Familia - Padres hijos

«Hay padres que creen que al hablar de sexo con sus hijos promueven comportamientos promiscuos»

Los adolescentes más activos sexualmente suelen ser los menos informados

«Hay padres que creen que al hablar de sexo con sus hijos promueven comportamientos promiscuos»

«Ya soy más alto que mamá», «¡Por fin puedo bajar solo para ir a comprar el pan!», «Hoy me han dejado quedarme solo en casa un rato!»... Algunos niños se sienten mayores a partir de ciertos acontecimientos por ser inéditos para ellos. Lo cierto es que no existe una línea clara que nos indique en qué momento o qué día dejamos la infancia y nos hacemos mayores. Sin embargo, se trata de una transición que genera gran inquietud a quien la está viviendo por los numerosos cambios físicos, emocionales y sociales a los que se siente sometido.

Generalmente se asocia con una etapa difícil tanto para los jóvenes como para los familiares. Los niños se ven sometidos a muchas presiones y estrés, sobre todo cuando empiezan a percibir su despertar sexual y sentirse perdidamente atraídos por otra persona al tiempo que ven cómo su cara se llena de acné y su sudor se vuelve mal oliente.

Los jóvenes no quieren admitir que no saben tanto como desearían

Según Brad Wilcox y Jerrick Robbins, autores de «Cómo abrazar a un erizo. 12 claves para conectar de forma positiva con los adolescentes», los jóvenes desean tener información sobre la sexualidad y lo que significa hacerse mayor, pero no quieren admitir que no saben tanto como desearían. «Necesitan ayuda —aseguran—. Los padres tienen más conocimiento sobre la pubertad porque la han experimentado. Pero experimentarla y saber cómo explicarla a un chico de 12 años nervioso, asustado y avergonzado son cosas bien distintas». Por este motivo, estos especialistas en adolescencia recomiendan que los padres se informen todo lo que puedan para que se sientan más seguros a la hora de hablar con sus hijos de los cambios que están experimentando.

Nunca es demasiado tarde

Aseguran que, armados de conocimiento, pueden comunicarse con confianza acerca de la sexualidad y la madurez. «Tanto da que su hijo tenga diez años o dieciséis, nunca es demasiado tarde para establecer y mantener una comunicación abierta. La clave es empezar y hacerlo de forma abierta y honesta», apuntan.

Hablar de sexo con los hijos puede ser embarazoso, pero es importante. Las conversaciones personales favorecen la relación padres/hijos y permiten instruirles de un modo sensible y efectivo. A menudo, el asunto de la sexualidad hay que discutirlo primero en la etapa preadolescente y luego volver a él muchas veces durante la adolescencia.

A algunos padres les preocupa que si hablan con franqueza acerca del sexo, de alguna manera pueden estar promoviendo o consintiendo comportamientos promuiscuos. «Pero es lo contrario», aseguran estos autores. «Nuestra experiencia nos ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente suelen ser los menos informados. El silencio, la ignorancia, la comunicación abierta a menudo conducen a malas elecciones por parte de los adolescentes. Cuanto más sólida es la información sexual que los padres les transmitan, más capaz será el menor de tomar decisiones maduras», puntualizan.

Utilizar términos correctos

Por este motivo, recomiendan que en el momento de mantener una charla con ellos no se empleen palabras vulgares porque es importante transmitir a los hijos respeto por nuestro cuerpo y sus funciones. «Es posible que usar los términos correctos suponga un pequeño esfuerzo, pero podemos llegar a sentirnos cómodos si llamamos a las partes del cuerpo de forma apropiada. Si no somos cuidadosos —advierten— los adolescentes pueden quedarse con la idea de que sus cuerpos son algo feo y que el sexo siempre es algo sucio o malo».

Las dudas de los jóvenes no tienen fin en esta etapa, lo que no debe sorprender a los padres. «La escuela, los amigos, los asesores u otras personas no deberían sustituir nunca a los padres a la hora de enseñar a los hijos cuestiones relacionadas con la madurez y la sexualidad. Un estudio descubrió —prosiguen los autores de "Cómo abrazar a un erizo"— que los adolescentes cuyos padres hablaban abiertamente con ellos sobre sexo tendían a posponer las relaciones sexuales hasta una época más madura de su vida, al igual que hacían con el matrimonio. De hecho, —aseguran— los adolescentes prefieren hablar de sexo con sus padres antes que con sus profesores o sus amigos. Los adolesentes confían en sus padres porque saben que estos están en su vida para siempre y ponen todo su interés de corazón. A los padres les dota de gran tranquilidad transmitir información dentro del contexto de los valores y normas de la familia», concluyen.

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