La cordillera (***): Suciedad en la cumbre

Ricardo Darín borda de sencillez y complejidad su personaje de presidente argentino en un cumbre de mandatarios suramericanos en Chile

Darín y Santiago Mitre
Darín y Santiago Mitre
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Su paso por el Festival de San Sebastián ya ha permitido elogiar el trabajo aquí (allá y en cualquier lado) de Ricardo Darín, que borda de sencillez y complejidad su personaje de presidente argentino en un cumbre de mandatarios suramericanos en Chile.

Y hay que cederle espacio al talento y grandes aciertos del director, Santiago Mitre, al construir esta intriga política y familiar sobre el poder en las alturas, el cómo se modelan los chanchullos y el «rosebud» que toda persona, y más si es poderosa, alberga en esos lugares a los que no tiene acceso ni el hipnotizador.

El gran mérito de Mitre es, claro, encomendarle a Darín todo el peso de la trama, pero también colorearla con actores que se clavan a lo sublime, como el mexicano Giménez Cacho (mero y deslenguado presidente de su país), el pinche gringo que hace Christian Slater, la periodista avellana de Elena Anaya, el hueso trágico de Dolores Fonzi o ese portento atmosférico que es Alfredo Castro, que en un par de escenas le pasa una bayeta a la sucísima trama. Todo es bueno, intrincado, revelador.

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