DELIRIUM TOPIC

#Monstruo

Pienso, por supuesto, en los padres de Diana Quer, en todo el sufrimiento soportado a lo largo de los últimos meses

Daniel Ruiz
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«Ya no es mi hijo», afirma la madre, de espaldas, soportando como puede los picotazos de un buitre disfrazado de reportera. «Es un monstruo». Es lo que más me impresiona de todo el caso, más incluso que la siniestra incongruencia entre el infantil apodo, «El Chicle», y el rostro embrutecido del asesino. Pienso, por supuesto, en los padres de Diana Quer, en todo el sufrimiento soportado a lo largo de los últimos meses, un sufrimiento deformado además por la avaricia del share, pero imagino, sobre todo, a la madre del salvaje, los oscuros pensamientos que recorren su cabeza cuando regresa a la soledad de su alcoba.

Porque ella ya sabe que hay algo todavía peor que perder a un hijo. Y es verlo transformado en un monstruo. En qué momento el mal propina su definitiva dentellada, en eso pienso; en qué instante la vida moral se escora, en qué momento el tronco se frunce y se inunda de nódulos deformes. Y dónde se difumina el rastro de la mano correctora de la madre: por qué el tallo se troncha, qué ocurre con la guía.

Tengo hijos. Y siempre he sentido ahí, como una sorda punzada, la siniestra conjetura. La innombrable posibilidad de que sean arrancados con violencia de mi lado. Pero quizá resulte todavía más doloroso comprobar que no estuve al acecho para evitar el mordisco del monstruo. Que el demonio entró en casa, y se arrellanó en mi sofá, comiendo mi comida, durmiendo en la habitación de mi hijo. Y yo no supe verlo, no supe espantarlo a tiempo, evitar su compañía.

«Ya no es mi hijo», dice la madre, entre lágrimas. Hasta sólo dos días antes, ese hijo almorzaba a diario en casa de su madre. Tuvo que darse cuenta de que siempre servía un plato de más. Me niego a creer, como padre, que no hubiera sentido el hediondo aliento del monstruo.

Daniel RuizDaniel RuizArticulista de OpiniónDaniel Ruiz