Tribunales

El acusado de matar a cuchilladas al vicario de San Isidoro: «Sólo recuerdo la cara de Carlos»

La abogada de la familia del sacerdote pide la prisión permanente revisable para José Eugenio A. F. por el asesinato

El acusado del crimen del vicario, durante el juicio
El acusado del crimen del vicario, durante el juicio - R. DOBLADO
SILVIA TUBIO - @latubio Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Con una sala llena de estudiantes que están presenciando su primer juicio con jurado popular, arrancaba este lunes la vista oral por el crimen del vicario de San Isidoro, asesinado en julio del año pasado. Una tragedia con el trasfondo de un conflicto familiar entre una de las sobrinas del fallecido y su marido.

Mucha prensa para escuchar la declaración del acusado, José Eugenio A.F., de 52 años, quien había guardado silencio en las dos anteriores comparecencias en sede judicial durante la instrucción y tan sólo había hablado con la Policía, cuando fue detenido tras asestar presuntamente nueve puñaladas al sacerdote Antonio Carlos Martínez Pérez en el portal de su casa, en la calle Francisco Carrión Mejías.

José Eugenio A. F. aceptó responder a las preguntas de su abogada y de la Fiscalía, pero fue una declaración poco sustanciosa ya que el procesado sólo se acordaba, o eso decía, de los momentos más secundarios de los hechos. Cuando la fiscal le interrogó por la compra de los dos cuchillos el día que mató al sacerdote, cómo se dirigió a su casa o lo abordó en el portal, José Eugenio repetía una y otra vez que no se acordaba, que no era consciente, que seguro que había sido así. Pocas certezas en sus palabras: «Sólo me acuerdo de la cara de Carlos (la víctima)».

Memoria selectiva

Eso sí, pudo describir cómo la mañana del asesinato estaba ingresado en el hospital de Bormujos tras haber intentado quitarse la vida con la ingesta de unas pastillas. «Me quitaron el gotero y me dejaron solo en la habitación. Estaba vestido y salí, nadie me dijo nada. Me monté en el coche y me fui a casa de mi mujer a hablar con ella».

La víctima, en una imagen de archivo
La víctima, en una imagen de archivo- ABC

También recuerda varios episodios que cimentaron, a su juicio, la enemistad con el sacerdote: «Me acusaba de cosas falsas. Estaba en contra mía».

En cambio, no quiso ratificar la única declaración que había hecho antes del juicio, a la Policía, en la que reconoció que había ido al domicilio del sacerdote, lo esperó a que llegara de dar misa en San Leandro y cuando entró en el portal, lo siguió y le atacó con un cuchillo que había comprado ese día. Cuando se marchó le mandó un mensaje de whatsapp a su mujer para contarle lo que acababa de hacer. Sin embargo, sobre aquella declaración dijo este lunes: «No soy muy consciente de lo que declaré».

Prisión permanente revisable

La Fiscalía solicita una pena de 20 años de prisión por un delito de asesinato, atendiendo además a una atenuante de alteración mental.

La acusación particular se agarra a la última reforma del Código Penal y pide la aplicación de la prisión permanente revisable para José Eugenio A.F.. No sólo entiende que hubo alevosía en el asesinato que ejecutó en el portal de la vivienda del sacerdote, sino también que el procesado se aprovechó de la especial vulnerabilidad del fallecido. «Era un hombre de 75 años, que apenas veía, que había sido operado de próstata y tenía que llevar pañales. También tenía problemas con una hernia. No tuvo oportunidad de defenderse», ha afirmado la abogada que representa los intereses del hermano del vicario y sus sobrinos.

La Fiscalía pide 20 años de prisión frente a la absolución por enajenación que solicita la defensa

Además de la pena de prisión, esa parte solicita que se imponga al acusado la prohibición durante diez años de residir en la ciudad de Sevilla o de entablar cualquier tipo de comunicación con su expareja, sobrina del fallecido. Para la familia del sacerdote, José Eugenio A. F. llevaba tiempo masticando la idea de acabar «con la vida del curita. Lo había dicho en varias ocasiones. Su única culpa fue haber querido a sus sobrinos como a sus hijos».

Antes de la declaración del procesado, su abogada de oficio pidió al jurado popular «un juicio justo y como tal por eso lo primero es reconocer los hechos». En nombre de su cliente, la abogada pidió perdón. «Él está arrepentido y le hubiera gustado que eso no hubiera ocurrido».

La calificación de los hechos de la defensa difiere en que considera que la muerte del vicario fue un homicidio, fruto de una enajenación mental de José Eugenio, que culpaba al sacerdote de estropear su relación de pareja. Por eso solicita la absolución, en aplicación de una eximente completa; y en caso de no prosperar, la imposición de una pena de seis o diez años por haberse visto afectado por un arrebato emocional. Una ofuscación, que según la letrada, se debió a la negativa de la mujer de su cliente a retomar la convivencia: «A él se le vino el mundo encima».

Aparcar las acusaciones de violencia de género

El presidente del tribunal rechazó la incorporación de la mayoría de las pruebas solicitadas por las partes en el capítulo de alegaciones. El magistrado fue muy claro en advertir que no iba a permitir que la relación que mantuvo José Eugenio con la sobrina del fallecido «fuera objeto del juicio. Lo sería en otra causa y con otro escrito de acusación».

Y es que en ese punto también hay divergencias en los relatos que mantienen las acusaciones y la defensa. Las primeras sostienen que el acusado no quería a los hijos de su mujer y no aceptaba que convivieran con ellos. Aunque José Eugenio no quiso responder a los motivos de la mala relación con los hijos de su pareja -«le juré a ella que no los iba a atacar»-, en el escrito de su abogada se culpa a los jóvenes de llegar a agredir a su progenitora.

El juicio se celebra con un jurado popular
El juicio se celebra con un jurado popular- R. DOBLADO
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