El viaje secreto del heredero de Inglaterra a la España de Felipe IV por amor

La noticia de la llegada del príncipe inglés saltó como la pólvora por las calles de Madrid. El Conde-Duque de Olivares agasajó al invitado con una interminable ronda de festejos y muestras de amistad

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De la encarnizada lucha entre Felipe II e Isabel I se pasó con la llegada de Jacobo I al trono de Inglaterra a un largo periodo de paz entre ambos países. Felipe III y Felipe IV también apostaron por continuar con las buenas relaciones y durantes sus reinados surgió la posibilidad de formalizar una alianza a través de un matrimonio regio. Durante años se estuvo negociando la boda entre el Príncipe de Gales, Carlos Estuardo, y la hermana de Felipe IV, Doña María de Austria.

Cuando las negociaciones parecían condenadas a disiparse, el Príncipe de Gales y el Duque de Buckingham viajaron en secreto a Madrid atravesando medio continente e internándose en las peligrosas calles madrileñas. Los dos extraños personajes, que dijeron llamarse Tom y John Smith, acudieron la noche del 17 de marzo de 1623 a la residencia del embajador de Inglaterra en Madrid, situada en «La Casa de las Siete Chimeneas». La sorpresa fue mayúscula.

El futuro Rey de Inglaterra, un joven que todavía desconocía el reverso de la política, pensaba, imbuido en la literatura romántica, que la joven se entregaría a sus brazos nada más entrar en la capital. Lo que no sabía es que en realidad la Infanta española había amenazado con meterse a monja si la obligaban a casarse con el príncipe hereje.

Los españoles exigían al futuro monarca que se convirtiera al catolicismo para casarse

La noticia de la llegada del príncipe inglés saltó como la pólvora por las calles de Madrid. El Conde-Duque de Olivares –valido de Felipe IV– agasajó al invitado con una interminable ronda de festejos y muestras de amistad, pero en lo respectivo a las negociaciones no impulsó grandes avances. Los españoles exigían al futuro monarca que se convirtiera al catolicismo para casarse con la Infanta María, o, en su defecto, aceptaran las condiciones que desde Roma imponían para conceder una dispensa papal. Entre estas estaba la abolición de las leyes que perseguían a los católicos en las islas. Bajo estos términos las negociaciones estaban condenadas a no llegar a puerto.

La alianza entre un imperio en decadencia y una potencia emergente, el caso de Inglaterra, quedó en nada finalmente. Carlos se marchó de España prometiendo vengarse por lo que consideraba una humillación. Las fallidas negociaciones desembocaron pocos años después en una nueva guerra entre ambos países, que tuvo en el desastroso ataque naval contra Cádiz (1625) su máximo exponente. La derrota de Inglaterra y la antipatía que sentía el pueblo hacia Buckingham desembocó en la Guerra Civil inglesa de la década de 1640 y en la ejecución de Carlos I.