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Una Eva psicótica, un brutal Moisés y otras referencias ocultas en «madre!»

Desde Adán y Eva o Caín y Abel al Paraíso y el Infierno: todos los paralelismos de la película de Aronofsky con la Biblia

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Las polémicas escenas de violencia, la ausencia de nombres o los simbolismos religiosos con los que Darren Aronofsky juega en «madre!» propician la intriga, la sensación de sentirse perdidos en un agonizante misterio. Pero todo tiene una explicación, desde por qué el título de la película aparece en minúscula al constante maltrato al que someten al personaje interpretado por Jennifer Lawrence. Una explicación que reside en la Biblia, pozo de inspiración para el controvertido director en este perturbador filme.

Una reflexión más profunda subyace en la trama superficial de la cinta, en la que un escritor busca su inspiración, apoyado por su joven mujer hasta que unos desconocidos irrumpen en su casa y agitan la paz en la que vivían. Aunque haya quien solo conecte con el argumento de la joven mujer vapuleada, la intención de Aronofsky va más allá, contando en un plano más etéreo pero identificable con surrealistas alegorías bibílicas.

[Esta noticia contiene spoilers de «madre!»]

A algunos no se les habrá escapado que todos los personajes que aparecen en «madre!» carecen de nombres. Interactúan entre sí sin mentarse, excepto al referirse al personaje de Javier Bardem, al que algunos llaman Él. Sí, en mayúscula. Como se puede ver en los créditos, el papel que interpreta el actor español es el único que aparece así, porque su personaje es el de Dios. A Él es al que adoran, al que siguen, y es Él quien entrega todo al mundo, hasta a su hijo. Él es el poeta y, por tanto, el creador.

Ella, Jennifer Lawrence, la Virgen, la Madre Naturaleza, a la que maltratan y de la que se aprovechan el resto de humanos. Por eso es capaz de sentir la casa, que es la Tierra, cuando toca las paredes. Se entrega a Dios, su marido, dándole amor y cariño, apoyo, pero no recibe de Él más que otras demandas. Aunque se niega, al final el personaje de Bardem termina haciéndose con el hijo de ambos (Jesús), y se lo ofrece a los hombres, en una clara referencia a cuando Dios entrega a su hijo a los hombres. Ante la espantada mirada de la protagonista, la multitud, al tenerlo en sus manos, lo mata y se lo come, paralelismo bíblico con el cuerpo y sangre de Cristo.

El Paraíso y el Infierno

Michelle Pfeiffer y Ed Harris representan a Eva y Adán. El personaje de Harris, que llega primero a su hogar, se entiende con Dios, que lo acoge con los brazos abiertos y le ayuda cuando está enfermo, momento en el que vemos su herida en un costado: la costilla de Adán con la que creó a Eva, que aparece en la casa al día siguiente. Pese a la prohibición del personaje de Bardem y las constantes advertencias de Lawrence, la caprichosa Eva consigue convencer a su marido para entrar en el despacho del «poeta», el Paraíso, y coger el cristal, que simboliza la manzana vetada por Dios en el Edén, rompiéndola y desatando la ira del Señor. Por su parte, el sótano de la casa sería el Infierno.

Poco después los males se suceden; ya nada es tan idílico como parecía. Entran en escena los hijos de la pareja de invitados, que personifican a Caín y Abel, con el consecuente asesinato de uno de ellos al otro.

La iconografía religiosa también aparece representada en «madre!» en las fotografías de Bardem que decoran una pared de la casa o cuando su personaje unge a sus seguidores con tinta.

Además de las más evidentes representaciones, coexisten otras, como cuando Bardem termina su obra, inspirado por el sufrimiento y la vida de sus invitados. Su obra culminada aparece representada en una papel, una especie de manuscrito que incluso podría simbolizar los diez mandamientos, que más tarde entrega a su editora, Moisés.

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