Luis Ojea - Cuaderno de viaje

Anclados al localismo Luis Ojea

Resulta esperpéntico ver a los alcaldes de las tres ciudades con terminal enfangarse en reproches e insultos

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Un minucioso mapa elaborado por la Agencia Espacial Europea permite apreciar de un vistazo la extrema dispersión de la población en Galicia. Muestra los cientos de remotos lugares y minúsculas aldeas repartidos por la Comunidad. Una particular distribución demográfica, producto de la historia, que en ningún caso condena al país a vivir anclado a un patológico localismo. Esa lacra es responsabilidad exclusiva de políticos de tercera que, incapaces de ofrecer un proyecto de futuro, buscan la salvación electoral en discursos populistas.

Está sucediendo con la política aeroportuaria. Resulta esperpéntico ver a los alcaldes de las tres ciudades con terminal enfangarse en reproches e insultos. Porque mientras Caballero, Ferreiro y Noriega se zurran, Oporto se lleva a los pasajeros. Urge que ellos y el resto de las administraciones cojan el toro por los cuernos, lo cual seguramente suponga decir en alto verdades incómodas. Quizás sea hora de asumir que el tráfico aéreo gallego no da para tres terminales compitiendo entre sí por más que se dopen con dinero público. Pero como el café para todos del pasado ya no es reversible y no sería rentable dinamitar infraestructuras que han resultado carísimas, toca pasar de la soflama localista a hablar en serio. De redefinir un sistema aeroportuario gallego con tres terminales bien conectadas entre sí y con el resto de la Comunidad por tren y carretera, especializándose cada una de ellas en áreas concretas de negocio y coordinando sus rutas.

Se trata de renunciar a tenerlo todo en la puerta de casa, de explicarle a un vecino de La Coruña, Santiago o Vigo que no debería molestarle desplazarse a otra ciudad a coger un vuelo porque tampoco parece importarle aterrizar en Gatwick cuando viajan a Londres. Lo que no es justificable es seguir enterrando miles de euros en subvencionar aerolíneas para que los vecinos de una u otra ciudad puedan tener un vuelo directo a exóticos destinos tratando además de ocultar el coste de una operación que resulta ruinosa. El problema no es que en Galicia perviva la peculiar distribución demográfica que muestra el mapeo efectuado por la ESA. La dispersión de la población encarece la prestación de determinados servicios, pero el gran despilfarro inasumible es que algunos mediocres solo sepan hacer política como profetas del hiperlocalismo anclando al país al pasado y frenando su desarrollo.

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