Fotograma de «El árbol de la vida»
Fotograma de «El árbol de la vida» - ABC
Novedad editorial

Alberto Fijo: «Terrence Malick es filósofo porque ama la verdad y lleva toda la vida detrás de ella»

El escritor y crítico sevillano publica el libro «Terrence Malick. Una aproximación»

SevillaActualizado:

El escritor y crítico sevillano Alberto Fijo acaba de publicar el libro «Terrence Malick. Una aproximación», una publicación especial de la revista sevillana FilaSiete. Autor de películas imprescindibles dentro del séptimo arte como «Malas tierras», «Días del cielo», «La delgada línea roja» o «El árbol de la vida», este manual hace una completa aproximación a uno de los directores más interesantes del actual panorama cinematográfico.

¿Por qué cree que es necesaria una revisión crítica del cine de Terrence Malick?

No existía en español (en realidad, tampoco en otros idiomas) un acercamiento sistemático a toda la filmografía de Malick. Hay bastantes libros sobre Malick y sus influencias filosóficas, pero ninguno sobre las claves del lenguaje cinematográfico de toda su obra. Además, se acaba de ver en Cannes su décima película, «A Hidden Life».

Está claro que es un director cuyas películas no dejan indiferentes, tanto entre sus admiradores como entre sus detractores.

Es comprensible. Malick es un director en busca de sentido. Como Bresson o Rossellini. Es esencial y poético. Profundo y metafísico. Con esas características hay quien le tiene por un genio y quien le tiene por un pesado.

¿En qué medida influye la formación filosófica de Malick en sus películas?

Como dijo Bresson, la condición de pintor no puede conjugarse en pasado. Bresson es pintor, lo siguió siendo cuando dejó los pinceles por el cine. Malick es filósofo, no solo porque estudió filosofía en Harvard y comenzó una tesis sobre Heidegger en Oxford. Es filósofo porque ama la verdad y lleva toda su vida detrás de ella. Lo apasionante es descubrir por qué Malick decide que el cine será su lenguaje para pensar el bien, la verdad y la belleza y representarlas (de manera inolvidable, a mi juicio, y sin ánimo de imponer nada).

¿Cómo podría definirse la narrativa de este realizador?

Malick quiere trascender el relato convencional de la narrativa cinematográfica. Vuela en busca de infinito, se pregunta por lo que importa. Y para hacerlo usa la poesía, el impromptu musical, el desorden temporal que marca la evocación a un ritmo sereno, saboreando el mundo agraciado. Su cine tiene carácter hímnico, la música es esencial para él. Si entras a ver una película de Malick sin botas de montaña, con chanclas… no te enteras de nada y puedes enfadarte diciendo: ¿dónde está mi playa? Y es que no es playa, es montaña.

Fotograma de «Knight of Cups»
Fotograma de «Knight of Cups» - ABC

Los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) están presentes en sus películas formando una especie de conjunto sinfónico. ¿Por qué se da esta circunstancia?

Me alegra mucho que use el adjetivo sinfónico. Si se entiende, si se ama a Bach, a Mahler, se entiende y se ama a Malick. Sus películas son sinfónicas: aman el mundo y buscan purificar al propio Malick y al espectador que entra en comunión con su himno expiatorio, su requiem. Basta haber llorado en «El Árbol de la vida» o en «To the wonder» para entenderlo… bueno, la poesía no está para ser explicada …

Cubierta del libro
Cubierta del libro- ABC

Malick ha dirigido un total de diez películas, un número relativamente bajo comparado con otros directores de su generación como Spielberg o Scorsese. ¿A qué se debe esto?

Efectivamente, Malick, generacionalmente hablando, es uno de los primeros barbudos que estudian cine en universidades o escuelas de cine en los primeros años 70. Es menos prolífico porque se toma mucho tiempo para montar. El ritmo, el tono, el tempo, la rima de su cine requiere una preproducción y una posproducción muy largas. Malick sueña mucho lo que cuenta. Algunas de sus películas las ha pensado 20 o 30 años.

¿Qué películas de este realizador destacaría por encima de las otras y por qué?

Malick empieza en 1973 con una película maravillosa, «Malas tierras». Y sigue con la magistral «Días de cielo» en el 78. Veinte años después hace «La delgada línea roja» y nos deja asombrados. El «Nuevo Mundo» es tan delicada… Pero creo que «El árbol de la vida» es el techo de una cordillera de ocho miles de la que solo sacaría «Song to song» y «Voyage of time».

Alberto Fijo
Alberto Fijo- ABC

¿Qué es lo que aporta como más novedoso este estudio suyo sobre Malick?

Me gustaría pensar que he sido libre. Malick busca el paraíso perdido, la inocencia, la expiación más que la purificación; y lo hace desde un profundo sentimiento religioso, cristiano para ser exacto, episcopaliano muy cercano al catolicismo para ser preciso. Encajar a Malick, a todo Malick, en la cosmovisión de Heidegger, Cavell, Toureau o Emerson me parece más un ejercicio de pesca académico para acreditarse o publicar papers, cosa que respeto mucho. Pero seamos serios: después de «A hidden life», ¿se puede seguir sosteniendo con fundamento in reque que Malick es heideggeriano o un trascendentalista emersoniano?

¿En qué proyecto está metido?

Escribo una monografía sobre Eugène Green, un director asombroso. Con algunos amigos, preparamos otro libro sobre lo que llamamos el «western renacido», con películas estupendas como «Los hermanos sisters», «Hostiles» y «Deuda de honor». El aliento de mi editor, Juan Pedro Delgado, es vital. Ya hay que ser valiente para mantener viva una revista de cine como Fila Siete. Para hacer una colección de libros de cine hay que ser osado. Juan Pedro lo es.