La investigadora Laura Prieto, en los laboratorios del CSIC en el Campus de Puerto Real.
La investigadora Laura Prieto, en los laboratorios del CSIC en el Campus de Puerto Real. - Francis Jiménez
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«Nuestro rechazo a las medusas es cultural, son bellas y necesarias»

Laura Prieto, investigadora de CSIC, dirige un taller del Ceimar con la administración para coordinar un sistema de detección y aviso de medusas antes de que lleguen a la costa

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En los últimos años, se escucha como un mantra que el cambio climático ha provocado la llegada de miles de medusas a las playas de la provincia. La razón que se aduce el cambio climático. Una lástima que, pese a lo espectacular que resulta esta relación, no sea correcta. Laura Prieto, investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desmiente esta máxima. La pasada semana, Prieto, desde el Ceimar, coordinó un taller en el que busca desarrollar medidas de actuación, respecto a las medusas, con la administración.

¿En qué consiste este taller entre Ceimar y Administración?

Quiere mostrar cómo se ha desarrollado un sistema de observación de medusas en otras comunidades y cómo está funcionando, con la idea de implementar en Andalucía algo parecido. Por ejemplo, en Baleares llevan años trabajando en un sistema coordinado entre expertos y administraciones para controlar la presencia de estos organismos.

¿Para qué serviría ese sistema?

–Para poder predecir con cierta fiabilidad la presencia de medusas en una zona determinada y en un momento concreto. Algo similar a lo que ocurre con la previsión meteorológica. Pero para eso es necesario, repito, recabar muchos datos para poder ser fiables.

¿Cuándo podríamos tener este sistema en Cádiz?

Este sistema no se completa de la noche a la mañana, o de un año para otro. Para un buen desarrollo es necesario hacer una recogida amplia de datos y coordinar de manera efectiva a todos los entes, desde el científico hasta los responsables de recoger las medusas en las playas. Hay que tener en cuenta el grado extra de complejidad de Cádiz y Andalucía, ya que hay medusas diferentes en el Atlántico y en el Mediterráneo y en ambos lados del Estrecho de Gibraltar. De momento, estamos dando los primeros pasos para empezar a trabajar en una zona concreta del litoral andaluz para el verano de 2020.

¿Es cierto que ahora hay más medusas que antes?

En absoluto. Lo que es nuevo es la percepción de la sociedad, probablemente alimentada tanto por la pseudociencia como por el alarmismo mediático, pero las medusas siempre han estado allí. Hablas con personas de la tercera edad y te cuenta que hace décadas también llegaban las medusas a la zona de Cádiz (los pica pica o las carabelas portuguesas). Ahora es verdad que tenemos más información cada vez que se produce un encuentro, pero ésta no siempre es buena. Creo que, incluso, la población está algo saturada de información sobre la aparición de medusas.

Entonces, ¿no ha influido el cambio climático?

No hay ninguna evidencia científica de esto. Cada especie de medusa es diferente y a cada una le afecta la física del medio de una manera distinta. Las hay que se ven favorecidas por inviernos más cálidos, otras que no. Otras, cuando hacen más calor salen a la superficie, mientras que otras realizan una migración vertical. Generalizar por cambio climático es una simpleza.

Picaduras aparte, ¿a qué cree que se debe el rechazo que sufren por parte de la población?

Es algo cultural. En nuestra cultura se ven como una amenaza mientras que en Oriente se paga por bucear con ellas. Hay medusas que no pican y es muy bonito verlas. Además, nosotros no las consumimos mientras que en el sudeste asiático dedican parte de su flota pesquera a su captura.

Este verano hubo quien dijo que había que trabajar en eliminar las medusas de las playas.

(Ríe). Eso es absurdo. El ecosistema necesita a las medusas, son unos animales que llevan en la Tierra desde Cámbrico, no han cambiado y realizan una función importante en la cadena trófica, siendo depredadora de unas especies y alimento de otras. La playa tiene peces araña, medusas, anémonas, erizos... si uno no quiere encontrarse con seres vivos, mejor que vaya a una piscina.

¿Son peligrosas las medusas que rodean el ecosistema gaditano?

Su picadura puede ser dolorosa, pero no es mortal a no ser que, como en el caso de las avispas, seas alérgico. En Cádiz tenemos tres tipos de medusa: los conocidos como pica-pica (que se sienten como un pinchazo y que suelen aparecer a finales de agosto), la rhizostoma luteum (muy grande, blanca, con cuatro tentáculos muy largos y con una exumbrela que puede medir más de medio metro y que sólo pican si se toca sus tentáculos) y las carabelas portuguesas (que es la que tiene la picadura más dolorosa).

¿Se ha vivido una situación extraordinaria con las carabelas portuguesas este verano?

Al revés. En años como 2010, 2013 0 2018 han llegado más de cien mil. Este año, sin embargo, no se han contabilizado ni 20. Pero han aparecido en julio, en lugar de en invierno (cuando suelen aparecer), lo que ha hecho saltar las alarmas.

Hay quien dice que, como en el caso de los tsunamis, hacer campañas de información puede generar alarma y, en última instancia, asustar al turismo.

Qué mejor que tener a la gente informada. He estado trabajando en Hawaii y allí hay protocolos de tsunami y se sabe qué hay que hacer. En Australia sucede lo mismo con las medusas. La población sabe que las mortales se acercan más a la costa de noche y en cierto momento de la fase lunar. En Cádiz y en Andalucía habría que informar a la gente sobre cómo convivir con las medusas.

Comentaba usted antes la posibilidad de usar las medusas en la industria alimentaria, ¿podría hacerse en el entorno de la provincia de Cádiz?

En la zona mediterránea sería un poco imprudente, porque es un mar casi cerrado y con un equilibrio delicado. Pero en el Atlántico, podrían extraerse. Hemos publicado un artículo en el que explicamos que las medusas se pueden incluso cultivar. Además del alimentario, estudiamos otras aplicaciones como su uso para desarrollar medicamentos.