Entrevista a Tamara Suju

«Maduro no quiere negociar, sino resistir hasta 2019, hasta que suba el petróleo»

Tamara Suju, activista que abandonó Venezuela en 2014, es especialista en defender a los opositores de las torturas sistemáticas que, denuncia, practica el chavismo

Tamara Suju, en su entrevista con ABC
Tamara Suju, en su entrevista con ABC - ORIOL CAMPUZANO

Coordinadora Internacional de Foro Penal Venezolano, la más importante red de apoyo legal a la disidencia en Venezuela, la abogada Tamara Suju, exiliada en la República Checa desde 2014, es crítica con la mesa de negociación abierta entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición, que ve como un instrumento del oficialismo para «ganar tiempo y oxígeno» y desmovilizar a sus contrarios. En visita a Barcelona invitada por la Alianza por la Libertad de Venezuela para dar una conferencia, Suju analiza para ABC el momento político en su país, la relación con España y aprovecha para denunciar una realidad a veces silenciada sobre el régimen chavista, el del uso sistemático de la tortura como forma de reprimir a la disidencia.

¿Considera suficientes las medidas anunciadas por el régimen?

Nada ha cambiado desde el inicio del «diálogo». Desde que en mayo comienza el proceso de negociación ha habido 2.100 personas detenidas de forma arbitraria, del total de 6.800 contabilizadas desde 2014. Es decir, los presos políticos son como puertas batientes, por aquí entran unos, por aquí salen otros. Se habló de la liberación de varios presos políticos en la última reunión de las mesas de diálogo, pero sólo fue liberado Rosmit Mantilla, quien llevaba dos años encerrado por la policía política, considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional y que estaba hospitalizado.

El inicio de la mesa de negociación llevó a la Asamblea Nacional a suspender el juicio político a Maduro.

Cuando la Asamblea inicia el proceso para determinar la responsabilidad política de Maduro, el régimen llama a la mesa, al show, con Maduro vestido de blanco, los expresidentes Zapatero (España) Torrijos (Panamá) y Fernández (R. Dominicana), y el representante del Vaticano. Y eso logra que se suspenda el proceso en la AN, que se desconvoque la marcha de Miraflores, es decir, que baje la presión en un momento en el que toda la comunidad internacional estaba encima... El gobierno quiere oxígeno, y para eso utilizan, y ellos se dejan utilizar, a la Unasur, a los expresidentes... El gobierno no quiere negociar, sino ganar tiempo, llegar a 2019, que el petróleo suba de precio.

¿Qué reprocha a la oposición que sí participa en la mesa?

Como ONG decimos que los derechos constitucionales no se negocian en una mesa de diálogo. -¿No consideran equilibrada esa mesa?-Pedimos mediadores independientes, que esté la OEA, Naciones Unidas... Sabemos que Unasur no es independiente. Lamentablemente es un diálogo impuesto por el gobierno para esquivar el referéndum. Lo que pretendía era dividir a la oposición, y no lo conseguirá. Al igual que el partido Unidad Popular, nuestra postura es la de esperar: sin rechazar el diálogo, pero sin participar en él. A ver qué sale de ahí...

¿Cómo valora el papel de España?

El Gobierno de España ha tenido una posición muy solidaria en los últimos años, y estaremos eternamente agredecidos. Pero no nos gusta que haya dado su aval a la presencia de Rodríguez Zapatero cuando la oposición dice que él no nos representa. Entiendo la inquietud mundial, pero por favor, no nos sometan a una mediación que no consideramos justa. La vía es buscar árbitros independientes que permitan el diálogo, pero sin negociar sobre derechos constitucionales, como es el referéndum revocatorio.

La transición española fue un ejemplo de cesiones. ¿No es un referente para Venezuela?

Es un referente, sí, y no estoy negada a que haya una transición en Venezuela, pero necesitamos una transición verdadera, un cambio de modelo, no solo un cambio de gobierno a través de un referéndum en el que sustituyan al presidente por el vicepresidente. Se trata de un cambio de modelo. Debe haber diálogo, pero cómo dialogas cuando el Gobierno no quiere entregar el poder, porque están hasta arriba por delitos de lesa humanidad, violación de derechos humanos, narcotráfico... Lo perderían todo. Lo único que puede empujar al chavismo a la transición es una férrea presión de la comunidad internacional.

¿Cómo entiende la fascinación de la izquierda en España por Venezuela?

Es muy lamentable. Me gustaría que los representantes de Podemos viviesen tres años en Venezuela, pero con toda su familia, usando los colegios, los hospitales sin medicinas, los comercios desabastecidos, encerrados en sus casas a partir de las cinco para que no les maten por la inseguridad que hay en el país. Es lamentable defender países desde la comodidad que da vivir en España.

¿Cómo ha visto el proceso de referéndum de paz en Colombia?

Como ONG estábamos muy preocupados. Por supuesto que queremos paz para Colombia, pero paz con justicia. Nos veíamos en ese espejo: un acuerdo en el que avalas políticamente a un grupo terrorista. Estás dando un mensaje de que puedes matar, torturar... y luego ser rehabilitado. Ahora el nuevo proceso va a ser más equitativo, va a sumar a más colombianos.

¿En cuanto a su persona, por qué decide abandonar Venezuela?

A raíz de nuestro trabajo en el Foro Penal Venezolano defendiendo a los cientos de detenidos tras las manifestaciones de 2014, el régimen ordenó una investigación sobre nosotros, intervino nuestros teléfonos, nuestros correos electrónicos... Durante mucho tiempo nuestras caras fueran expuestas en programas de televisión, en los medios afines... Hasta en los tribunales nos acosaban. Nos habían señalado. Un día me citó la policía política y estuve declarando cuatro horas sin abogado, sin que hubiese un fiscal... Al final me advirtieron de que la próxima vez que me citaran lo sería en calidad de imputada. No quería ser una presa más. Me gustaría volver, sí, pero con garantías.

Pues no va a ser fácil después de que usted denunciara este mes de julio al chavismo por torturas ante la Corte Penal Internacional.

Así es. En Venezuela tenemos constancia de torturas a la oposición durante los últimos quince años, aunque a partir de 2014 se generalizan. Comprobamos que fueron torturas sistemáticas: todas las fuerzas policiales, todos los organismos de seguridad usaban el mismo método.

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