Juan Soto - El Garabato del Torreón

¿Pasó algo en Ferraz? Juan Soto

Lugo es la única provincia con sus dos instituciones mayores en manos del PSOE, una extravagancia

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En la tarde del sábado, aquí nadie mostraba la menor curiosidad sobre la suerte del maníaco Sánchez. La única pregunta que se hacía la gente era la de si por fin habían abierto las casetas de pulpo. Cuando el preguntante escuchaba una repuesta afirmativa, respiraba aliviado y encaminaba sus pasos hacia los barracones. Desde la oscura provincia se asiste a la reyerta de Ferraz y a sus flecos con absoluta indiferencia. En Galicia, el PSOE ha sido siempre un partido achicado. Aquí, los únicos socialistas gallegos con respaldo en las urnas no son socialistas y casi no son ni gallegos. Paco Vázquez, por ejemplo, una traslación de Molina Brandao con aval democrático. O Abel Caballero, que es la versión viguesa de Vázquez. Para ambos, sus ciudades están antes que sus partidos, lo cual les procura sufragios transversales que van desde Franco a Líster, pasando por Balaídos, Riazor, los usuarios de la Cocina Económica y los del Real Club Náutico.

Lugo es la única provincia gallega con sus dos instituciones mayores, Diputación y Concello capitalino, en manos de socialistas. Toda una extravagancia política, porque en la provincia votan al PP incluso la mitad de los que dicen que votan al PSOE. Para el presidente de la Diputación, una buena persona que solo aspira a ganar el campeonato de tute de Vilaoudriz, la trifulca de Ferraz es una cosa extraña, de la que los telediarios hablan estos días y que parece un capítulo de Cuéntame. En cuanto a la alcaldesa, el mundo de las ideas políticas le cae infinitamente lejos. El otro día le preguntaron si era o no de Sánchez. Dijo que sí, claro, que no faltaba más. Pero lo dijo con el mismo conocimiento de causa que si le hubieran preguntado si era partidaria de monseñor De las Heras para patriarca de las Indias Occidentales.

Son, el uno y la otra, discípulos de Besteiro, o sea de Pepiño Blanco, ahora sacrificado padre de la patria en Estrasburgo. Y tal como está de deshilachada la manta que los cobija, hacen suyas las palabras que las lenguas triperinas (diría mi viejo amigo) atribuyen al de Palas: «Una bicoca como ésta no volvemos a catarla en lo que nos quede de vida». Qué cosas se dicen por no estar callados.

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