«Detroit», viaje a las raíces de la violencia en Estados Unidos

Lo oscarizada Kathryn Bigelow se traslada a 1967 para profundizar en el racismo siempre latente el EE.UU

Escena de «Detroit»
Escena de «Detroit»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La directora Kathryn Bigelow ha rodado su particular «tragedia americana». En «Detroit» busca y enseña la violencia, la contundencia de los agentes de policía que cargaron contra los residentes de la ciudad del estado de Míchigan que se rebelaron en julio de 1967 contra las autoridades. Una situación no tan lejana: el racismo sigue presente en Estados Unidos y cada poco la herida racial, que no termina de cerrar, supura en forma de disturbios y enfrentamientos de esta minoría contra la autoridad. El «Black Lives Matter» que se hizo viral en 2013 después de que un policía blanco fuera exculpado tras matar a un adolescente negro, Trayvon Martin, cincuenta años después.

«Creo que el propósito del arte es provocar un cambio, pero uno no puede cambiar si no es consciente de sus errores. A mí me interesa contar buenas historias, y si, además, contribuyen a crear una conversación social, mucho mejor. He rodado “Detroit” tan real como he podido, intentando que el público entienda lo que sucedió en la ciudad, porque fue una tragedia americana y con muchos testigos presenciándola».

Kathryn Bigelow, la única mujer ganadora de un Oscar (por «En tierra hostil», 2008) ha sido duramente criticada por atreverse a contar una historia que no le pertenece culturalmente. «Entiendo la discusión, yo la tuve conmigo misma, pero después de analizar con cuidado el tema, creo que tengo derecho, como norteamericana, a hablar de lo que ocurrió».

«Yo me aprovecho de mis privilegios para dar oportunidad a quien no la tiene. He intentado dar mi visión de unos hechos que demuestran el gran desequilibrio que existe en mi país»

Y lo que ocurrió fue una masacre. La cinta dramatiza unos hechos ocurridos hace cincuenta años en los que murieron Aubrey Pollard, Carl Cooper y Fred Temple a manos de la Policía. La violencia se tornó en crueldad, y el sadismo recorrió las calles de la ciudad a más velocidad que los furgones de la Policía: otros siete jóvenes negros y dos mujeres fueron sometidos a torturas, según admitieron varios oficiales esa misma noche. No hubo ni un rayo de luz entre tanta miseria. Hasta la Justicia, que debería ser ciega, se vio cegada por los colores: «El juicio, que acabó celebrándose en la comunidad blanca de Macon, necesitaría su propia serie de televisión porque fue extremadamente complicado. Hemos hecho lo que hemos podido para mantener la integridad de la historia sin convertirla en un expediente cinematográfico. Fue una aguja muy difícil de enhebrar», explicó la directora. Así, Bigelow no se dedicó exclusivamente a centrarse en la narración y la estructura de la película, sino que quiso ser fiel a la historia y a los detalles que se quedaron grabados en los ojos de los estadounidenses tras las revueltas, según confesó en rueda de prensa.

Blancos y negros

El éxito no es ajeno a Bigelow. Sus dos películas anteriores, Oscar incluido, han sido un éxito. Tiene prestigio, cariño del público y respeto de la crítica, pero la controversia la persigue -a ella y a su guionista, Mark Boal-. La única mujer realizadora que ha conquistador el Oscar admite que su batalla por defender en Hollywood a las mujeres cineastas continúa: «Soy realizador, no deberíamos cuestionar a quien cuenta la historia por ser un hombre o una mujer». La polémica con «Detroit», una aproximación neorrealista a la situación racial en Estados Unidos, no viene por el género sino por el color. Ha sido criticada por ser una «privilegiada», sin problemas de dinero, a la que las masas escuchan y sin haber tenido nunca una experiencia cercana a lo que relata su filme. Una crítica que es un espejo de las diferencias que existen en el país que hoy comanda Donald Trump: la «lucha» entre los privilegiados blancos y las minorías. «Yo me aprovecho de mis privilegios para dar oportunidad a quien no la tiene. He intentado dar mi visión de unos hechos que demuestran el gran desequilibrio que existe en mi país. Creo que es una historia que necesitaba contarse, y eso borró cualquier otra duda que tuviera sobre este filme. Tengo una plataforma, un medio que me permite iluminar ciertos temas», se defendió esta mujer, que se ha abierto camino en su industria, un sistema en el que ella es minoría. Por eso Kathryn Bigelow se pone del lado del débil: «Me molesta que se hagan distinciones».

comentarios