TRIBUNALES

El retraso en juzgarlos deja en penas mínimas la condena a unos traficantes de José Antonio

Los procesados fueron detenidos por la Policía en 2010 por vender heroína y cocaína en esta conflictiva barriada portuense

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El retraso de unos diez años en juzgar a una quincena de acusados por traficar con droga al menudeo en el barrio de José Antonio de El Puerto ha sido la causa principal para que la condena que se le haya impuesto, tras llegar a una conformidad, haya sido de penas mínimas que, en la mayoría de los casos, han podido ser suspendidas.

Los hechos que llegaron a la sala se remontan a 2009 por lo que se les ha aplicado el atenuante de dilaciones indebidas muy cualificadas ya que la causa ha tardado en tramitarse un tiempo excesivo. Dos de los acusados además fallecieron durante este tiempo.

Según fuentes consultadas, las penas para el delito de tráfico de drogas que causan grave daño a la salud es de tres a seis años de cárcel y a estos procesados la Fiscalía solicitaba condenas que iban en ese arco. Seis años para los máximos implicados y cuatro para el resto, a excepción de aquellos a los que se les aplicaba el atenuante de drogadicción a los que se les rebajó la acusación a tres años.

Con el atenuante de dilaciones indebidas, por imperativo legal, las penas que se imponen se tienen que rebajar en un grado, y si además concurren otros atenuantes, como ocurría en algunos de estos casos, se disminuye otro grado más. En este punto, los procesados y sus defensas llegaron a un acuerdo de conformidad con el Ministerio Fiscal.

Según el escrito de acusación, desde finales de 2009 a principios de 2010 el Grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional en El Puerto tenía fundadas sospechas de que una de las acusadas se estaba dedicando en compañía de otros familiares a la venta y suministro de drogas, en concreto cocaína y heroína. La vendía tanto en su domicilio en el centro de la localidad como en otras viviendas. Además utilizaba a drogodependientes para que trasladaran esas sustancias a cambio de darles alguna papela.

La Policía inició una investigación para determinar exactamente quienes estaban detrás de ese tráfico al menudeo. Y descubrieron que entre los implicados había numerosos familiares de la principal sospechosa. Tanto para la venta de la droga, como encargados de su almacenamiento y custodia, o preparación. Uno de los puntos de venta de mayor actividad que tenían estaba localizado en un domicilio de la barriada de José Antonio. Cabe recordar que en aquella fecha esta era una las zonas de la localidad y de toda la provincia más calientes y conflictivas en cuanto al tráfico de estupefacientes.

Entre los hechos descritos se menciona como uno de los días se interceptó a una de las condenadas entregando un total de trece papelinas de cocaína y heroína a un comprador a través de una de las pequeñas ventanas al exterior que tenía el domicilio de uno de estos bloques.

En otra ocasión a esta misma vendedora se le vio otras trece dosis siguiendo el mismo sistema. Además los investigadores constataron que la actividad durante esos días era habitual. Así, y tras tener suficientes pruebas recabadas, en junio de 2010 se procedieron a los registros de los domicilios de los investigados. Cuatro en total. En el primero de ellos se intervinieron una bolsa con 100 gramos de cocaína con una pureza del 50%, otra con 100 gramos de heroína con una pureza del 50% y otra bolsa de 28 gramos de heroína y una pureza del 36%. Todas estas sustancias las guardaba y almacenaba una de las acusadas para dársela a otra de las procesadas a medida que ésta se la fuese pidiendo. El valor de estas sustancias era de 7.200 euros.

En el segundo domicilio, ubicado en el Barrio Alto de El Puerto, se intervinieron 49 comprimidos de metadona, tres de alprazolam, 426 gramos de una sustancia con trazas de tetrahidrocannabinol (THC)y 0, 278 gramos de hachís, sustancias que tenían para distribuirlas a terceras personas y para que los vendieran otros miembros del clan familiar. Asimismo se intervino una balanza de precisión, una pistola simulada, cinco cartuchos, un cuchillo con una hoja de 15 centímetros, siete teléfonos móviles y un total de 17.410 euros procedentes de las ventas de las sustancias de la misma naturaleza que las intervenidas.

En la tercera vivienda registrada de una de las señaladas como la que más vendía, en un piso del barrio de José Antonio, se decomisaron 570 euros procedentes de anteriores ventas de cocaína y heroína, y diversos efectos como siete radiales, ocho taladros, un arpón, un sable y un machete. Y en el cuarto registro, algunos bienes que se habían adquirido con parte de los beneficios obtenidos por la venta de las sustancias descritas. De las investigaciones y seguimientos que de los citados acusados continuaron realizando los agentes del Grupo de Estupefacientes, se descubrió a otro de los acusados, también del clan, y se lograron interceptar hasta tres ventas de droga que efectuó en otro piso de José Antonio. Todas ellas ventas de trapicheo de cocaína y heroína.

Proveedores de Jerez

Por otro lado, durante el curso de las pesquisas realizadas los agentes descubrieron como la droga que vendían los acusados era suministrada por otro clan familiar de Jerez, con los que se comunicaban fundamentalmente por teléfono y a través de otras terceras personas. Una vez identificados también se puso en marcha otro operativo policial y en los registros de sus viviendas se halló droga, además de útiles para su venta y preparación. También se localizaron y detuvieron a otros intermediarios.

Algunos de los procesados permanecieron en prisión preventiva varios meses hasta que pagaron la fianza que les había impuesto el juez. Finalmente, tras llegar a un acuerdo de conformidad y habérseles aplicado los atenuantes de dilaciones, y a algunos el de adicción a las drogas, y retiradas las acusaciones por blanqueo de capitales en algunos casos, las penas impuestas han quedado entre los dos años y nueve meses para los máximos implicados a los cinco meses de sus cómplices.