago (Bernabéu) que había dejado el atletismo y fue él quien me llamó para llevar la Ciudad Deportiva. Era un buen hombre, don Santiago». Allí conoció a todos los jugadores desde aquellos años sesenta hasta la actualidad. «Esta bandeja está grabada con las firmas de todos los jugadores [Milla, Prosinecki, Hierro]. Mira esta foto con Juanito y con Hugo Sánchez. Y estas, con todos los presidentes del club. Con todos», señala orgulloso.

Después de todos los premios, el mayor orgullo es su hijo, también Jesús, que sigue sus pasos en el atletismo. «Se entrena como una bestia. Dice que va a ganar esta San Silvestre en su categoría. Yo ya no voy. Hay que esperar mucho y las caderas ya… Me gustaría ser hijo de Madrid, pero la alcaldesa no me ha hecho caso todavía». Es la única carrera que le falta ganar después de haber triunfado en 90 años de zancadas incombustibles.