Protesta opositora contra Nicolás Maduro el pasado abril en Caracas
Protesta opositora contra Nicolás Maduro el pasado abril en Caracas - Reuters

Cataluña y Venezuela: la democracia en jaque

El sentido de las protestas venezolanas no guarda relación alguna con las protagonizadas por los grupos que alientan el secesionismo, pero sí hay notorias semejanzas en los métodos utilizados por la dictadura de Maduro y los promotores de la independencia

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Puesto que se trata de realidades históricas, políticas y culturales tan distintas, la tentación de comparar las protestas que han tenido lugar en Cataluña y en Venezuela es, en principio, equívoca y desatinada si, cuando menos, esa comparación no parte de una referencia común. Esa referencia no podría ser otra que el marco legal vigente en cada país. Analizar las protestas en uno u otro lugar, equivale a confrontar su legitimidad ante la Constitución y las leyes.

En Venezuela, y esto es lo esencial, los ciudadanos salieron a las calles en defensa de la Constitución. Protestaron -protestan hoy y continuarán haciéndolo mientras sea necesario- para oponerse al programa de violaciones sistemáticas de la Carta Magna. 130 personas murieron. 16 mil fueron heridas mientras invocaban por derechos establecidos en la Constitución aprobada en 1999. No para desconocer la legalidad, sino para refrendarla: en eso se fundamenta la legitimidad irrenunciable que tienen las luchas que, durante intensos meses, se vivieron en pueblos y ciudades de todas las regiones de Venezuela. Hay que agregar, además, un aspecto cualitativo: son la expresión de una inequívoca mayoría, más del 80% de la sociedad, que exige un cambio, no de la Constitución ni del marco legal, sino de la dictadura ilegal, ilegítima, fraudulenta y delincuencial que nos gobierna.

Que Maduro haya expresado su apoyo a la pretensión secesionista no debería sorprendernos, son lobos de la misma dieta

El sentido de las protestas venezolanas no guarda relación alguna con las protagonizadas por los grupos que alientan el secesionismo, que ha puesto en marcha una cadena de violaciones de la Constitución y las leyes de España, con el objetivo de crear una crisis que, entre sus líneas más evidentes, siempre tuvo como una táctica clave, provocar una confrontación para denunciar a los cuerpos de seguridad y al gobierno del presidente Rajoy. Por lo tanto, no hay semejanzas entre ambas protestas -las venezolanas han sido más duraderas, más numerosas, más intensas, protestan por derrocar la dictadura y las duras condiciones que se viven en Venezuela, muy diferentes a las que tuvieron lugar en Cataluña-.

Donde sí hay notorias semejanzas es en los métodos utilizados por la dictadura de Maduro y los promotores de la secesión: ambos actúan en contra del marco legal; desconocen a las respectivas mayorías que se oponen a sus propósitos; desarrollan discursos en los que se victimizan, expertos en falsear la realidad y formular las más estrambóticas conspiraciones. La declaración de guerra del separatismo catalán está encaminada a una situación que «atenta contra el Estado de Derecho», siglos de convivencia y de pertenencia «a la misma comunidad política que es España». Esta situación nos hace reaccionar a los demócratas: que Maduro haya expresado su apoyo a la pretensión secesionista no debería sorprendernos, son lobos de la misma dieta. La misma filosofía de desunir, destruir, ahuyentar a la empresa privada, las fuentes de trabajo. Empobrecer hasta arruinar..

El nacionalismo catalán, esencialmente retrógrado como toda fórmula política que tiene su núcleo en la exclusión, ha logrado una de sus metas: polarizar a la sociedad de la Comunidad Autonómica de Cataluña. En su intervención del martes 3 de octubre, Felipe VI dijo, con toda la resonancia que ello supone: «Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada». Es característico del auge polarizador, producir, durante una primera etapa, el fenómeno de la mayoría silenciosa. Ese silencio hace más sonoro el ruido fabricado por la minoría. En España existe una vida cultural, intelectual, muy rica, asistí al diálogo que compartió Bieito Rubido, director del diario ABC, con el gran comunicador Carlos Herrera, menciono a esa mayoría silenciosa su derecho a manifestarse, a no agobiarse, «porque sois más».

Llamamiento al orden constitucional

El elogiado discurso de Felipe VI, que alcanzó una audiencia de más de 12 millones de televidentes, y que ha sido aplaudido por dirigentes y mandatarios demócratas de todo el mundo es, en su línea medular, un llamado al orden constitucional, una respuesta a las acciones antidemocráticas de los secesionistas. Sus señalamientos son precisos: incumplimiento de la Constitución y su Estatuto de Autonomía.

El mesurado y urgente llamado del Rey, que ha sido antecedido por varios del gobierno deMariano Rajoy, hacia el que guardo una deuda de gratitud por haberme concedido la nacionalidad española, un gran honor que se me ha concedido, ser parte de este país. Estar en este país generoso, amigable, grande, lleno de historia y cultura, hoy, es desde la plataforma que me ha permitido continuar con la lucha contra la dictadura venezolana. A la restitución del orden democrático.

España, grande, unida. La historia ha sido testigo, España que ha ido construyendo su unidad respetando la identidad de todas sus partes, cohesionada como un todo, hasta llegar a ser una nación. España es grande en todos los sentidos, es un maravilloso país, seguirá liderando el crecimiento económico mundial. Según el Fondo Monetario Internacional «España se ha convertido, y de forma sostenida, en el país desarrollado de gran tamaño cuyo Producto Interior Bruto (PIB) crece más». A quienes buscan similitudes, hay que decir: las protestas de los demócratas venezolanos sí contienen semejanzas, pero es con los esfuerzos de las instituciones del Estado español por preservar la unidad del país y la vigencia de la Constitución.

Hoy nos unimos en una sola voz con España en defensa de la libertad, porque lo que ocurre en Cataluña -como lo hemos advertido- es mucho más grave que los deseos absurdos de independencia de una región y que puede traer consecuencias trágicas para el futuro de España y de todos los españoles. 

No permitan la desunión, sigamos pensando y soñando con un gran país. Venezuela es un espejo, un terrible ejemplo

La democracia, la prosperidad que hoy viven los españoles, la libertad misma, está en jaque. Todos debemos poner especial atención en Cataluña y hacer un llamado de reflexión para quienes creen en la pureza de las intenciones de quienes promueven esta terrible agenda. España nos necesita unidos, hoy más que nunca le decimos que cuentan con nosotros. 

Somos muchos venezolanos, que hemos tenido que salir de Venezuela por diferentes razones, con la suerte de tener las dos nacionalidades. Continuo sin cesar la lucha por rescatar la democracia en Venezuela, pero tenemos una inmensa deuda y agradecimiento con España. Por eso, queremos pedirles a toda la sociedad española, por encima de diferencias políticas e ideológicas, darle pleno respaldo al Rey, al gobierno del presidente Rajoy y a las instituciones democráticas. 

No permitan la desunión, sigamos pensando y soñando con un gran país. Venezuela es un espejo, un terrible ejemplo... aunque las comparaciones son odiosas, no es necesario formularlas en todas sus palabras: pero basta preguntarse por cuestiones como el Estado de Derecho, el funcionamiento de las instituciones, la capacidad real y no propagandística del sistema de salud, los indicadores de consumo de alimentos, los indicadores de la economía, la calidad de la vida, el estatuto de los derechos humanos, para preguntarse si la Venezuela de hoy puede compararse con España, o más bien está en la categoría de los países más pobres del planeta.

Tengo fe en el futuro de Espana, en sanar las heridas y recuperar la convivencia en armonía con los valores democráticos.

Convencido que de esta grave crisis, se convertirá en un aprendizaje. España será más fuerte. Con la lección aprendida que España es indivisible.