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Trump regala a Israel el traslado de su embajada a Jerusalén en su 70 aniversario

De 86 embajadores y encargados de negocios invitados a la ceremonia, 46 boicotearán el acto

CORRESPONSAL EN JERUSALÉNActualizado:

Donald Trump cumple una nueva promesa electoral y tras salirse del acuerdo nuclear con Irán, inaugura embajada en Jerusalén. El presidente tenía prisa por cumplir la palabra dada al Estado judío, su principal aliado en la región junto a Arabia Saudí, y en lugar de levantar un nuevo edificio lo que ha hecho es adecuar la sección consular del barrio de Arnona como legación provisional. Esto le permite convertirse en una especie de regalo para el 70 aniversario de la creación de Israel aunque el traslado se realiza sin tener en cuenta que al otro lado del muro los palestinos conmemoran mañana la Nakba, la «catástrofe» que representó para ellos la proclamación del Estado judío. En esta nueva muestra de unilateralismo del magnate estadounidense se ha cambiado el escudo que rezaba «consulado» por uno que se destapará en la ceremonia de inauguración que dice «embajada», un cambio que, según el embajador de EE.UU ante Israel, David Friedman, «ayudará a la paz, somos bastante optimistas de que esta decisión finalmente creará una mayor estabilidad».

Los palestinos y la mayor parte de la comunidad internacional no opinan lo mismo y se remiten a la resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU de 1980, en la que se instó a los Estados miembros a sacar de la ciudad santa sus embajadas en rechazo a la anexión unilateral de Jerusalén Este por Israel tras su victoria en la guerra de 1967. De 86 embajadores y encargados de negocios invitados a la ceremonia, 46 boicotearán el acto porque consideran que «rompe con el consenso internacional», entre ellos España, Reino Unido, Francia o Italia. Otros países como Guatemala, Honduras o Paraguay, sin embargo, anuncian que seguirán los pasos de EEUU y trasladarán sus legaciones a Jerusalén en los próximos meses.

Tres ciudades en una

La parte judía no ultraortodoxa de la ciudad santa está engalanada con banderas estadounidenses y de Israel en cada farola y carteles de agradecimiento a Trump a quien piden que haga «grande Israel», pero el Jerusalén ultraortodoxo y el Jerusalén árabe viven ajenos a este «día histórico», según el primer ministro, Benjamín Netanyahu, que en cada intervención recuerda que «desde hace 3.000 años Jerusalén es la capital de nuestro pueblo y solamente de nuestro pueblo». Trump tomará parte en el acto de inauguración a través de videoconferencia y la delegación estadounidense está encabezada por su hija y asesora, Ivanka, y su esposo, y también asesor, Jared Kushner. El subsecretario de Estado, John Sullivan, y el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, también está en Tierra Santa para tomar parte en un acto para el que se han desplegado extraordinarias medidas de seguridad.

El actual presidente ha dado un paso que no se atrevieron a dar Bill Clinton, George Bush o Barack Obama en nombre de los «intereses nacionales» y decidió acatar después de 23 años la Ley de la Embajada de Jerusalén, que reconoce a la ciudad santa como capital del Estado de Israel. El presidente de turno debía firmar cada seis meses la orden para postergar la aplicación de la ley, pero Trump decidió no hacerlo en diciembre y se puso en marcha un proceso que culmina con el traslado de la legación desde Tel Aviv al barrio de Arnona, situado casi a las puertas de Belén.