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Familia

Así opinan varios estudiantes sobre sus deberes escolares

Mientras padres y docentes debaten sobre este asunto, los alumnos también de pronuncian

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Laura, 13 años: «Le dijimos al profesor que no nos mandara 30 ejercicios diarios»

Laura acaba de empezar hace unas semanas tercero de la ESO en un instituto concertado. Suelta un suspiro cuando se le pregunta si le mandan muchos deberes en este curso. «En Biología tenemos una media de 20 a 30 ejercicios los lunes, martes y viernes que es cuando tengo esta clase, y tardo como poco una hora en terminarlos. Menos mal que no tenemos que copiar los enunciados del libro», asegura con alivio. Del resto de asignaturas tiene menos tareas, pero siempre «cae algo»: 4 ó 5 ejercicios de inglés, física y química.

«Los fines de semana, como tenemos más tiempo, pues nos mandan más deberes todavía. Yo intento hacerlos cuanto antes para que me de tiempo a salir un rato y dar un paseo con mis padres —apunta—. Lo que tampoco me gusta es que cuando hay un puente festivo nos manden más tareas aún».

Recuerda que el curso pasado tenía tantos deberes que se vio obligada a dejar las clases de atletismo que le encantaban. «Iba tres días a la semana, a las 19.30 horas. Desde que llegaba a casa a las 17.20 me ponía corriendo a hacer deberes para poder llegar a atletismo, pero muchas veces no los había terminado y no podía ir. Tuve que borrarme».

En una ocasión, los alumnos de su clase decidieron sacar valor y decirle al profesor de Biología que no mandara 30 ejercicios cada día porque nos les daba tiempo a hacerlos. «Nos dijo que vale, que no haría falta que los hiciéramos todos de golpe, que durante la semana. Al día siguiente, cuando llegamos a clase nos pidió que le entregáramos el cuaderno con los 30 que nos mandó el día anterior. No entendimos nada. Todo seguía igual después de lo que le dijimos».

A pesar de abandonar una de sus aficiones favoritas, Laura reconoce que hacer deberes «está bien porque me ayuda a repasar lo que he dado en clase. Sin embargo —matiza— lo que no parece bien es que manden tantos y de tantas asignaturas. Al hacer tantos ejercicios no nos da tiempo a estudiar la lección. Deberían mandar solo 2 ó 3 ejercicios de cada asignatura porque si no al final estamos toda la tarde con los libros y no nos queda nada de tiempo para descansar o hacer otras cosas. Ahora voy a una academia y los hago allí».

Eduardo, 10 años: «Prefiero jugar y, sobre todo, ver cosas en internet»

Eduardo acaba de empezar cuarto de Primaria en un colegio público. Lengua, matemáticas, inglés, religión... «Todos los días me mandan deberes. Lo primero que hago al llegar a casa es ver un rato la tele y merendar. Después me voy al salón y me pongo con las tareas y así mis padres me ayudan con las dudas».

A pesar de su juventud, Eduardo es un chico muy listo que asegura que, aunque no es obligatorio, «durante el segundo recreo del colegio, después de comer, en vez de ir siempre a jugar, aprovecho para terminar lo que me han mandado de deberes. Así, a veces, no tengo nada para casa o muy poco».

Aún así, Eduardo lo tiene claro: «no me gusta nada hacer deberes». En un ataque de sinceridad reconoce que se pone a hacerlos porque se lo dicen sus padres, «bueno, alguna vez, lo he hecho por iniciativa propia —puntualiza—. Prefiero jugar y, sobre todo, mirar cosas en internet, que es lo más divertido».

Ángela, 12 años: «Si no hubiera deberes me parecería mal»

Ángela estudia primero de la Eso y recuerda con añoranza cuando cursaba Primaria «y me mandaban pocos deberes». Explica que hoy le han mandado estudiar la prehistoria; en inglés, aprenderse los verbos; en matemáticas, dos ejercicios... más estudiar lo dado en clase. «Normalmente tardo como una hora y media en terminar todo. El año pasado hacía atletismo dos horas los lunes, miércoles y viernes y esos días sabía que no tenía nada de tiempo libre. Lo bueno es que aprendí mucho a planificarme y a aprovechar las horas para poder llegar a todo. Ahora no tengo tiempo».

Asegura que si no hubiera deberes «me parecería mal. Yo los asumo como algo normal, no como un castigo. Con las tareas de casa aprendo, pero lo que no pueden los profesores es abusar y mandar muchos porque tenemos muchas asignaturas. En mi opinión, lo adecuado sería dedicar unos cuarenta y cinco minutos cada día en casa. Nada más. Así nos daría tiempo a hacer otras cosas. Si yo tuviera más tiempo libre ayudaría a mi hermano pequeño con sus deberes».

En su colegio también mandan tareas para el fin de semana, pero ella prefiere esforzarse los viernes por la tarde para terminarlas. «Así me quito los deberes de encima y puedo disfrutar del sábado y domingo sin tener que estar pensando en que tengo que hacerlos. Como ya estoy en Secundaria los hago yo sola, sin ayuda», concluye Ángela.

Alberto,13 años: «Los deberes me parecen bien, pero en menor cantidad»

Alberto se sabe de memoria —sin mirar ninguna agenda— lo que le han mandado en el colegio para mañana: «cinco ejercicios de mates, buscar en internet cosas sobre la romanización y las Guerras Púnicas, hacer como un cuestionario de examen de Tecnología. Y ya —puntualiza—. Es lo normal de cada día. Yo creo que tardaré como una hora y media».

«¿Que si diría en mi colegio que no manden deberes? —se piensa unos instantes—. ¡Pues no! —asegura rotundo—. Les diría que pueden mandar, pero un poco menos: un ejercicio o dos por asignatura, porque cuando mandan muchos de lo mismo, cuando ya llevo varios hechos, me aburro. Si mandarán menos tareas me daría tiempo a jugar al fútbol, a estar con mis amigos... También les diría que manden menos para el fin de semana y para las vacaciones de navidades para poder jugar más y estar con nuestros padres y amigos».

La asignatura que menos le importa a Alberto que le manden deberes es Tecnología, «por que me encanta», apunta.

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