Bailarines de la Danza de Fuente Tójar tocados con tiaras de flores
Bailarines de la Danza de Fuente Tójar tocados con tiaras de flores - M. CUBERO
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Danzad, danzad, benditos

Ocho habitantes de esta pequeña localidad cordobesa bailan cada 15 de mayo la que podría ser la danza ritual más antigua de España. En su origen era un rito pagano que ahora honra a San Isidro

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Cada 15 de mayo, fiesta de San Isidro Labrador, ocho danzantes repiten el mismo ritual al son de una música tan monótona y estridente que puede resultar desagradable para quienes la escuchan por primera vez. Suena a ritos totémicos que se pierden en el tiempo, a magia y adoración de la tierra, a cantos telúricos y fiestas de la cosecha. Es un baile extraño a la cultura y el folclore español, y eso que marcan el ritmo una pandereta y castañuelas. Quizás -aunque nadie lo sabe a ciencia cierta- la Danza de San Isidro de la pequeña localidad cordobesa de Fuente Tójar, enclavada en las Sierras Subbéticas, tenga su origen en una antigua ciudad íberorromana descubierta en el cercano cerro que le da sombra. Los historiadores la identifican con la Sucaelo o Iliturgicola de la que habla Plinio el Viejo en su «Naturalis historia».

El cronista de Fuente Tójar, Fernando Leiva, asegura que «el origen es incierto» pero «es pagana, relativa a la primavera». Hay un claro paralelismo, dice el autor, entre la Danza de San Isidro y la adoración del Árbol-Mayo de las culturas prerromanas. Más tarde el Cristianismo se apropió de la simbología, y donde antes se plantaba un árbol ahora hay un santo; las mieses del campo se cambiaron por los muros de la iglesia. Otra teoría apunta a un origen más cercano: las repoblaciones que se hicieron en la zona en 1341 con castellanos que llevaron con ellos sus costumbres.

Sea como sea, la Iglesia Católica tuvo conciencia del arraigo del paganismo en los ritos católicos y en el siglo XVIII prohibió en todo el país las danzas en el interior de los templos, aunque no lo consiguió con el baile de «los seises» en la Catedral de Sevilla. Fuente Tójar cumplió a rajatabla la veda, de modo que las primeras referencias escritas al baile se remontan al siglo XIX. Hoy los bailarines de San Isidro ya tienen todas las bendiciones de la Iglesia y danzan dentro del templo.

Los ocho bailarines de la Danza de San Isidro van ataviados con un traje sin comparación en las fiestas folclóricas y religiosas: calzas, medias y cintas de colores, tocados con unas espectaculares tiaras con siete terrazas de flores o bien sombreros de fieltro. Bailan ocho veces delante del Santo y, tal vez por el recuerdo de las danzas dionisíacas, comienzan la fiesta el día de antes. Y así lo repiten año tras año.