El solar del antiguo Palenque es actualmente un erial en mitad de la Cartuja
El solar del antiguo Palenque es actualmente un erial en mitad de la Cartuja - A.G.

El 25 aniversario de la Expo termina sin la prometida rehabilitación de la Cartuja

Espadas anunció un plan de un millón de euros para adecentar el parque, pero la inversión del Ayuntamiento y la Junta es claramente insuficiente: el mobiliario urbano sigue en ruinas

SEVILLAActualizado:

El alcalde, Juan Espadas, convocó el pasado 20 de marzo a los medios de comunicación en el Ayuntamiento para anunciar el programa de actos con el que se iba a celebrar el 25 aniversario de la Exposición Universal de 1992. Y en aquella cita, aseguró que una de las principales acciones de su gobierno sería la inversión de un millón de euros en la Isla de la Cartuja para rehabilitar, por primera vez desde que terminó la muestra, todo el recinto, muy mal conservado desde entonces, sobre todo en lo que fue el canal, que estaba cubierto de yerbajos y jaramagos. Lo estaba y lo sigue estando. Porque el gasto anunciado no ha servido para que el cambio se aprecie. Espadas aseguró literalmente que había reservado en sus presupuestos un millón de euros, cantidad con la que iba a renovar el alumbrado y el mobiliario urbano en todo el parque, así como para restaurar calles y arbolado. Urbanismo aportaría 648.000 euros, mientras que el resto del dinero lo aportarían Lipasam, Tussam o Emasesa.

Sin embargo, el año en el que se ha conmemorado el vigésimo quinto aniversario de la Expo está a punto de expirar y la única intervención clara que se ha hecho es la obra de los Jardines de Magallanes en la Torre Sevilla junto con el nuevo paseo fluvial que se está ejecutando actualmente en la orilla norte del río junto al Pabellón de la Navegación. Pero ambas apuestas son una inversión de la Caixa recogida en el convenio urbanístico del rascacielos. Es decir, no se trata de obras impulsadas por el Ayuntamiento. El millón de euros, por tanto, no se ha notado y habrá que esperar al vigésimo sexto aniversario de la Expo para ver los arreglos que Espadas prometió. Sus palabras fueron claras: «Creo que este 25 aniversario es una oportunidad para empezar a saldar asignaturas pendientes con la Cartuja y este gobierno asume el reto de integrar el parque en la ciudad de una forma mucho más solvente, porque la envergadura del parque no ha sido objeto de un tratamiento adecuado». «El objetivo —sentenció entonces— es recuperar para la ciudad un espacio muerto» que requiere «una mejora estética, limpieza y algunas sorpresas que ya contaremos en su momento».

Los bordillos están rotos en todos los alcorques y los coches aparcan en la acera
Los bordillos están rotos en todos los alcorques y los coches aparcan en la acera-A.G.

Por ahora no las ha contado. Y el año se va con la Isla de la Cartuja en estado aciago, con los acerados rotos, decenas de pabellones rodeados de maleza, infraestructuras abandonadas y numerosas zonas en ruinas. ABC ha paseado por todo el recinto en el que Sevilla sorprendió al mundo entre abril y octubre de 1992 gracias a un acontecimiento que cambió la fisonomía de la ciudad y la preparó para afrontar el siglo XXI. Pero un cuarto de siglo después, nada permite imaginar siquiera que en esos terrenos se desarrolló una Exposición Universal tan revolucionaria como la sevillana. La ciudad ha olvidado ese punto de inflexión en su historia reciente y la Cartuja es hoy un parque tecnológico en pésimas condiciones de conservación. Sólo el tramo de Puerta Triana, donde el rascacielos de Caixabank ha dado vida al entorno, y el del Monasterio de Santa María de las Cuevas, actual Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, exhiben un aspecto saludable. A partir de ahí, los desperfectos son flagrantes.

Esta inspección tiene su punto de partida en el Pabellón de la Navegación, que es exactamente la frontera entre el área bien cuidada y la abandonada. Justo enfrente, de hecho, hay una explanada de barro que se utiliza como caótico aparcamiento. Este solar, que linda con la tapia trasera del monasterio, llega aproximadamente hasta la primera estación del telecabina, cerrada desde que acabó la Expo. En este espacio se detecta el primer gran problema de la Cartuja: la falta de limpieza. La que fuera sala de embarque de este transporte interno de la Exposición está llena de botellas, plásticos, cartones y otros desperdicios que se han introducido en la sala por las ventanas, algunas de ellas entreabiertas. La fachada principal está alicatada con azulejos blancos que fueron destrozados en su mayoría hace años. Lo que ha hecho el Ayuntamiento no es reponerlos, sino encalar los pegotes de cemento con los que esos azulejos originales fueron adheridos al tabique. Al otro lado hay un pilar con varios cables sueltos, otro aparcamiento improvisado y varias vallas oxidadas que tratan de impedir, sin éxito, que la gente suba a los apeaderos. La escena se completa con alcorques rotos, la acera levantada por las raíces de los árboles y los bordillos arrancados a lo largo de toda la Avenida hasta la esquina de lo que fue el Palenque. Pero en el otro lado de la calle la situación no es mejor. El cohete Ariane 4, el Pabellón del Futuro y la Torre Panorámica están presididos por lo que fue el canal que llegaba hasta el Pabellón de España. Por supuesto, este «río» está seco y en su lecho ha crecido el follaje hasta más de dos metros de altura. Sólo el Auditorio Rocío Jurado, en manos privadas, tiene una buena conservación.

La estación del telecabina está encalada de urgencia y tiene agujeros a su alrededor

Igualmente desoladora es la situación de la calle Marie Curie, donde está la famosa esfera bioclimática, que ya no emite agua vaporizada desde hace años. Esa bola es una especie de homenaje al moho en mitad de una avenida con todos los bancos rotos. Una estampa que se repite durante toda esa arteria hasta la calle Américo Vespucio, junto al Parque del Alamillo. Edificios cerrados a cal y canto, fuentes sin agua, rotondas destrozadas, farolas dobladas, luces hechas añicos en el suelo y yerbajos brotando de las llagas de la solería culminan el paseo, que revela la desidia de las administraciones en este espacio durante décadas.

Este recorrido se ha desarrollado sólo por las calles que son de titularidad municipal. Pero la descripción puede servir también para las que dependen del Parque Tecnológico y Científico Cartuja, la empresa de la Junta de Andalucía heredera de Cartuja 93 que gestiona el recinto de la valla para adentro. Lo único que ha conseguido Espadas este año es que la Junta ceda dos solares anexos a la Avenida Carlos III para aparcamientos. Pero ni siquiera se ha limpiado esa zona, que mantiene toda la maleza que ha crecido en sus alcorques desde el 92. Nada más. La Expo ha conseguido ser un espacio con mucha actividad durante el día, pero completamente fantasma por la noche. Algunos usuarios lo definen como un «polígono tecnológico», ya que el estado de conservación invita a pensar que las calles sufren un trasiego constante de camiones.

El canal sigue siendo un homenaje al abandono
El canal sigue siendo un homenaje al abandono-A.G.

Por todo ello, el 25 aniversario de la Expo se había convertido en un pretexto municipal para redoblar la inversión en el parque y maquillar sus muchos años de abandono. Espadas se comprometió a adecentar toda la isla eliminando la maleza del antiguo lago, renovando las farolas, los bancos y las papeleras y reconstruyendo el acerado maltrecho que hay por todo el espacio.

El presupuesto incluyó la partida de un millón de euros necesaria para ejecutar el plan. Pero los hechos le han desmentido. Urbanismo no ha sido capaz de llevar a cabo lo que Espadas prometió y, además, el nuevo paseo fluvial junto a la Torre Sevilla no ha cumplido los plazos que predijo el alcalde, que aseguró que estaría listo el pasado mes de abril. Conclusión: la Cartuja sigue siendo, un cuarto de siglo después, una de las más grandes fantasías de la historia de Sevilla.