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¡Todos atrás! ¡Que ya son míos! Ramón Pérez Maura

Resolver el bloqueo político de España es secundario. Pedro Sánchez pretende que hay que arreglar primero su propia supervivencia política

Pedro Sánchez durante su rueda de prensa
Pedro Sánchez durante su rueda de prensa - ÓSCAR DEL POZO

Recordarán ustedes aquellas películas carpetovetónicas en las que el más chulo del pueblo –bajito, poca cosa, encantado de haberse conocido– requería a los suyos para que lo contuvieran para que no masacrara al gigante que tenía enfrente. «¡Agarradme, que lo desgracio...!». Pues algo parecido pasó ayer con Pedro Sánchez, que después de conseguir sus enésimos «peores resultados de la historia del PSOE» –ya va a ser metafísicamente imposible superar sus plusmarcas en esta materia– gritó lo de «¡Todos atrás! ¡Que ya son míos!» y decidió que resolver el bloqueo político de España es un asunto secundario. Que primero hay que arreglar su propia situación. Es decir: su supervivencia política. Lo que se dice un hombre de Estado, desinteresado, pendiente del bien común por encima de cualquier otro.

Hasta ahora Sánchez había demostrado tener un recurso que le había funcionado razonablemente. En cada elección ganaba a las encuestas que le predecían resultados todavía peores que los que obtenía –lo que ya era metafísicamente imposible. Pero esta vez no ha conseguido ni esa victoria. Se ha caído con todo el equipo. Las encuestas básicamente clavaron el resultado tanto en Galicia como en el País Vasco, lo que tampoco era fácil con cinco partidos en disputa en tierras galaicas y seis en las vascongadas. Y ese resultado es una humillación sin parangón que ya no admite disimulos por parte de los suyos. Todos los barones regionales que presiden una comunidad autónoma están en abierto conflicto con Ferraz. Así que el sitiado se va quedando solo dentro de la fortaleza y como tiene todas las probabilidades de perder, generando con el proceso un inmenso daño para los suyos, decide, a falta de munición, dejar que el enemigo entre en los laberintos interiores del castillo donde pueda intentar matarlos a todos con las últimas armas disponibles: aceite hirviendo, ganzúas, fosas secretas... En ese punto está Sánchez: intentar la trampa de controlar unas primarias desde el aparato del partido, el último reducto que le queda. Aunque está por demostrar que desde Ferraz se controle el aparato de regiones como Andalucía, Extremadura, Valencia, Aragón...

Pobre España. En qué manos estamos. La izquierda en disputa entre Sánchez y Pablo Iglesias para, con toda probabilidad, olvidarnos de este impasse cuatripartito y volver al sistema bipartidista que tan buen resultado dio a España durante décadas. PSOE y Podemos están tan igualados que ya no hay sitio para los dos en la silla. Y Ciudadanos ha demostrado en Galicia y el País Vasco para qué vale: para impedir al PP un resultado mejor sin aportar absolutamente nada. El rediseño de nuestro mapa político está en marcha. Y puede resultar sorprendente –para algunos.

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